
jesús díaz
con la punta de una piedraDe seguro nunca pensaste, Mauro, que un chorrito de agua pudiera costarle la vida a un hombre. Total tres dedos, tres dedos de agua. Y estaba hasta caliente. No me alcanzó más que para mojarme los
diositoI A las cinco de la mañana la claridad es sólo un grito. Un grito que deshace la modorra, quita las hamacas, se lava los ojos y forma. Después, lentamente, los rayos de sol van abriendo las mentes
el capitánAl fin pude liberar una noche y venir. Me costó un trabajo de madre porque la pincha es muy recia. Pero tenía que hacerlo, era un compromiso. No tuve tiempo ni de bañarme. Hace como tres días que
el cojoAhorita llega. De veinte mil formas tiene que pasar por aquí a coger su máquina. Me quedan pocos. Nada más que el profesorcito este de esta noche y otro chivato. Después me quedo yo solo a mí mism
el polvo a la mitadUna película de polvo lo había cubierto todo, desde el auto hasta nuestro pelo. Habíamos cerrado los cristales, pero el polvo cubría los asientos. No hablábamos, pero nos abrasaba las gargantas. H
erasmoEl grupo se detuvo. Los hombres, polvudos, cayeron más que se sentaron. Quedaron un rato en las más disímiles posiciones. Luego se fueron acomodando lentamente, ahorrando todo movimiento innecesar
la negativaEra por el claro de la quijada, allí donde no le nacía barba, por donde pasaba una y otra vez la yema del dedo. Miraba al que tenía sentado frente a sí y no lo miraba. Su vista iba más allá, al ca
las iniciales de la tierraDejó de leer, con la oscura certeza de estar atrapado en un laberinto, y en eso Gisela regresó de la guardia muerta de cansancio, dijo, y se inclinó sobre la planilla, el simple cuéntametuvida fre
las palabras perdidasTorre Ostánkino ¿Sería posible que el orden hubiera vuelto a trastornarse y el palacio estuviera otra vez a la izquierda y no a la derecha de la torre? ¿Aquel maldito restorán habría girado de nue
¡no hay dios que resista esto!I Al cañaveral le nacen desde dentro unas venas de tierra roja. Por ellas marchan nutridos grupos que en los cruces se deshacen. Entonces, escuetas filas toman por los hilillos de sangre que nacen