jean lorrain
cuento para la noche de reyesCuando la reina Imogine supo que la princesa Neigefleur no estaba muerta, que el lazo de seda que ella misma le había anudado alrededor del cuello no la había estrangulado sino a medias y que los
historia de la criada guduleLa señora de Lautréamont ocupaba la casa más bella de la ciudad; era el antiguo edificio de la Dirección General de Impuestos, construido en tiempos de Luis XV (¡casi nada!), y cuyas altas ventana
la princesa de las azucenas rojasEra una austera y fría hija de reyes; apenas dieciséis años, ojos grises de águila bajo altaneras cejas y tan blanca que habríase dicho que sus manos eran de cera y sus sienes de perlas. La llamab
los agujeros de la máscara—Quiere verlo —me había dicho mi camarada De Jacquels—, bien, consiga un dominó y un antifaz, un dominó elegante, de satén negro, póngase unos escarpines, y, por esta vez, medias de seda negra tam
narración del estudianteEn el hotel barato en que vivía entonces en el Faubourg-Saint-Honoré, había terminado por observar a una cliente de aspecto bastante sospechoso. Yo no era entonces más que un pobre estudiante de d
un crimen desconocido—Lo que puede suceder en un cuarto de hotel una noche de martes de carnaval, créanme, supera todo lo que la imaginación puede inventar. Habiendo llenado su vaso, lo vaciaba de un trago y comenzaba