País Relato - Autores

iván turguénev

agua de frambuesas
A principios de agosto, las olas de calor suelen ser intolerables. En esa época del año, desde las doce hasta las tres, el hombre más determinado y cabezota
asia
I Tenía yo entonces veinticinco años —empezó N. N.—, así que, como ven, se trata de una historia muy antigua. Acababa de alcanzar una posición independiente
birouk
Regresaba de cazar, solo, en drochka. Para llegar a mi casa faltaban aún ocho verstas. Mi buena yegua recorría con paso igual y rápido el camino polvoriento
cantantes
La pequeña aldea de Kolotovka, que perteneció en el pasado a una hacendada localmente conocida como la Cacareadora por su temperamento animoso y parlanchín
chertapkanof y tredopuskin
En una cálida mañana de estío, volvía de caza acompañado de Jermolai. Mecido por el movimiento de la “telega” estaba él adormecido y sacudía la cabeza sin p
chertopjánov y nedopiúskin
En una ocasión, en un caluroso día de verano, regresaba de cazar cuando Yermolái, sentado en el carro a mi lado, dormitaba dando cabezadas. Los perros adorm
diario de un hombre superfluo
Aldea de Ovéchaia Vodá, 20 de marzo de 18… El médico acaba de marcharse. ¡Por fin he conseguido sacar algo en limpio! Por más que ha intentado echar mano de
dos amigos
En la primavera de 184… Borís Andreich Viazovnín, un joven de unos veintiséis años, llegó a su casa natal, en una de las provincias de la parte central de R
el bosque y la estepa
Tal vez haya fatigado al lector con mis relatos de cacería. Que se tranquilice ahora; he señalado el término de estas páginas. Solamente le pido autorizació
el enano kaciano
Volvía de una cacería en una mala “telega” y me agobiaba el calor de un día nebuloso. Dormitaba sometido con resignación a las sacudidas del vehículo, cuyas
el ermitaño
Una tarde, después de ir de caza, me encontraba solo en mi droshki. Todavía me quedaban unas ocho verstas antes de llegar a casa; mi yegua de paseo marchaba
el intendente
A unas quince verstas de mi hacienda vive un cierto conocido mío, un joven terrateniente retirado de la guardia de oficiales, Arkadi Pávlich Pénochkin. Sus
el médico del distrito
Una vez, en otoño, de regreso de un lugar lejano, cogí un resfriado y tuve que guardar cama. Por suerte la fiebre me dio en una ciudad de provincias, en un
el miedo
—Debo advertirle, señor, que se nos acabó el plomo —dijo Jermolai entrando en la “isba”. —¿Cómo? —exclamé saltando de la cama—. Habíamos traído más de trein
el monje
Conocí a un monje anacoreta, santo. Vivía con la sola dulzura de la plegaria y, embebido de esta, estuvo parado tanto tiempo sobre el suelo frío de la igles
el prado de bezhin
Era un glorioso día de julio, uno de esos días que solo llegan después de muchas jornadas de buen tiempo. Desde el amanecer, el cielo está claro; la aurora
el turón y kalínich
Quien haya viajado desde el distrito de Boljov hasta la región de Zhizdra sin duda se habrá asombrado por las marcadas diferencias de carácter entre las gen
fausto
CARTA PRIMERA DE PÁVEL ALEKSÁNDROVICH B. A SEMION NIKOLAICH V. Aldea de M., 6 de junio de 1850 Llevo aquí tres días, mi querido amigo, y, como había prometi
jermolai y la molinera
Una tarde salimos, Jermolai y yo, para cazar en “tiaga”. Ignora el lector, probablemente, la significación de este término, que le voy a explica
kasián de krasívaia mech
Regresaba de una cacería en un carro pequeño y destartalado y, bajo los efectos del calor asfixiante de un día nublado de verano (es sabido que en días así
la cita
Un día, en otoño, una lluvia fina como polvo caía desde por la mañana. A intervalos, débiles rayos de sol atravesaban las nubes, que se deshacían o saltaban
la muerte
Tengo un vecino, terrateniente y cazador bastante joven. Una hermosa mañana de julio fui a caballo hasta su casa con la idea de que me acompañara a cazar ur
la oficina
Fue en otoño. Llevaba varias horas vagando por los campos con mi escopeta y probablemente no habría regresado hasta el crepúsculo a la posada de la carreter
lebedián
Una de las principales ventajas de cazar, mis queridos lectores, es que obliga a desplazarse de un lado a otro sin cesar, lo cual para alguien sin ninguna o
lgov
—Vayamos a Lgov —me dijo un día Yermolái, a quien ya conocen nuestros lectores—, cazaremos patos hasta hartarnos. Aunque los patos salvajes no son particula
los cantores rusos
La aldehuela de Kolotova era, en otro tiempo, propiedad de una anciana, a quien le habían puesto el sobrenombre de “la Esquiladora”, debido a su carácter áv
los dos terratenientes
Ya he tenido el honor, amables lectores, de familiarizarlos con algunos de mis vecinos. Les ruego me permitan ahora, ya que tengo la ocasión (para nosotros,
mi vecino radílov
En el otoño suele encontrarse chochaperdices en los bosquecillos de ancianos tilos. Existen muchos de esos bosquecillos en la provincia de Oriol. Nuestros a
mumú
En una de las calles periféricas de Moscú había en otro tiempo una casa gris con columnas blancas, entresuelo y balcón algo torcido, en la que vivía una viu
ovsiánikov el “odnodvorets”
Imaginen, queridos lectores, un hombre orondo, alto, de unos setenta años, con una cara que recuerda un tanto a la de Krílov, con una mirada sabia y honesta
piotr petróvich karatáiev
Un otoño de hará unos cinco años, me vi obligado, por falta de caballos, a pasar casi todo un día en una casa de postas en la carretera de Moscú a Tula. Reg
primer amor
Los invitados se habían marchado hacía rato. El reloj dio las doce y media. En la habitación solo quedaban el dueño de la casa, Serguéi Nikoláievich y Vladí
remanso de paz
I En una habitación bastante espaciosa, recién encalada, de la casa señorial de la aldea de Sasovo, en el distrito provincia de T., delante de una vieja mes
tatiana borísovna y su sobrino
Deme su mano, querido lector; y venga conmigo de paseo. El tiempo es hermoso; el cielo de mayo reluce con un suave azul; las hojas jóvenes y suaves del sauc
tres encuentros
I A ningún lugar he ido tan a menudo de caza, en el transcurso del verano, como a la aldea de Glínnoie, a unas veinte verstas de mis tierras. Cerca de esa a
un hamlet del distrito de schigrovski
Durante uno de mis viajes recibí una invitación para cenar con un terrateniente acomodado y cazador, Aleksandr Mijáilich G. Su aldea se encontraba a unas ci
un incendio en el mar
Era el mes de mayo de 1838. Viajaba con muchos otros pasajeros, a bordo del Nicolás I, que cubría la ruta entre San Petersburgo y Lübeck. En aquella ép
un sueño
I Yo vivía entonces con mi madre en una pequeña ciudad del litoral. Había cumplido diecisiete años y mi madre no llegaba a los treinta y cinco: se había cas
una cacería de patos silvestres
—¿Quiere que vayamos a Lyove, señor? —me propuso un día Jermolai—. Allí vamos a encontrar muchos patos. Accedí, a pesar de que no me atraía mucho tal clase
una desdichada
—Sí, sí —empezó Piotr Gavrflovich—, fueron unos tiempos difíciles… y la verdad es que no me apetece rememorarlos… Pero, ya que se lo he prometido, les conta
yákov páskinov
I Los hechos sucedieron en San Petersburgo, en invierno, el primer día del carnaval. Un compañero de pensión, que en su juventud tenía fama de ser tan apoca
yermolái y la molinera
Al crepúsculo, el cazador Yermolái y yo salimos en busca de “vuelo bajo”… Pero tal vez sea el caso de que no todos mis lectores sepan lo que “vuelo bajo” si
¡u-á… u-á!
Yo vivía entonces en Suiza… Era muy joven, tenía mucho amor propio y estaba muy solo. Yo vivía de modo penoso, sin júbilo. Sin haber visto nada aún, ya me a