italo calvino
ahorcamiento de un juezAquella mañana el juez Onofrio Clérici notó un aire distinto en el ir y venir de las gentes. Atravesaba todos los días la ciudad en un carruaje frágil, desd
alba entre las ramas desnudasNo hiela a menudo en nuestros pagos: solo por la mañana las lechugas se despiertan ateridas, un poco lívidas, y la tierra forma una costra gris, casi lunar,
angustia en el cuartelEl mal le empezó así: ver el caballo frisón en la escalera, cargado de alambres afilados, y pensar que tenía un significado amenazador y alusivo a su futuro
asomándose desde la abrupta costaMe estoy convenciendo de que el mundo quiere decirme algo, mandarme mensajes, avisos, señales. Es desde que estoy en Pëtkwo cuando lo he advertido. Tod
campo de minas—Minado —así había dicho el viejo haciendo girar una mano abierta delante de los ojos, como si limpiara un cristal empañado—. Todo por ahí, no se sabe bien
comida con un pastorFue un error de nuestro padre, como siempre. Había hecho venir a aquel muchacho de un pueblecito de montaña para que nos guardara las cabras. Y el día en qu
de padre a hijoPocos bueyes, en nuestros pagos. No hay prados donde pastar, ni campos grandes para arar: solo ortigas para el ramoneo y breves franjas de una tierra que ún
deseo en noviembreEl frío llegó a la ciudad una mañana de noviembre, con un sol mentiroso suspendido en un cielo hipócritamente tranquilo y despejado, y se dividió en cuchill
durmiendo como perrosCada vez que abría los ojos sentía encima toda aquella luz amarilla y ácida de las grandes lámparas de la taquilla. Y se los cubría levantando las solapas d
el bosque de los animalesLos días de batida es como si en el bosque hubiese una feria. Entre los arbustos y los árboles, fuera de los senderos, pasan continuamente familias empujand
el bosque raíz laberintoEn un bosque tan frondoso que aún de día estaba oscuro, el rey Clodoveo cabalgaba a la cabeza de su ejército, de retorno de la guerra. El rey estaba preocup
el conductor nocturnoEn cuanto salgo de la ciudad me doy cuenta de que está oscuro. Enciendo los faros. Estoy yendo en coche de A a B, por una autopista de tres carriles, de esa
el gato y el policíaDesde hacía un tiempo habían empezado en la ciudad las batidas en busca de armas escondidas. Los policías subían a las camionetas con cascos de cuero que le
el hambre en béveraEn 1944 el frente se detuvo allí como en el 40, solo que esta vez la guerra no terminaba y no había modo de que se desplazara. La gente no quería hacer como
el jardín encantadoGiovannino y Serenella caminaban por las vías del tren. Abajo había un mar todo escamas azul oscuro azul claro; arriba un cielo apenas estriado de nubes bla
el ojo del amo-El ojo del amo -le dijo su padre, señalándose un ojo, un ojo viejo entre los párpados ajados, sin pestañas, redondo como el ojo de un pájaro-, el ojo del a
el pecho desnudoEl señor Palomar camina por una playa solitaria. Encuentra unos pocos bañistas. Una joven tendida en la arena toma el sol con el pecho descubierto. Palomar,
el relámpagoMe ocurrió una vez, en un cruce, en medio de la multitud, de su ir y venir. Me detuve, parpadeé: no entendía nada. Nada de nada: no entendía las razones de
en la cantinaEnseguida comprendí que sucedería algo. Los dos se miraban por encima de la mesa, con ojos inexpresivos, como peces en un acuario. Pero se notaba que eran i
esperando la muerte en un hotelA cierta hora de la mañana empezaban a llegar las mujeres de los prisioneros y se ponían a hacer gestos, levantando la cara hacia las ventanas. Desde el últ
historia del reino de los vampirosA ninguno de nosotros le había pasado inadvertida la semejanza existente entre el REY DE BASTOS y nuestro comensal; no sólo en la expresión que denotaba un
hombre en tierras yermasPor la mañana temprano se ve Córcega: parece un barco cargado de montañas, suspendido allá sobre el horizonte. En cualquier otro lugar hubieran nacido leyen
la aventura de un automovilistaApenas salgo de la ciudad me doy cuenta de que ha oscurecido. Enciendo los faros. Estoy yendo en coche de A a B por una autovía de tres carriles, de ésas co
la aventura de un bandidoLo importante era que no lo detuvieran en seguida. Gim se aplastó en el vano de una puerta, creyó que los policías seguían corriendo en línea recta, pero al
la aventura de un bañistaMientras se bañaba en la playa de ***, la señora Isotta Barbarino sufrió un penoso contratiempo. Nadaba en mar abierto y cuando le pareció que era hora de r
la aventura de un empleadoUna vez, Enrico Gnei, empleado, pasó una noche con una mujer guapísima. Al salir de la casa de la señora, temprano, el aire y los colores de la mañana prima
la aventura de un esquiadorEn el telesilla había cola. El grupo de muchachos que había llegado con el autobús formaba fila, apoyándose en los esquíes paralelos y a cada paso que daba
la aventura de un fotógrafoCon la primavera, cientos de miles de ciudadanos salen el domingo con el estuche en bandolera. Y se fotografían. Vuelven contentos como cazadores con el mor
la aventura de un lectorEn el cabo la carretera del litoral pasaba por la parte más alta; abajo, en el fondo del acantilado y todo alrededor, el mar se extendía hasta el horizonte
la aventura de un matrimonioEl obrero Arturo Massolari hacía el turno de noche, el que termina a las seis. Para volver a su casa tenía un largo trayecto que recorría en bicicleta con b
la aventura de un miopeAmilcare Carruga era todavía joven, no carente de recursos, sin exageradas ambiciones materiales o espirituales: nada le impedía pues gozar de la vida. Y, s
la aventura de un poetaLas orillas del islote eran altas, rocosas. Encima crecía la mancha baja y tupida de la vegetación que resiste la cercanía del mar. En el cielo volaban las
la aventura de un soldadoEn el compartimento, junto al soldado de infantería Tomagra, se sentó una señora alta y opulenta. A juzgar por el vestido y el velo, debía de ser una viuda
la aventura de un viajeroFederico V., que vivía en una ciudad de Italia septentrional, estaba enamorado de Cinzia U., residente en Roma. Cada vez que sus ocupaciones se lo permitían
la aventura de una mujer casadaLa señora Stefania R. volvía a su casa a las seis de la mañana. Era la primera vez. El coche no se había detenido delante del portal sino un poco antes, en
la casa de las colmenasEs difícil verla de lejos e incluso el que ha estado ya una vez no recuerda el camino de vuelta; había un sendero y lo destruí a golpes de azadón, cubriéndo
la ciudad de los gatos obstinadosLa ciudad de los gatos y la ciudad de los hombres están una dentro de la otra, pero no son la misma ciudad. Pocos gatos recuerdan el tiempo en que no había
la leyenda de carlomagnoEl emperador Carlomagno se enamoró, siendo ya viejo, de una muchacha alemana. Los nobles de la corte estaban muy preocupados porque el soberano, poseído de
la oveja negraHabía un pueblo donde todos eran ladrones. A la noche cada habitante salía con la ganzúa y la linterna, e iba a desvalijar la casa de un vecino. Volvía al a
la sangre mismaLa noche en que los de las SS arrestaron a la madre, los muchachos subieron a cenar a casa del comunista. El comunista vivía a media colina; se subía por un
las ciudades y los cambiosA ochenta millas de proa al viento rnaestral el hombre llega a la ciudad de Eufamia. donde los mercaderes de siete naciones se reúnen en cada solsticio y en
los hermanos bagnascoMe paso meses y meses fuera de casa, a veces años. Vuelvo de vez en cuando y mi casa está siempre en lo alto de la colina, con su revoque rojizo que de lejo
los hijos holgazanesAl alba mi hermano y yo dormimos con las caras hundidas en la almohada, y ya se oyen los zapatos claveteados de nuestro padre que ronda por las habitaciones
miedo en el senderoA las nueve y cuarto llegó a Colla Branca junto con la luna, a y veinte ya estaba en la bifurcación de los dos árboles, hacia y media estaría en la fuente.
pasarlo bienÉrase un país donde todo estaba prohibido. Como lo único que no estaba prohibido era el juego de la billarda, los súbditos se reunían en unos prados que que
por último, el cuervoLa corriente era una red de encrespaduras ligeras y transparentes, el agua avanzaba por el centro. De vez en cuando había como un aleteo de plata en la supe
renunciaCósimo clavó los ojos en ella. Y ella: —Tú no crees que el amor sea entrega absoluta, renuncia a uno mismo… Podía decir algo Cósimo, cualquier cosa para ir
robo en una pasteleríaEl Trucha llegó al lugar convenido y los otros ya lo estaban esperando. Estaban los dos: Niñojesús y Uora-uora. Era tal el silencio que desde la calle se oí
un barco lleno de cangrejosLos chicos de la Plaza de los Dolores se dieron el primer baño del año un domingo de abril, con un cielo azul nuevecito y un sol alegre y joven. Bajaron cor
una tarde, adánEl nuevo jardinero era un chico de pelo largo, sujeto con una cinta. Iba subiendo por la alameda con la regadera llena, y tendía un brazo para equilibrar la
uno de los tres vive todavíaLos tres estaban desnudos, sentados en una piedra. Los rodeaban todos los hombres del pueblo, y el grande, de barba, enfrente. —… y vi las llamas más altas
van al comandoEl bosque era ralo, casi destruido por los incendios, gris en los troncos quemados, rojizo en las agujas secas de los pinos. El hombre armado y el hombre de
¿quién puso la mina en el mar?En la villa del financiero Pomponio los invitados tomaban el café en la galería. Estaba el general Amalasunta explicando con las tacitas y las cucharillas l