isaak bábel
así se hacía en odesaEmpecé: —Rebe Arie-Leib —dije al viejo—, hablemos de Benia Krik. Hablemos de su comienzo fulminante y de su terrible final. Tres sombras interfieren el cami
budienny ordenaJunto a un árbol se encontraba Budienny, de pantalón encarnado con franjas de plata. Acababan de matar al comandante de la segunda brigada. Para sucederle s
con la emperatrizEn el bolsillo caviar y una libra de pan. Sin cobijo. Estoy en el puente Anichkov, arrimado a los caballos de Klodt. Un viento hinchado avanza desde la Mors
di grassoTenía yo catorce años. Pertenecía al gremio intrépido de los revendedores de entradas de teatro. Mi patrón era un granuja con un ojo siempre entornado y eno
el caminoSalí del frente a la desbandada en noviembre del diecisiete. En casa mi madre me hizo un paquete con ropa y galletas. Caí en Kiev la víspera de que Muraviov
el cementerio de kosinEl cementerio de una pequeña ciudad judía: Assyria. Y el misterioso umbral del Oriente en los campos volinios, plagados de cizaña... Piedras grises talladas
el despertarToda la gente de nuestra categoría: corredores, tenderos, bancarios y oficinistas de compañías navieras, enseñaban música a sus hijos. Nuestros padres, al n
el diácono sordoDos veces se había escapado ya del frente el diácono Iván Agueyef. Por este motivo se le mandó al regimiento penitenciario de Moscú. El comandante jefe, Ser
el embaucadorLos gemidos llenan el pueblo. La caballería pisotea el grano. Y cambia los caballos. Deja los suyos derrengados y les quita a los campesinos sus caballos de
el fin del asiloEn Odesa, en la época del hambre, nadie vivía tan bien como los asilados del segundo cementerio judío. Años atrás el pañero Kofman levantó en memoria de su
el padreFróim Grach estuvo casado. Hacía mucho. Desde entonces pasaron veinte años. La mujer le dio una niña y se murió en el parto. La niña recibió el nombre de Ba
el primer amorA los diez años me enamoré de una mujer llamada Galina Apolónovna. Se apellidaba Rubtsova. Su marido, un oficial, se marchó a la guerra japonesa y regresó e
el rabinoTodo es mortal. Vida eterna no es concedida más que a las madres. Si la madre no pertenece ya a los vivientes, deja detrás de ella un recuerdo que todavía n
el reyTerminada la bendición nupcial el rabí se dejó caer en un sillón; después salió de la habitación y observó las mesas a todo lo largo del patio. Eran tantas,
el sol de italiaAyer volví a sentarme en casa de pani Elisa, bajo la corona de verdes ramos de abeto. Estuve sentado junto a la estufa caldeada y rumorosa y regresé a casa
el ventrílocuoLa paliza que dimos a los polacos detrás de Belaya Zerkof fue enorme. Hasta la naturaleza debió conmoverse. Yo recibí muy de mañana una buena reprimenda. Re
el yugo¡Paisanos, compañeros, hermanos! Oíd aquí, en nombre de la Humanidad, la biografía del general rojo Matief Paulichenko. Este general fue en otro tiempo past
en el sótanoYo era un niño mentiroso. La culpa era de la lectura. Tenía mi imaginación siempre incandescente. Leía en clase, en el recreo, camino de casa, de noche bajo
en la estación ferroviariaSucedió hace dos años en una estación ferroviaria alejada de la mano de Dios, cerca de Penza. Una pequeña multitud se encontraba en una esquina del edificio
fróim grachEl año diecinueve los hombres de Benia Kril atacaron por la retaguardia a las tropas voluntarias pasaron a cuchillo a los oficiales y se apoderaron de parte
guedalyeEn la noche del sábado me agobia siempre la densa tristeza de los recuerdos. Esa noche mi abuelo, con su barba amarillenta, se inclinaba profundamente en ot
historia de mi palomarDe niño mi gran deseo era tener un palomar. Jamás conocí deseo más fuerte. A los nueve años mi padre me prometió dinero para tablas y para tres pares de pal
historia de un caballoSavitski, nuestro comandante de división, quitó cierta vez a Chlebnikof, el comandante del primer escuadrón, su semental blanco. El caballo tenía una soberb
la canciónCuando nos alojamos en el pueblo de Budiatitschy me tocó una mala patrona, una pobre viuda. Algunas cerraduras rompí en su despensa, pero jamás encontré en
la cartaHe aquí la carta que me dictó, para su casa Kurdyukof, un soldado de nuestra sección. La carta merece no ser olvidada. La escribí sin el menor aditamento, y
la estrategia de majnoMe mandaron del estado mayor un cochero de treinta y nueve años, llamado Grischtschuk. Cinco años había pasado Grischtschuk prisionero en Alemania; se había
la hijaEl comandante de la sexta división comunicó que al amanecer el nuevo día había que ocupar Novogrado-Volynsk. El estado mayor abandonó Krapivno, y nuestro co
la iglesia de novogradoAyer me dirigí, con objeto de dar el parte, a casa del comisario militar, que vivía en el barrio abandonado por el clero católico. En la cocina me recibió p
la muerte de dolguschofLa nube de la batalla se iba acercando a la ciudad. Hacia el mediodía pasó galopando a nuestro lado, con su negro capote de fieltro, Korotschayef, el despre
la muerte del bautistaLa vida encantadora y sabia de pan Apolek me embriagó como un vino añejo. La suerte depositó a mis pies un evangelio que había permanecido ignorado del mund
la viudaEn el coche sanitario se muere el comisario del regimiento, Scheveliof. A sus pies está sentada una mujer. La noche, iluminada por el resplandor de los caño
las abejasMe dan lástima las abejas. Los ejércitos enemigos las aniquilaron. En Volinia no queda una abeja. Hemos destruido enjambres de un valor incalculable. Los he
liubka la cosacoLa casa de Liubka Shneiveis está en la Moldavanka, en la esquina de la Dálnitskaya y la Bálkovskaya. Tiene en la casa bodega, posada, expendeduría de avena
los aviadoresA mediodía llevamos a Sokal el cadáver acribillado de Trunof, nuestro comandante de escuadrón. Había muerto por la mañana luchando contra la aviación enemig
mamá, rimma y alaEl día amaneció ajetreado. La víspera la sirvienta se plantó y se fue. Varvara Stepánovna tuvo ella misma que hacerlo todo. Además, trajeron muy temprano el
mi primer gansoSavitski, el comandante de la sexta división se levantó al verme, y me quedé asombrado de la belleza de su figura corpulenta. Se levantó con la púrpura de s
mis primeros honorariosVivir en Tiflis en primavera, tener veinte años y no ser amado es una cosa terrible. Eso me sucedió a mí. Tenía un trabajo como corrector de pruebas en los
por un caballoCombatíamos en Leschniuf. Alrededor, el muro de la caballería enemiga. La espiral de la nueva estrategia polaca reforzada se tendía con un ruido mensajero d
prischepaMe dirigía a Léchniuv, en donde se había instalado el estado mayor de la división. Mi compañero de viaje continuaba siendo Prischepa, joven kubanés, pícaro
reconciliaciónCuatro meses hacía que Savitski había despojado a Chlebnikof, el comandante del primer escuadrón, de su semental blanco. Chlebnikof había dejado el ejército
salQuerido compañero redactor: Voy a hablarle de las mujeres rezagadas que nos perjudican. Espero que en la visita al frente de la guerra civil, sobre la que h
shabos-najmúY hubo tarde y mañana, quinto día. Y hubo tarde y mañana, día sexto. El sexto día —en la noche del viernes— hay que rezar. Después de la oración, a recorrer
traiciónCompañero juez de instrucción Burdienko: A sus preguntas contesto que tengo el número 2 400 de legitimación del Partido, extendida por el Comité del Partido
tres mundosDe Chotin nos fuimos a Berestechko. Los soldados iban adormilados en sus altas sillas. Una canción murmuraba quedamente como un río seco. Yacían cadáveres m
una noche¡Oh estatuto del Partido Comunista Ruso! Con la levadura de la literatura rusa te has abierto camino. Has convertido a tres corazones solos, apasionados, co
venganzaMe abro paso hacia Leschniuf, donde se encuentra el estado mayor de nuestra división. Mi acompañante es el joven cosaco Prischchepa, vagabundo impenitente,