isaac bashevis singer
cuando shlemel fue a varsoviaAunque Shlemel era un vago y un dormilón de mucho cuidado, siempre había rondado por su cabeza la idea de hacer un largo viaje. Había oído muchas histo-rias de países lejanos, de grandes desiertos
el autor1 Golpeé en la puerta del hotel donde se hospedaba Sigmund Seltzer y oí que contestaban: “¡Bitte! ¡Entrez! ¡Come in!”. Abrí la puerta y vi un personaje rechoncho, bajito, con un vestido claro, som
el enemigo1 Durante la segunda guerra mundial un buen número de escritores y periodistas judíos lograron llegar a los Estados Unidos vía Cuba, Marruecos e incluso Shanghai…, y todos ellos eran refugiados po
el matarifeI Yoine Meir tendría que haber llegado a ser rabino de la ciudad de Kolomir. Tanto su padre como su abuelo habían ocupado ese puesto. Los jasidim de la sede de Kuzmir, sin embargo, habían manifest
el spinoza de la calle market1 El doctor Nahum Fischelson andaba de un extremo a otro de su habitación, un tabuco sito en la calle Market, en Varsovia. El doctor Fischelson era un hombre bajo, encorvado, de barba grisácea; se
guimpl, el tontoI Soy Guimpl el ingenuo. No me considero un tonto. Al contrario. Pero la gente me ha puesto ese apodo. Empezaron a llamarme así cuando aún estaba en el jéder [una escuela elemental tradicional cuy
henne fuegoI Sí, hay personas que son demonios. ¡Dios nos guarde! ¡Algunas madres ven cosas durante el parto, pero nunca cuentan lo que ven! Henne Fuego, así la llamaban, no era un ser humano sino un fuego d
la colonia1 Todo fue como un largo sueño, el viaje de dieciocho días en barco hasta la Argentina, los encuentros con mis paisanos polacos en Montevideo y en Buenos Aires, mi conferencia en el Teatro Soleil
la destrucción de kreshevI. Reb Bunim llega a Kreshev Yo soy la serpiente primigenia, el maligno, Satán. La cábala se refiere a mí como a Samael y los judíos, a veces, me llaman simplemente «aquél». Es sobradamente conoci
la llave1 Hada las tres de la tarde, Bessie Popkin comenzó a prepararse para salir a la calle. Salir de casa comportaba muchas dificultades y problemas, especialmente en los ardientes días de verano. En p
la muerte de matusalénEra un bochornoso día de verano. En una tienda de paja reposaba Matusalén, un anciano de más de novecientos años. Estaba descalzo, desnudo; una banda de hojas de higuera rodeaba su cuerpo. Yacía,
la sesión espiritistaI Verano de 1946. En Central Park West, el salón de la señora Kopitzky está iluminado por una sola bombilla roja; la cubre una pantalla decorada con dibujos realizados de modo automático por la pr
shiddah y kuzibaI Shidda y su hijo Kuziba, un chiquillo en edad escolar, estaban sentados nueve metros tierra adentro, en un lugar en el que se encontraban dos salientes de roca, y por donde corría un arroyo subt
taibele y el diabloEn la población de Lashnick, no lejos de Lublin, vivía un hombre con su esposa. Se llamaba Chaim Nossen y ella, Taibele. No tenían hijos. No era que el matrimonio fuese estéril; Taibele le había d
un amigo de kafka1 Mucho antes de leer sus obras, supe de la existencia de Kafka por boca de su amigo Jacques Kohn, quien fue actor del Teatro Yiddish. Y he dicho «fue», porque cuando le conocí llevaba ya años ret