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Libros de isaac asimov

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isaac asimov

algún día
Niccolo Mazetti estaba tumbado boca abajo sobre la alfombra, con la barbilla apoyada en su pequeña mano, y escuchaba desconsoladamente al Narrador. Había incluso sospecha de lágrimas en sus ojos o
amor verdadero
Mi nombre es Joe. Así es como mi colega, Milton Davison, me llama. Él es programador y yo soy un programa de computadora. Soy parte del complejo “Multivac” y estoy conectado con otros sectores en
anochecer
Aton 77, director de la Universidad de Saro, alargó el labio inferior con actitud desafiante y contempló furioso al joven periodista. Theremon 762 no lo tomó en cuenta. En los primeros días, cuand
asnos estúpidos
Naron, de la longeva raza rigeliana, era el cuarto de su estirpe que llevaba los anales galácticos. Tenía en su poder el gran libro que contenía la lista de las numerosas razas de todas las galaxi
azazel: una noche de canto
Resulta que un amigo mío insinúa que, a veces, puede invocar espíritus del profundo abismo. O, por lo menos, un espíritu… uno pequeño y de poderes estrictamente limitados. En ciertas ocasiones hab
caza mayor
—He leído en los periódicos —dije apurando mi cerveza— que la nueva máquina del tiempo de Stanford ha sido adelantada dos días en el tiempo, llevando en su interior un ratón blanco que no padeció
círculo vicioso
Uno de los tópicos favoritos de Gregory Powell era que nada se adelantaba poniéndose uno nervioso. Así, cuando Mike Donovan bajó dando brincos la escalera, con el cabello enmarañado por el sudor,
cuánto se divertían
Margie lo anotó esa noche en el diario. En la página del 17 de mayo de 2157 escribió: “¡Hoy Tommy ha encontrado un libro de verdad!”. Era un libro muy viejo. El abuelo de Margie contó una vez que,
democracia electrónica
Linda, que tenía diez años, era el único miembro de la familia que parecía disfrutar al levantarse. Norman Muller podía oírla ahora a través de su propio coma drogado y malsano. Finalmente había l
el artilugio tridimensional
—Vamos —dijo Shapur con bastante cortesía, teniendo en cuenta que era un demonio—. Desperdicias mi tiempo. Y también el tuyo, pues sólo te queda media hora. Y agitó la cola. —¿No es desmaterializa
el bardo inmortal
—Oh, sí —afirmó el doctor Phineas Welch—. Puedo traer los espíritus de los muertos ilustres. Estaba un poco bebido. De otro modo, quizá no habría dicho eso. Desde luego era perfectamente natural h
el crimen definitivo
—Los Irregulares de Baker Street —dijo Roger Halsted— es una organización de entusiastas de Sherlock Holmes. Si no sabes eso, no sabes nada de nada. Se quedó sonriendo a Thomas Trumball por encima
el demonio de dos centímetros
Conocí a George en un congreso literario celebrado hace muchos años, y me llamó la atención el peculiar aire de inocencia y de candor que mostraba su rostro redondo y de mediana edad. Inmediatamen
el hombre bicentenario
Las Tres Leyes de la robótica: Un robot no debe dañar a un ser humano ni, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño. Un robot debe obedecer las órdenes impartidas por los seres humanos,
el mejor amigo de un muchacho
—Querida, ¿dónde está Jimmy? —preguntó el señor Anderson. —Afuera, en el cráter —dijo la señora Anderson—. No te preocupes por él. Está con Robutt… ¿Ha llegado ya? —Sí. Está pasando las pruebas en
el niño feo
Edith Fellowes se alisó la bata de trabajo como hacía siempre antes de abrir la compleja cerradura de la puerta y cruzar la invisible línea divisoria que separaba el es del no es. Llevaba la libre
el racista
El cirujano alzó la cabeza; su rostro era inexpresivo. —¿Está preparado? —preguntó. —Preparado es un término relativo —dijo el ingeniero médico—. Nosotros estamos preparados. Él está quieto. —Buen
el triple diablo
No era sorprendente que en este particular banquete de los Viudos Negros la conversación derivara hacia el tema de los hombres que se han hecho a sí mismos. Después de todo, Mario Gonzalo, anfitri
exiliados al infierno
—Los rusos —decía Dowling con su voz clara y precisa—, por los tiempos en que los viajes espaciales todavía no se habían generalizado, solían enviar los presos a Siberia. Los franceses utilizaban
la sonrisa del cyborg
Johnson estaba rememorando del modo en que lo hacen los viejos y me habían advertido de que hablaría acerca de los cyborg -esas personas que cruzaron velozmente la escena de los negocios a comienz
la trompeta del juicio final
El arcángel Gabriel se mostró despreocupado con respecto a aquella cuestión. Dejó indolente que la punta de una de sus alas rozara el planeta Marte, el cual, al estar compuesto de simple materia,
la última pregunta
La última pregunta se formuló por primera vez, medio en broma, el 21 de mayo de 2061, en momentos en que la humanidad (también por primera vez) se bañó en luz. La pregunta llegó como resultado de
la última respuesta
Murray Templeton tenía cuarenta y cinco años, estaba en la flor de su vida, y todas las partes de su cuerpo funcionaban en perfecto orden excepto algunas porciones clave de sus arterias coronarias
las tres leyes de la robótica
Ningún robot causará daño a un ser humano o permitirá, con su inacción, que un ser humano resulte dañado. Todo robot obedecerá las órdenes recibidas de los seres humanos, excepto cuando esas órden
los ojos hacen algo más que ver
Después de cientos de miles de millones de años, pensó de súbito en sí mismo como Ames. No la combinación de longitudes de ondas que a través de todo el universo era ahora el equivalente de Ames,
navidad en ganímedes
Olaf Johnson canturreaba entre dientes mientras sus ojos azules observaban soñadores el impresionante abeto situado en un rincón de la biblioteca. Aunque ésta era la estancia más amplia de la Base
navidades sin rodney
Todo comenzó con Gracie (mi esposa durante casi cuarenta años) que deseaba dar a Rodney permiso para pasar una temporada de vacaciones, y la cosa acabó conmigo en una situación por completo imposi
primera ley
Mike Donovan contempló su vacía jarra de cerveza, se sintió aburrido, y decidió que ya había escuchado lo suficiente. Dijo en voz alta: -Si tenemos que hablar acerca de robots poco habituales, yo
robbie
—Noventa y ocho…, noventa y nueve…, ¡cien! —Gloria retiró su mórbido antebrazo de delante de los ojos y permaneció un momento parpadeando al sol. Después, tratando de mirar en todas direcciones a
sally
Sally bajaba por la carretera que conducía al lago, de modo que le hice una seña con la mano y la llamé por su nombre. Siempre me ha gustado ver a Sally. Me gustan todos, entiendan, pero Sally es
soñar es un asunto privado
Jesse Weill levantó la vista de su escritorio. Su cuerpo viejo y descarnado, la nariz de prominente caballete, los ojos hundidos y sombríos y las sorprendentes greñas canosas habían definido su as
sueños de robot
-Anoche soñé -anunció Elvex tranquilamente. Susan Calvin no replicó, pero su rostro arrugado, envejecido por la sabiduría y la experiencia, pareció sufrir un estremecimiento microscópico. -¿Ha oíd
tendencias
John Harman estaba sentado ante su escritorio, cavilando, cuando entré a la oficina esa mañana. Para entonces ya era un espectáculo habitual verlo contemplando el Hudson, con la cabeza apoyada en
todos los males del mundo
El mayor complejo industrial de la Tierra se centraba en torno a Multivac… Multivac, la gigantesca computadora que había ido creciendo en el transcurso de medio siglo, hasta que sus diversas ramif
una estatua para papá
¿Es la primera vez? ¿De veras? Ah, pero, por supuesto, usted tenía noticias. Sí, estaba seguro de que lo había oído comentar. Si el descubrimiento le interesa de verdad, créame, me encantará expli
versos iluminados
La ultima persona en quien se podía pensar como asesina era la señora Alvis Lardner. Viuda del gran mártir astronauta, era filántropa, coleccionista de arte, anfitriona extraordinaria y, en lo que
¡embustero!
Alfred Lanning encendió cuidadosamente el cigarro, pero las puntas de los dedos le temblaban ligeramente. Sus cejas grises se juntaban mientras iba hablando entre bocanadas de humo. —Que lee el pe
¿qué es el hombre?
Las tres leyes robóticas: 1. Un robot no debe dañar a un ser humano, o, por falta de acción, dejar que un ser humano sufra daño. 2. Un robot debe obedecer las órdenes de los seres humanos, excepto