hernando téllez
arcilla mortalHemos vivido juntos 17 años. Nuestro hijo mayor cumplirá dentro de pocos días quince años. Para entonces estaremos solos, él, yo y los dos pequeños. Será una situación extraña y difícil de explica
cenizas para el vientoEl hombre tenía un aire cordialmente siniestro. Hacía por lo menos un cuarto de hora que trataba de explicarse, sin conseguirlo. Estaba sentado sobre un gran tronco de árbol, a la entrada de la ca
consideraciones sobre lo cursiGustos literarios La dama, muy enojada, pero muy bella a pesar del enojo, declaró su indignación cuando alguien dijo en la tertulia donde se hallaba, que la novela de Félix B. Caignet, El derecho
debajo de las estrellasSe acercó lentamente. Como yo estaba tirado en el suelo, bajo el camión, ocupado en reparar el daño, no podía ver sino sus pies, sin medias, metidos entre un par de zapatillas de baño, y una parte
dirección desconocidaEsta noche, mientras afuera sopla el viento, el buen Jacques ha tomado una resolución. Hace días viene meditándola y, por fin, se dispone a cumplirla. Escribirá una carta, una larga carta a papá,
el regalo“¿Por qué corres tanto?”, le gritaron cuando pasó frente a la venta de la señora Petra, en la primera vuelta del camino. “Voy para el pueblo a vera papá”, respondió sofocado. Llevaba los cabellos
espuma y nada másNo saludó al entrar. Yo estaba repasando sobre una badana la mejor de mis navajas. Y cuando lo reconocí me puse a temblar. Pero él no se dio cuenta. Para disimular continué repasando la hoja. La p
genoveva me espera siempreAparecía a esa hora del lado oscuro de la calle. ¿Esperas a alguien?, le decía yo. Y ella me respondía: yo siempre espero a alguien. Tenía los cabellos químicamente rubios y los ojos verdaderament
la canción de mamá¿Saben ustedes que soy un criminal? No. No es esta la palabra. Soy menos que un criminal: un homicida. Un criminal, un asesino, es diferente. Yo no quería matar a nadie. Pero maté. ¿Para qué negar
la primera batallaEl gato llegó pequeñito, friolento, a la casa. Venía hambreado y quejumbroso. Evidentemente había sido abandonado por la madre antes de tiempo. Cabía en una mano y miraba con ojos tristes y brilla
lección de domingoLos tres hombres entraron como una tromba al pequeño salón de clases donde la señorita Marta Amaya, nuestra maestra, leía el texto: “Plantó un hombre una viña, y la cercó con seto, y cavó un lagar
libertad incondicionalEl juez leyó el veredicto. Los cinco jurados permanecimos de pie y el acusado también, pero entre dos guardias. No había público, a excepción del que formaban algunos parientes del “asesino” y de
marcha nupcialLa noticia es excelente. Se va usted a casar a los veintitrés años. Una edad perfecta, pero difícil como la de los cuarenta y cinco de toda mujer, desde luego por razones bien diferentes de las qu
preludioPrimero fue un grito. Después miles de gritos. Después un tumulto. Después la revolución. —Oiga, usted, joven, aquí tiene el arma. Me entregaron un machete grande y nuevecito. Brillaba la hoja con
rosario dijo que síClaro está que Rosario no quería engañar a Carlos. Y, desde luego, lo amaba. Verdad, sí, que los años, no muchos pero los suficientes como para que se advirtiera la transformación, lograron altera
sangre en los jazminesCuando los guardias rurales llegaron a la granja de mamá Rosa, hacía ya una semana que Pedrillo estaba tirado en la cama, hecho una miseria de dolor y de ira. Las heridas del brazo habían tomado u
tiempo de veranoCuando llegamos a la orilla del río, Roberto me dijo: —Quítese el vestido. Nadaremos en la parte menos honda. Recuerdo —de esto hace veinte años— que el calor era sofocante, y que el aire brillaba
un corazón fielAl morir el escritor Gerardo Salvani, después de casi veinte años de constantes éxitos, su viuda resolvió abandonar la casa en donde vivieran juntos largo tiempo. Esa casa se le aparecía ahora lle
victoria al atardecerHabía llegado a ese tranquilo país, como uno de tantos náufragos de la tragedia bélica. Era un país de sol y de lluvias, helado y triste en las cumbres, ardiente, sofocante en las llanuras. No se
visita al juez supremoLa explosión fue terrible. Exactamente como había sido prevista por la Gran Central de Control. Las ondas letales se difundieron sin obstáculo por todo el haz de la tierra. Eva Rodríguez —lo refir