País Relato - Autores

guy de maupassant

a las aguas
DIARIO DEL MARQUÉS DE ROSEVEYRE 12 DE JUNIO 1880.- ¡A Loëche! ¡Quieren que vaya a pasar un mes a Loëche! ¡Misericordia!¡ Un mes en esta ciudad que
abandonado
—Es preciso estar loca para salir al campo a estas horas con un calor tan insufrible. De dos meses a esta parte, se te ocurren ideas muy extrañas. A la fuer
adiós
Los dos amigos acababan de comer. Desde la ventana del café veían el bulevar muy animado. Les acariciaban los rostros esas ráfagas tibias que circulan por l
alexandre
Aquel día, como todos, a las cuatro, condujo Alexandre hasta la puerta de la casita del matrimonio Maramballe la silla de minusválido de tres ruedas en la q
amor
Páginas del “Diario de un cazador” …En la crónica de sucesos de un periódico acabo de leer un drama pasional. Uno que la ha matado y se ha matado después; e
amorosa
Después de comer en su casa, Jacobo de Randal dio permiso al criado para salir, y se puso a despachar su correspondencia. Tenía costumbre de acabar así la ú
aparición
Se hablaba de secuestros a raíz de un reciente proceso. Era al final de una velada íntima en la rue de Grenelle, en una casa antigua, y cada cual tenía su h
arrepentimiento
El señor Saval acaba de levantarse. Llueve. Es un triste día de otoño; las hojas caen. Caen lentamente con la lluvia, formando también una lluvia más apreta
blanco y azul
Mi pequeña barca, mi querida barquita, toda blanca con una red a lo largo de la borda, iba suavemente, suavemente sobre la mar en calma, en calma, adormilad
bola de sebo
Durante muchos días consecutivos pasaron por la ciudad restos del ejército derrotado. Más que tropas regulares, parecían hordas en dispersión. Los soldados
campanilla
¡Son extraños, esos antiguos recuerdos que nos obsesionan sin que podamos desprendernos de ellos! Este es tan viejo, tan viejo, que no puedo comprender cómo
campesinos
I Las dos cabañas juntas, al pie de una colina, cerca de un balneario; los dos campesinos hacían el mismo esfuerzo para buscar en la tierra infecunda el pan
cantó un gallo
I Berta de Avancelles había desatendido hasta entonces todas las súplicas de su desesperado admirador el barón Joseph de Croissard. Durante el invierno en P
cariños de familia
El tranvía de Neuilly había dejado atrás la puerta Maillot y corría en línea recta a todo lo largo de la gran avenida que va a parar al Sena. La maquinilla,
carta de un loco
Querido doctor, me pongo en sus manos. Haga usted de mí lo que guste. Voy a decirle con toda franqueza mi extraño estado de ánimo, y juzgue si no sería mejo
carta que se encontró a un ahogado
¿Me pregunta usted, señora, si me burlo? ¿No puede usted creer que un hombre no haya sentido jamás amor? Pues bien: no, no he amado nunca, nunca. ¿De qué de
claro de luna
El padre Marignan llevaba con gallardía su nombre de guerra. Era un hombre alto, seco, fanático, de alma exaltada, pero recta. Decididamente creyente, jamás
coco
En toda la zona circundante llamaban a la finca de los Lucas, «La hacienda». No se sabría decir por qué. Sin duda, los campesinos asociaban a la palabra «ha
condecorado
Hay personas que nacen con un instinto, una vocación o, sencillamente, un deseo especial que despierta en cuanto principian a balbucir y a pensar. El señor
confesiones de una mujer
Amigo mío, me ha pedido usted que le cuente los recuerdos más vivos de mi existencia. Soy muy vieja, sin parientes, sin hijos; puedo, pues, libremente confe
cosas viejas
Querida Colette: No sé si recordarás un verso del ¡señor de Sainte-Beuve, que juntas leímos y que ha quedado grabado en mi pensamiento; porque este verso me
crónica
¡En fin! ¡En fin!… Demos la bienvenida a la justicia en nuestro país, que resulta ser casi asombrosa. En quince días ha hecho dos arrestos sorprendentes. Ha
cuento de navidad
El doctor Bonenfantes forzaba su memoria, murmurando: -¿Un recuerdo de Navidad?… ¿Un recuerdo de Navidad?… Y, de pronto, exclamó: “-Sí, tengo uno, y por cie
después
-Queridos -dijo la condesa- hay que ir a acostarse. Los tres, niños y niñas, se levantaron y fueron a abrazar a su abuela. Después vinieron a darle las buen
día festivo
Me fui para huir de la fiesta, la fiesta odiosa y estrepitosa, la fiesta de petardos y banderas que rompe los tímpanos y hace polvo la vista. Estar solo, co
diario de un viajero
Las siete. Un pitido y partimos. El tren pasa sobre las plataformas giratorias, con el ruido que hacen las tormentas en el teatro; después se adentra en la
dos amigos
En un París bloqueado, hambriento, agonizante. Los gorriones escaseaban en los tejados y las alcantarillas se despoblaban. Se comía cualquier cosa. Mientras
el abandonado
—Es preciso estar loca para salir al campo a estas horas con un calor insufrible. De dos meses a esta parte, se te ocurren ideas muy extrañas. A la fuerza m
el albergue
Semejante a todas las hospederías de madera construidas en los altos Alpes, al pie de los glaciares, en esos pasadizos rocosos y pelados que cortan las cima
el amigo josé
Todo el Invierno se habían tratado íntimamente en París. Después de dejar de verse, como siempre ocurre, al salir del colegio, los dos amigos se habían enco
el amigo patience
-¿Qué se hizo Leremy? -Es capitán en el sexto de Dragones. -¿Y Puisón? -Subprefecto. -¿Y Racollet? -Murió. Buscábamos en los rincones de la memoria nombres
el armario
Hablábamos de mujeres galantes, la eterna conversación de los hombres. Uno dijo: -Voy a referir un suceso extraño. Y era como sigue: *** Un anochecer de inv
el asesino
El culpable era defendido por un jovencísimo abogado, un novato que habló así: -Los hechos son innegables, señores del jurado. Mi cliente, un hombre honesto
el barco naufragado
Esto ocurrió ayer, treinta y uno de diciembre. Acababa yo de almorzar con mi entrañable amigo Jorge Garín. El criado le entregó una carta, cuyo sobre iba cu
el barrilito
El señor Chicot, dueño de la posada de Epreville, detuvo su tartana delante de la finca de la señora Magloire. Chicot era un hombrón rayando en la cuarenten
el bautismo
Los hombres, vestidos con sus trajes de día de fiesta, esperaban a la puerta de la granja. El sol de mayo derramaba su luz esplendorosa sobre los manzanos e
el bautizo
«Vamos, doctor, un poco de coñac. -Con mucho gusto.» Y después de alargar su vaso, el antiguo médico de la Marina vio subir hasta el borde el hermoso líquid
el beso
Encanto mío: De modo que te pasas el día y la noche llorando, porque te abandonó tu marido; no sabes qué hacer y solicitas consejo de tu anciana tía, a la q
el bigote
Castillo de Solles, lunes 30 de julio de 1883 Querida Lucía, nada nuevo. Vivimos en el salón viendo cómo cae la lluvia. No se puede salir con este tiempo ho
el borracho
El viento del norte soplaba tempestuoso, arrastrando por el cielo enormes nubes invernales, pesadas y negras, que arrojaban al pasar sobre la tierra furioso
el bramante
Por todos los caminos que conducen a Goderville los aldeanos y sus mujeres acudían al pueblo por ser día de mercado. Los hombres andaban a pasa largo, avanz
el buhonero
Breves memorias, asuntos insignificantes, dramas humildes presenciados, adivinados, tal vez sospechados, para mi alma joven e ignorante aún, son como hilos
el burro
En la espesa niebla dormida encima del río no calaba el más leve soplo de aire. Parecía una nube de algodón mate posada sobre el agua. Ni siquiera se distin
el ciego
¿Qué será esta alegría del primer sol? ¿Por qué esta luz caída sobre la tierra nos llena así de la dulzura de vivir? El cielo está todo azul, la campiña tod
el collar
Era una de esas hermosas y encantadoras criaturas nacidas como por un error del destino en una familia de empleados. Carecía de dote, y no tenía esperanzas
el conejo
Maese Lecacheur salió a la puerta de su casa a la hora de costumbre, entre cinco y cinco y cuarto de la mañana, con objeto de vigilar a sus criados, que se
el diablo
El campesino permanecía de pie frente al médico, ante el lecho de la moribunda. La anciana, tranquila, resignada, miraba a los dos hombres y los escuchaba h
el ermitaño
Algunos amigos habíamos ido a visitar al viejo ermitaño que vivía en el túmulo de un antiguo sepulcro cubierto de árboles, en el centro de la inmensa llanur
el hombre de marte
Estaba trabajando cuando mi criado me anunció: -Señor, es un hombre que quiere hablar con el señor. -Hágalo entrar. De pronto vi a un hombrecillo que saluda
el horla
8 de mayo ¡Qué hermoso día! He pasado toda la mañana tendido sobre la hierba, delante de mi casa, bajo el enorme plátano que la cubre, la resguarda y le da
el huérfano
La señorita Source había adoptado a aquel muchacho en otros tiempos, en circunstancias muy tristes. Tenía entonces treinta y seis años y su deformidad (se h
el legado
El señor y la señora Serbois estaban acabando de almorzar, con aspecto taciturno, uno enfrente del otro. La señora Serbois, una rubia bajita de piel rosada,
el lisiado
El hecho ocurrió en 1882. Acababa de instalarme en un rincón de un compartimiento vacío, y había cerrado la portezuela con la esperanza de viajar solo, cuan
el lobo
Vean ahí lo que nos refirió el viejo marqués de Arville, a los postres de la comida con que inaugurábamos aquel año la época venatoria en la residencia del
el loco
Cuando murió presidía uno de los más altos tribunales de Justicia de Francia y era conocido en el resto por su trayectoria ejemplar. Se había ganado el prof
el mendigo
Había conocido días mejores, pese a su miseria y sus achaques. A la edad de quince años, había visto sus dos piernas aplastadas por un coche en la carretera
el miedo
Volvimos a subir a cubierta después de la cena. Ante nosotros, el Mediterráneo no tenía el más mínimo temblor sobre toda su superficie, a la que una gran lu
el niño
Después de haber jurado durante mucho tiempo que no se casaría nunca, de repente Jacques Bourdillère había cambiado de idea. Esto había ocurrido brus
el padre
Jean de Valnoix es un amigo al que voy a ver de vez en cuando. Vive en una pequeña casa de campo, a orillas de un río, en el bosque. Se había retirado ahí t
el padre de simón
Las doce acababan de sonar. La puerta de la escuela se abrió y los chicos se lanzaron fuera, atropellándose por salir más pronto. Pero no se dispersaron ráp
el pozo
Muerte ocasionada por golpes y heridas. Así rezaba el cargo de acusación por el cual comparecía ante el juzgado del crimen un tal Leopoldo Renard, tapicero.
el repartidor de agua bendita
En otros tiempos vivía a la entrada del pueblo, en una casita al lado de una gran carretera. Se había establecido como carretero después de su matrimonio co
el salto del pastor
Desde Dieppe al Havre, la costa presenta un acantilado ininterrumpido, de unos cien metros de longitud, vertical como una muralla. De vez en cuando, esa gra
el testamento
Hacía poco tiempo que conocía a aquel muchacho que se llamaba René de Bourneval. Su trato era amable, aunque un poco triste; parecía desengañado de todo, su
el tic
Los comensales entraban lentamente en la gran sala del hotel y se sentaban en sus sitios. Los criados empezaron a servir lentamente para dar tiempo a los qu
el vagabundo
Llevaba más de un mes caminando en busca de trabajo por todas partes. Por falta de él había dejado su país, Ville-Avaray, en la Mancha. Maestro carpintero,
el vengador
Cuando Antoine Leuíllet se casó con Mathilde, viuda de Souris, hacia ya diez años que estaba enamorado de ella. Souris había sido amigo suyo y compañero de
el viejo
Un tibio sol de otoño se cernía sobre el patio de la hacienda, por encima de las grandes hayas de las cunetas. Bajo la hierba pelada por las vacas, la tierr
el viejo milon
Desde hace un mes, un sol abrasador lanza sobre los campos su lumbre. Una vida radiante estalla bajo ese diluvio de fuego; la tierra está verde hasta perder
el “rosier” de la señora husson
Acabábamos de pasar por Gisors donde me había despertado al oír el nombre de la ciudad gritado por los empleados e iba a adormecerme de nuevo cuando una sac
en el bosque
El alcalde iba a sentarse a la mesa para almorzar cuando le avisaron que el guarda rural lo esperaba en la alcaldía con dos prisioneros. Se dirigió allá de
en el mar
Las siguientes líneas se leían recientemente en los diarios: “Bolonia-Sur-Mer, 22 de Enero. Un terrible accidente vino a sembrar la consternación entre nues
en los campos
Las dos casuchas estaban juntas, al pie de una colina, próximas a una pequeña ciudad balneario. Los dos campesinos trabajaban penosamente la tierra infecund
encuentro
Los encuentros constituyen el encanto de los viajes. ¿Quién no siente alegría de un encuentro inesperado, en mil lugares del país, con un parisino, un compa
enfermos y médicos
¡Singular misterio es el recuerdo! Uno va despistado por las calles, bajo el primer sol de mayo, y de repente, como si unas puertas durante mucho tiempo cer
ese cerdo de morin
-Eso, amigo mío -dije a Labarde-; ¡esas cuatro palabras que acabas de pronunciar, “ese cerdo de Morin”! ¿Por qué diablos nunca he oído hablar de Morin sin q
hautot y su hijo
Ante la puerta de la casa, mitad alquería y mitad mansión solariega, una de esas moradas rurales mixtas que fueron casi señoriales y que actualmente habitan
historia corsa
Dos gendarmes habían sido asesinados aquellos últimos días mientras conducían un prisionero corso de Corte a Ajaccio. Ahora bien, cada año, en esta clásica
historia de un perro
La prensa respondió unánimemente a la llamada de la Sociedad Protectora de Animales para colaborar en la construcción de un establecimiento para animales. S
idilio
El tren acababa de salir de Génova, y se dirigía hacia Marsella, siguiendo las profundas ondulaciones de la larga costa rocosa, deslizándose como serpiente
jadis
El castillo, de estilo antiguo, está sobre una colina arbolada; grandes árboles lo rodean con un verdor sombrío, y el parque infinito extiende sus perspecti
junto a un muerto
Se moría poco a poco, como se mueren los tísicos. Todos los días lo veía sentarse a eso de las dos, bajo las ventanas del hotel, frente al mar, tranquilo, e
la abuela sauvage
I Hacía quince años que no volvía por Virelogne. Regresé a cazar, en otoño, a casa de mi amigó Serval, que por fin había reconstruido su palacio, destruido
la aventura de wálter schbaffs
Desde su entrada en Francia con el ejército invasor, Wálter Schnaffs se creía el más desdichado de los hombres. Era gordo, andaba con dificultad, se ahogaba
la baronesa
Podrás ver antigüedades interesantes -me dijo mi amigo Boisrené-, ven conmigo. Me llevó, pues, al primer piso de una hermosa casa, en una gran calle de
la becada
El anciano barón de Ravots había sido durante cuarenta años el rey de los cazadores de su provincia. Pero hacia ya cinco o seis que una parálisis de las pie
la belleza inútil
I Delante de la escalinata del palacio esperaba una victoria muy elegante, tirada por dos magníficos caballos negros. Era a fines del mes de junio, a eso de
la cabellera
La celda tenía paredes desnudas, pintadas con cal. Una ventana estrecha y con rejas, horadada muy alto para que no se pudiera alcanzar, alumbraba el cuarto,
la cama 29
Cuando el capitán Epivent pasaba por la calle, todas las mujeres se volvían. Era el auténtico prototipo del gallardo oficial de húsares. Por ello se exhibía
la casa tellier
I Se iba allá, cada noche, alrededor de las once, como se va a un café, simplemente. Se encontraban seis a ocho, siempre los mismos, no eran juerguistas sin
la confesión
Todo Véziers-le-Réthel había asistido al duelo y al entierro del señor Badon-Leremince, y las últimas palabras del discurso del delegado de la Prefectura se
la declaración
El sol del mediodía cae en amplia lluvia sobre las praderas, que se extienden, ondulantes, entre los bosquecillos de las granjas y los diversos sembrados; l
la dote
A nadie sorprendió el matrimonio de Simón Lebrumet, notario, con Juanita Cordier. El señor Lebrumet estaba en tratos con el señor Papillon para que le trasp
la felicidad
Era la hora del té, antes que trajeran las luces. La ciudad dominaba el mar; el sol, que acababa de ponerse, había dejado el cielo rosa a su paso, salpicado
la herrumbre
I En toda su vida sólo sintió una pasión invencible: la caza. Cazaba todos los días, desde muy temprano hasta la noche, con ardor furioso. Cazaba en inviern
la loca
A Robert de Bonnières Verán, dijo el señor Mathieu d’Endolin, a mí las becadas me recuerdan una siniestra anécdota de la guerra. Ya conocen ustedes m
la madre de los monstruos
He recordado aquella horrible historia y a aquella horrible mujer al ver pasar el otro día, en una playa muy concurrida por los ricos, a una conocida parisi
la mano
Estaban en círculo en torno al señor Bermutier, juez de instrucción, que daba su opinión sobre el misterioso suceso de Saint-Cloud. Desde hacía un mes, aque
la mano disecada
Un amigo mío, Luis R., tenía reunidos en su casa una noche, hará cosa de ocho meses, a varios camaradas de colegio. Bebíamos ponche y fumábamos, hablando de
la máscara
Aquella noche había baile de máscaras en el «Elysée-Montmartre», con motivo de ser la Mi-Carème. Por el corredor iluminado que conducía a la sala de baile e
la muerta
¡La había amado desesperadamente! ¿Por qué se ama? Cuán extraño es ver un solo ser en el mundo, tener un solo pensamiento en el cerebro, un solo deseo en el
la noche
Amo la noche con pasión. La amo, como uno ama a su país o a su amante, con un amor instintivo, profundo, invencible. La amo con todos mis sentidos, con mis
la pequeña roque
I El cartero Mederic Rompel, al que todo el mundo en el pueblo llamaba familiarmente Mederi, salió a la hora de siempre de la casa de Correos de Rouy-le-Tor
la puerta
-¡Ah! -exclamó Karl Massouligny- he aquí una cuestión difícil, ¡la de los maridos complacientes! Desde luego, yo he visto de todos los tipos y no sabría dar
la señora baptiste
Cuando entré en la sala de espera de la estación de Loubain, mi primera mirada fue para el reloj. Tenía que esperar el expreso para París dos horas y diez m
la señora hermet
Los locos me atraen. Esas personas viven en un país misterioso de sueños extraños, en la nube impenetrable de la demencia en la que todo lo que han visto so
la señorita perla
I Qué extraordinaria idea había tenido, realmente, esa noche, de elegir por reina a la señorita Perla. Voy todos los años a celebrar Noche de Reyes a la cas
la tía sauvage
I Quince años habían pasado desde mi última visita a Virelogne. Esta vez fui durante el otoño, para cazar, y me hospedé en el palacio de mi amigo Serval, qu
la tos
Para Armand Silvestre Mi querido colega y amigo Tengo una pequeña historia para usted, un cuentecillo anodino. Espero que le guste si es que llego a contarl
la tumba
El diecisiete de julio de mil ochocientos ochenta y tres, a las dos y media de la mañana, el guardián del cementerio de Béziers, que habitaba un pequeño pab
las bodas del lugarteniente laré
Desde el comienzo de la campaña, el lugarteniente Laré arrebató a los prusianos dos cañones. Su general le dijo: “Gracias, lugarteniente”, y le entregó la c
las caricias
No, amigo mío, no piense usted más en ello. Lo que me pide es una cosa que me subleva y me repugna. Diríase que Dios…, porque yo creo en Dios…, se propuso e
las joyas
El señor Lantín la conoció en una reunión que hubo en casa del subjefe de su oficina, y el amor lo envolvió como una red. Era hija de un recaudador de contr
las sepulcrales
Estaban acabando de cenar. Eran cinco amigos, ya maduros, todos hombres de mundo y ricos; tres de ellos casados, los otros dos solteros. Se reunían así todo
las tumbales
Estaban acabando de cenar. Eran cinco amigos, ya maduros, todos hombres de mundo y ricos; tres de ellos casados, los otros dos solteros. Se reunían así todo
lo horrible
La tibia noche descendía lentamente. Las mujeres se habían quedado en el salón de la quinta. Los hombres, sentados o a horcajadas en las sillas del jardín,
los alfileres
-¡Ay, amigo mío, qué marrajas son las mujeres! -¿Por qué dices eso? -Es que me han jugado una pasada abominable. -¿A ti? -Sí, a mí. -¿Las mujeres o una muje
los prisioneros
En el bosque sólo se oía el ligero murmullo de la nieve cayendo sobre los árboles. Caía desde el mediodía, una nievecita menuda que empolvaba las ramas con
los reyes
¡Ah!, dijo el capitán, conde de Garens. ¡Claro que me acuerdo de aquella cena de Reyes durante la guerra! Yo era entonces sargento de húsares, y hacía quinc
los zuecos
El anciano cura lanzaba atropelladamente los últimos párrafos de su sermón por encima de los gorros blancos de las campesinas y de los cabellos de los campe
luna de miel
Personajes: La señora Rivoil, cincuenta años La señora Bevelin, sesenta años Un salón. Sobre el velador, un libro abierto: La canción de los recién casados,
mademoiselle fifí
El conde de Farlsberg -teniente coronel y comandante prusiano- acababa de leer su correo arrellanado en un amplio sillón de tapiz, con sus botas sobre el re
magnetismo
Era al final de una cena de hombres, a la hora de los interminables cigarros y de las incesantes copitas, en medio del humo y el cálido torpor de las digest
mi tío sosthéne
E1 tío Gregorio era un librepensador como hay muchos, librepensador de puro ignorante. Por el mismo camino llegan otros a ser creyentes. Ver a un sacerdote
minué
-Las grandes desgracias no me impresionan. He visto muy de cerca la guerra y he pasado sin emocionarme por encima de montones de cadáveres -decía Juan Bride
miseria humana
Jean d´Espars se animaba: -Déjenme en paz con esa tonta felicidad, esa dicha de imbéciles que satisface una simpleza cada vez más vulgar, un vaso de v
miss harriet
Éramos siete en el coche: cuatro mujeres y tres hombres; uno iba en el pescante, junto al cochero; los caballos ganaban al paso la empinada pendiente sobre
mohamed el golfo
-Tomamos café en el techo? -preguntó el capitán. Yo respondí: -Sí, claro. Se levantó. La sala, iluminada solamente por el patio interior, a la moda de las c
moiron
Como seguían hablando de Pranzini, el señor Maloureau, que había sido fiscal del Supremo con el Imperio, nos dijo: -¡Oh! Yo intervine, en tiempos, en un asu
mongilet
En la oficina, Mongilet pasaba por ser un tipo especial. Era un empleado antiguo, buena persona, que no había salido de París nada más que una vez en su vid
nochebuena
—¡La Nochebuena! ¡Ah la Nochebuena! Jamás celebraré yo la Nochebuena… Y Enrique Templier decía esto con una voz tan furiosa como si se le propusiera una inf
opinión pública
Como acababan de dar las once, los señores empleados, temiendo la llegada del jefe, se apresuraban dirigiéndose a sus despachos. Cada uno echaba una mirada
petición de un vividor a su pesar
SEÑORES PRESIDENTES DE LOS TRIBUNALES, SEÑORES MAGISTRADOS, SEÑORES MIEMBROS DE JURADOS. Ahora que ya estoy desinteresado del asunto, vista mi edad y mis ca
pierrot
La señora Lefèvre era una dama pueblerina, una viuda, una de esas semicampesinas de lazos y sombreros adornados, una de esas personas que cecean, que
primera nieve
El extenso paseo de la Croisette se curva a orillas del mar azul. Allá lejos, a la derecha, el Esterel se adentra en el agua, y corta la vista, cerrando el
recuerdo
…Desde la víspera no habíamos comido nada. Durante todo el día, permanecimos ocultos en un granero, apretados unos contra otros para tener menos frío, los o
restos del naufragio
Me gusta el mar en diciembre, cuando los extranjeros se han marchado, pero me gusta, lógicamente, de un modo sobrio. Acabo de pasar tres días en lo que se l
san antonio
Lo llamaban “San Antonio” porque, además de llamarse Antonio, era bondadoso, alegre, bromista, buen bebedor y vigoroso perseguidor de mozas, a pesar de sus
sobre el agua
El verano pasado había alquilado una casita de campo a orillas del Sena, a varias leguas de París, e iba a dormir allí todas las noches. Al cabo de unos día
sobre las nubes
En el verano de 1888, Guy de Maupassant realizó una ascensión en el globo aerostático El Horla. La crónica de ese viaje, incluida a continuación, fue public
soledad
Ocurrió después de una cena de antiguos camaradas. Habíamos estado muy animados. Uno de ellos, un viejo amigo, me dijo: —¿Quieres subir andando por los Cham
sueños
Fue después de una cena de amigos, de viejos amigos. Eran cinco: un escritor, un médico, y tres solteros ricos sin profesión. Se había hablado de todo, y se
suicidas
No pasa un día sin que aparezca en los periódicos la relación de algún suceso como éste: “Anoche, los vecinos de la casa número tal de la calle tal oyeron d
tombuctú
El bulevar, ese río de vida, bullía en el polvo de oro del sol poniente. Todo el cielo estaba rojo, cegador; y, por detrás de la Madeleine, una inmensa nube
un ardid
El médico y la enferma charlaban al lado del fuego que ardía en la chimenea. La enfermedad de Julia no era grave; era una de esas ligeras molestias que aque
un bandido corso
El camino ascendía suavemente hacia el centro del bosque de Altone. Los desmesurados abetos formaban sobre nuestras cabezas una bóveda quejumbrosa, dejaban
un caso de divorcio
El abogado de la señora Chassel tiene la palabra y dice: “Señor presidente: Señores magistrados: El pleito de cuya defensa estoy encargado constituye más bi
un cobarde
Le llamaban las gentes “el guapo mozo”, y era su nombre José Gontrán de Signoles. Huérfano y dueño de una fortuna bastante considerable, “hacía papel”, como
un día de campo
Tenían proyectado hacía cinco meses salir a almorzar en los alrededores de París el día del santo de la señora Dufour, que se llamaba Pétronille. Por ello,
un drama verdadero
«Lo verdadero puede a veces no ser verosímil» Boileau, Art poétique, III, 48 Decía yo el otro día, en este lugar, que la escuela literaria de ayer se servía
un duelo
La guerra había acabado; los alemanes ocupaban Francia; el país palpitaba como un luchador vencido caído a los pies del vencedor. De un París desquiciado, h
un golpe de estado
París acababa de enterarse del desastre de Sedan. Se proclamaba la República. Francia entera jadeaba al comienzo de esa demencia que duró hasta después de l
un hijo
La alegre primavera derramaba vida en el jardín lleno de flores por el que se paseaban los dos antiguos amigos, senador el uno, miembro de la Academia Franc
un ladrón afortunado
Estaban sentados en el comedor de un hotel de Barbizón. —Si se lo cuento, no me van a creer. —Bueno, cuéntalo, de todos modos. —De acuerdo, se lo contaré. P
un normando
Acabábamos de dejar a Ruán y marchábamos a trote largo por la carretera de Jumiéges. El coche avanzaba ligero, cruzando praderas; al empezar a subir la cues
un regalo de año nuevo
Después de haber cenado solo en su casa, Jacques de Randal dijo a su ayuda de cámara que podía retirarse y se sentó ante su escritorio para escribir cartas.
un viejo
Todos los periódicos habían insertado este anuncio: “La nueva estación balneario de Rondelis ofrece ventajas deseables para una estancia prolongada e inclus
una aventura parisiense
¿Existe en la mujer un sentimiento más agudo que la curiosidad? ¡Oh! ¡Saber, conocer, tocar lo que se ha soñado! ¿Qué no haría por ello? Una mujer, cuando s
una carta
En nuestro oficio, recibimos a menudo cartas y no hay cronista que no haya comunicado al público alguna epístola de estos lectores desconocidos. Veremos un
una cena de nochebuena
No sé exactamente el año. Llevaba todo un mes cazando por aquellos lugares con un brío impetuoso y una alegría salvaje, con ese ardor que se tiene para las
una estratagema
El médico y la enferma charlaban al lado del fuego que ardía en la chimenea. La enfermedad de Julia no era grave; era una de esas ligeras molestias que aque
una familia
Iba a volver a ver a mi amigo Simón Radevin, que no había visto desde hacía quince años. En otros tiempos fue mi mejor amigo, el amigo de mis pensamientos,
una sorpresa
Nosotros, mi hermano y yo, fuimos educados por nuestro tío el abad Loisel, “el cura Loisel” como nosotros lo llamábamos. Habiendo fallecido nuestros padres
una vendetta
La viuda de Pablo Savarini habitaba sola con su hijo en una pobre casita de los alrededores de Bonifacio. La población, construida en un saliente de la mont
una venganza
La viuda de Paolo Saverini vivía sola con su hijo en una pobre casa de las afueras de Bonifacio. La ciudad, construida en un saliente de la montaña, por alg
una viuda
Ocurrió el suceso, durante la época de caza, en el Castillo de Banneville. El otoño era lluvioso y triste; las hojas secas, en vez de crujir bajo los pies,
vanos consejos
Mi querido amigo, el consejo que me pides es difícil de dar. Tienes, pues, un lío amoroso que no eres capaz de deshacer y que me parece que se encuentra en
viaje de novios
Personajes: La señora Rivoil, cincuenta años La señora Bevelin, sesenta años Un salón. Sobre el velador, un libro abierto: La Canción de los recién casados,
viaje de salud
El señor Panard era un hombre prudente que a todo temía en la vida. Tenía miedo a los contratiempos, a los fracasos, a los carruajes, a los ferrocarriles, a
¡mozo, un bock!
¿Por qué se me ocurrió entrar aquella noche en la cervecería? Lo ignoro. Hacía frío. Una llovizna, remolinos de polvillo de agua envolvían los faroles de ga
¡salvada!
La Marquesa de Reunedón entró como una exhalación y empezó a reír a carcajadas, con toda la fuerza de sus pulmones, con tantas ganas como se reía un mes ant
¡solo!
Habíamos comido juntos varios amigos de buen humor, alegres y contentos. Uno de ellos, el más viejo de todos nosotros, me dijo: -¿Quieres que subamos a pie
¿él?
Amigo mío, ¿no lo comprendes? Lo creo. ¿Piensas que me volví loco? Tal vez sí estoy algo loco, pero no por la causa que imaginaste. Sí. Me caso. Ahí tienes.
¿fue un sueño?
¿Por qué se ama? ¿Por qué se ama? Cuán extraño es ver un solo ser en el mundo, tener un solo pensamiento en el cerebro, un solo deseo en el corazón y un sol
¿loco?
¿Estoy loco? O ¿estoy nada más que celoso? Lo ignoro; pero he sufrido horriblemente. Es cierto que mi acción es propia de un loco, de un loco furioso; pero
¿quién sabe?
1 ¡Señor! ¡Señor! Al fin tengo ocasión de escribir lo que me ha ocurrido. Pero ¿me será posible hacerlo? ¿Me atreveré? ¡Es una cosa tan extravagante, tan in