País Relato - Autores

gustav meyrink

amadeus knödlseder, el incorregible buitre de los alpes
-¡Knödlseder, hazte a un lado! -ordenó Andreas Humplmeier, el águila real, apoderándose bruscamente del trozo de carne que la mano dadivosa del guardiá
de cómo el dr. job paupersum le trajo rosas rojas a su hija
En el famoso café de lujo “Stefanie” de Munich, y en altas horas de la noche, se hallaba sentado, rígido, con la mirada perdida, un anciano de aspecto por d
el cardenal napellus
Aparte de su nombre, Hieronymus Radspieller, solo sabíamos de él que vivía año tras año en el castillo semiderruido cuyo propietario, un vasco canoso y siem
el juego de los grillos
-¿Y? -preguntaron los señores al entrar el profesor Goclenius más rápidamente de lo que era su costumbre y visiblemente alterado-. ¿Le entregaron las cartas
la muerte violeta
El tibetano calló. Su desmedrada figura permaneció todavía algún tiempo de pie, erguida e inmóvil, y luego desapareció en la jungla. Sir Roger Thornton mira
la visita de j.h. obereit a las sanguijuelas del tiempo
En el cementerio de la parroquia del pequeño pueblo de Runkel, un lugar apartado, como fuera del mundo, descansaba para toda la eternidad el cuerpo de mi ab
los cuatro hermanos lunares
Para decir quien soy no hace falta decir mucho. De los 25 a los 60 años de edad fui ayuda de cámara del Conde du Chazal. Hasta entonces había sido ayudante
maese leonhard
Maese Leonhard está sentado inmóvil en su sillón gótico, y con los ojos bien abiertos, mantiene su mirada absorta clavada hacia adelante. El reflejo del fue