guillermo cabrera infante
abril es el mes más cruelNo supo si lo despertó la claridad que entraba por la ventana o el calor, o ambas cosas. O todavía el ruido que hacía ella en la cocina preparando el desayuno. La oyó freír huevos primero y luego
balada de plomo y yerroEl Buick, negro, acortó la marcha y rodó una o dos cuadras más, hasta parquear sin ruido bajo un laurel que ocultaba el farol de la esquina y su luz. De delante salió un negro (del mismo peso y ta
cuando se estudia gramáticaAl oír la chicharra, Silvestre empujó la puerta y entró. Subió la escalera en penumbras y al llegar al descanso y mirar a arriba vio a Mariella sonriente. —Creí que ya no venías —dijo ella. —Nada.
el día que terminó mi niñezCuando desperté no reconocí donde estaba. Al fondo había una ventana cerrada y al darme vuelta, mi cara quedó frente a una puerta también cerrada. Por debajo de la puerta se colaba la claridad del
en el gran ecbóLlovía. La lluvia caía con estrépito por entre las columnas viejas y carcomidas. Estaban sentados y él miraba al mantel. —¿Qué van a comer? —preguntó el camarero. «Menos mal que no dijo: ¿Qué vas
jazzCuando volví a ver a Gianni en E1 Jardín crei que no me reconocería. Pero me reconoció bien. Me lo habían presentado una semana antes en una exposición. Me preguntó qué me parecían los cuadros y y
josefina, atiende a los señoresBueno, la cosa es que cuando uno tiene una casa no puede dejarse pasar la mota, porque ya se sabe que camalión que no muerde. Porque, mire, por ejemplo, esa muchacha Josefina. Es de lo mejorsito.
la habana para un infante difuntoLa casa de las transfiguraciones Era la primera vez que subía una escalera: en el pueblo había muy pocas casas que tuvieran más de un piso y las que lo tenían eran inaccesibles. Éste es mi recuerd
la mosca en el vaso de lecheEran dos, no una sola, como al principio había pensado. Su vista era cada día más corta, según creía ella, debido a la costura y no a la vejez. Cuando vio una mancha sobre la cubrecamas pensó que
las puertas se abren a las tresArriba el sol era un hueco en el cielo por donde entraba el mediodía: el amarillo amarillo de los edificios pintados de amarillo y el blanco quemante de las aceras y el malva del asfalto y el negr
mar, mar, enemigoEn oleadas sucesivas, como una continuación de las olas formadas en el mar, le llegó la brisa, fresca, húmeda, evanescente, y con ella vino el rumor del mar y el picante olor a salitre: todo le ll
ostras interrogadasLa muchacha cruzó las piernas y dejó ver sus pantorrillas bien torneadas. No era bonita, pero irradiaba ese atractivo tenaz de animal sano de algunas mujeres jóvenes. Lo más notable de su cara qui
resacaLlegaron de detrás del dagame, proyectados de pronto contra la copa del árbol, extenuados, con el sol del mediodía encarnizado sobre sus cabezas pajizas y el polvo también pajizo ascendiendo desde
tres tristes tigresNOTICIA Los personajes, aunque basados en personas reales, aparecen como seres de ficción. Los nombres propios mencionados a lo largo del libro deben considerarse como pseudónimos. Los hechos está
un nido de gorriones en un toldoAl lado de casa viven dos viejitos y tienen un toldo verde pendiendo sobre la terraza. El toldo está recogido. Nunca lo bajan. Sólo una o dos veces los he visto salir al balcón. Son dos ancianos p
un rato de tenmealláy entonces el hombre dice que ellos dicen que le diga que no pueden esperar mas y entonces y entonces y entonces mama le dijo que eran unos esto y lo otro y que primero la sacaban a ella por delan
viñetas1 Joe se leía y pensaba que el estilo del manifiesto bien podía ser de Martí. Bueno, un Martí a los diecinueve años. Leía y sin atenderlo oía el rumor del sueño de sus tres compañeros. Leía cuando