graham greene
bellezaLa mujer llevaba la frente ceñida con una cinta anaranjada que recordaba el estilo de los años veinte. Su voz destacaba sobre la charla de sus dos compañero
deberes especialesWilliam Ferraro, de Ferraro & Smith, vivía en una gran casa en Montagu Square. Un ala estaba ocupada por su esposa, quien se creía una inválida y obedec
del otro lado del puente—Dicen que tiene un millón —dijo Lucía. Él estaba sentado en la húmeda y caldeada plazuela mexicana, un perro a sus pies y un aire de enorme y desdichada pa
dos personas delicadasEstaban sentados en silencio en un banco del Pare Monceau. Era una prometedora tarde de principios de verano. Una brisa ligera empujaba algunas nubecillas b
el billete de loteríaMr. Thriplow adquirió su primer y último billete de lotería en Veracruz. Había ingerido dos vasos de tequila, a fin de darse ánimos para subir al horroroso
el bolso de viajeEl hombrecito que se acercó al mostrador de información en el aeropuerto de Niza cuando llamaron a “Henry Cooper, pasajero del vuelo a Londres número 105 de
el caso de la defensaFue el juicio por homicidio más extraño al que haya asistido. Lo llamaron “el asesinato Peckham” en los encabezados, aunque la calle Northwood, en donde enc
el doctor crombieUna desafortunada circunstancia de mi vida me ha traído el recuerdo de cierto doctor Crombie y de las conversaciones que solíamos tener durante mi juventud.
el espíaCharlie Stowe esperó hasta escuchar los ronquidos de su madre para salir de la cama. Aun entonces se movió con cautela y caminó de puntillas hasta la ventan
el fin de la fiestaPeter Morton despertó sobresaltado para enfrentar la primera luz. La lluvia golpeteaba contra el vidrio. Era el cinco de enero. Miró, por encima de una mesa
el final de la fiestaPeter Morton se despertó sobresaltado al enfrentarse con la primera luz del día. A través de la ventana, podía ver una rama desnuda inclinándose en un marco
el inocenteFue un error llevar a Lola. Lo supe en el momento en que bajamos del tren en la pequeña estación pueblerina. En un anochecer de otoño uno recuerda más de la
griego equivale a griego1 Cuando el boticario cerró su botica en la noche, atravesó una puerta al fondo del pasillo que le servía tanto a él como a los departamentos de arriba, y d
hermanoLos primeros que aparecieron fueron los comunistas. Caminaban de prisa, en un grupo de unos doce, subiendo el bulevar que va de Combat a Ménilmontant; un jo
hombres trabajandoRichard Skate se ausentó un par de horas del Ministerio para ver si su casa seguía en pie, tras la incursión aérea de la noche anterior. Era un hombre delga
jubileoEl señor Chalfont planchó sus pantalones y su corbata. Luego dobló la tabla de planchar y la guardó. Era alto y había conservado la figura. Se veía distingu
la habitación del sótano1 Cuando la puerta principal se cerró detrás de ellos y el mayordomo Baines regresó al pesado y oscuro corredor, Philip comenzó a vivir. Se paró frente a la
la película—Los demás sí se divierten —dijo la señora Carter. —Bueno —repuso su esposo—, nosotros hemos visto… —El Buda reclinado, el Buda esmeralda, los mercados flot
la prueba irrefutableLa voz cansada continuó. Parecía vencer enormes obstáculos para hablar. Este hombre está enfermo, pensó el coronel Crashaw con lástima e irritación. Cuando
la raíz de todo malFue mi padre quien me contó la historia. La había oído directamente de su padre, hermano de uno de los participantes. De lo contrario, dudo que hubiese creí
la segunda muerteMe encontró al anochecer bajo los árboles que crecían en las afueras del pueblo. Nunca me había caído bien, y me hubiera escondido si la hubiera visto venir
los destructores1 Fue la víspera del Día Feriado de Agosto cuando el último recluta se convirtió en el jefe de la pandilla de Wormsley Common. A ninguno le causó sorpresa e
los invisibles caballeros japonesesHabía ocho caballeros japoneses que comían pescado en el restaurante de Bentley. Apenas se hablaban en su incomprensible idioma, pero cuando lo hacían era c
manos muertasCuando Carter cumplió cuarenta y dos años pensó que era maravillosa la paz, la seguridad de un matrimonio genuino. Y hasta disfrutó con cada detalle de la c
más barato en agostoI Era más barato en agosto: el sol, los arrecifes de coral, el bar con cañas de bambú, los calipsos… Todo estaba a precios reducidos, como los artículos alg
párrafos trocadosUna vez estaba tendido en la cama del dormitorio, llorando bajo las sábanas porque era la primera semana del trimestre y todavía faltaban doce infinitas sem
pena en tres tiemposI Era el mes de febrero en Antibes. Ráfagas de lluvia barrían las murallas y las flacas estatuas de la terraza del castillo Grimaldi chorreaban agua. Se oía
terrible, cuando piensa uno en elloCuando el niño me miró y guiñó los ojos desde su cesto de mimbre, depositado en el asiento frente al mío y en algún lugar entre Reading y Slough, me sentí i
un accidente absurdoI Un jueves por la mañana, en el descanso entre la segunda y la tercera clase, Jerome fue citado a la oficina del encargado de curso. Jerome no temía verse
un día ganadoMe le pegué de cerca cual una sombra, como diría la gente. Aunque eso es absurdo. No soy una sombra. Puedes sentirme, tocarme, oírme, olerme. Soy Robinson.
un indicio de explicaciónUn largo recorrido por tren un anochecer a fines de diciembre es, en esta nueva versión de la paz, una experiencia lúgubre. Supongo que mis compañeros de vi
un paseo por el campoComo todas las demás noches escuchó que su padre recorría la casa asegurando puertas y ventanas. Era jefe de oficina en la Agencia de Exportación Bergson, y
una oportunidad para el señor leverEl señor Lever se golpeó la cabeza contra el techo y soltó una palabrota. Arriba se almacenaba arroz, y en la oscuridad las ratas empezaban a merodear. Algu
una salita cerca de la calle edgwareBajo la suave llovizna estival, Craven pasó junto a la estatua de Aquiles. Acababan de encender las luces, pero ya los coches se apiñaban en dirección de Ma
¡ay del mísero maling!¡Pobre inofensivo e ineficaz Maling! No es mi intención que se rían de Maling y de su borborigmia, como se sonreían los médicos cuando los consultaba, como
¿puede prestarnos a su marido?I Nunca oí que su marido o los dos hombres que se hicieron sus amigos la llamaran de otro modo que “Poopy”. Quizás yo estuviera un poco enamorado de ella (a