frank belknap long
el hombre de las mil piernasAlguien llamaba violentamente a la puerta de ml habitación. Comoquiera que eran ya pasadas las doce y aún no habla podido dormirme, el alboroto no me cayó muy bien. -¿Quién anda ahí? -pregunté. -U
el horror de las colinas1. La llegada de la bestia de piedra. En una habitación larga y de techo bajo adornada con antigüedades egipcias, grecorromanas, minoicas y asirias, un joven de veintiséis años, delgado y aparente
las bestias oscurasPeter se inclinó y examinó la rana. Estaba muerta. Yacía entre los guijarros al borde del arroyo, y sus largas piernas estaban rígidas y violentamente separadas. -Quién puede querer hacerle daño a
los devoradores de cerebrosStephen Williamson, antropólogo y arqueólogo, se paró junto a la barandilla del Morning Star y observó cómo la tenue forma gris del bote se despojaba de su nebulosa indistinción mientras el sol pe
los devoradores del espacioEl horror llegó a Partridgeville en forma de niebla impenetrable. Toda aquella tarde, los espesos vapores del mar se habían arremolinado y remansado alrededor de la granja, y la humedad flotaba en
los perros de tíndalos1 —Me alegro de que haya venido —dijo Chalmers. Estaba sentado junto a la ventana y tenía el semblante muy pálido. Dos altas velas que goteaban cerca de su codo arrojaban una luz enfermiza y ambar