PAIS RELATO

Libros de francis scott fitzgerald

Autores

francis scott fitzgerald

a tu edad
I Tom Squires entró en la tienda a comprar un cepillo de dientes, una lata de polvos de talco, un elixir bucal, jabón Castile, sales de Epsom y una caja de puros. Después de muchos años viviendo s
absolución
I Érase una vez un sacerdote de ojos fríos y húmedos que, en el silencio de la noche, derramaba frías lágrimas. Lloraba porque las tardes eran cálidas y largas y era incapaz de conseguir una absol
algo más que una casa
I Era una de las costumbres de Lew… Y ya llevaba corrido lo suyo. Entrabas a un recibidor, a veces estrecho, estilo colonial de Nueva Inglaterra, a veces prudentemente espacioso. Una vez en el rec
amor en la noche
I Aquellas palabras conmovieron a Val. Le habían venido a la cabeza de pronto, aquella tarde de abril fresca y dorada, y se las repetía una y otra vez: “Amor en la noche; amor en la noche”. Las pr
bancarrota emocional
I —Ahí está otra vez ese idiota con el catalejo —señaló Josephine. Lillian Hammel, en el sofá, se liberó del cojín de encaje que tenía en la cintura y se acercó a la ventana—. Se esconde para que
basil y cleopatra
I Cualquier sitio donde ella estuviera, para Basil se convertía en un lugar precioso y encantado, aunque él no lo considerara así. Pensaba que la fascinación era inherente al lugar, y mucho tiempo
berenice se corta el pelo
Los sábados, cuando se hacía de noche, desde el primer tee del campo de golf veías las ventanas del club de campo como una línea amarilla sobre un océano negrísimo y ondulante. Las olas de ese océ
cabeza y hombros
I En 1915 Horace Tarbox tenía trece años. Por aquellas fechas hizo el examen de ingreso en la Universidad de Princeton y consiguió las más altas calificaciones en materias como César, Cicerón, Vir
corto viaje a casa
Yo estaba cerca de ella porque me había rezagado a propósito para acompañarla a dar un breve paseo: desde el cuarto de estar a la puerta de la calle. Ya era bastante, pues ella había florecido de
dados, nudillos de hierro y guitarra
Zonas enteras de Nueva Jersey, como todo el mundo sabe, se encuentran bajo el agua, y otras se encuentran bajo la vigilancia permanente de las autoridades. Pero aún sobreviven, desperdigadas aquí
diamante dick y el primer derecho de la mujer
Cuando Diana Dickey regresó de Francia en la primavera de 1919, sus padres consideraron que su nefando pasado había sido expiado. Había prestado servicio durante un año en la Cruz Roja y al parece
domingo loco
I Era domingo, no un día, sino más bien un intervalo entre dos días. Y para todos quedaban atrás platos y secuencias, las largas esperas bajo la jirafa de la que pendía el micrófono, los ciento se
dos errores
I —Mírame los zapatos —dijo Bill—. Veintiocho dólares. El señor Brancusi los miró. —Chachi —dijo. —Hechos a medida. —Ya sabía que eras elegantísimo. No me habrás hecho venir solo para enseñarme lo
el deseo de navidad de pat hobby
Eran las vísperas de Navidad en los estudios. Hacia las once de la mañana, Santa Claus había llegado trayendo regalos para toda aquella población agitada. A cada cual con arreglo a sus gustos y de
el desprecio
I Aquí y allá, en rincones donde no daba el sol, aún se ocultaban restos de nieve bajo una capa de carbonilla, pero los hombres, que desmontaban los postigos contra la tormenta, trabajaban en mang
el diamante tan grande como el ritz
I John T. Unger descendía de una familia notable, desde hacía varias generaciones, en Hades, pequeña ciudad en la ribera del Misisipí. El padre de John había conservado el título de campeón de gol
el estadio
I Había uno en mi curso, en Princeton, que nunca iba al fútbol. Pasaba las tardes de los sábados investigando minucias sobre los deportes en Grecia y los combates frecuentemente amañados entre cri
el extraño caso de benjamin button
I Hasta 1860 lo correcto era nacer en tu propia casa. Hoy, según me dicen, los grandes dioses de la medicina han establecido que los primeros llantos del recién nacido deben ser emitidos en la atm
el gominola
I Jim Powell era un gominola. Por mucho que yo quiera convertirlo en un personaje atractivo, creo que sería poco escrupuloso engañaros sobre este punto. Testarudo, gominola de pura cepa en un nove
el joven rico
I Empieza con un individuo y, antes de que te des cuenta, te encontrarás con que has creado un tipo; empieza con un tipo y te encontrarás con que has creado… nada, absolutamente nada. Y es que tod
el palacio de hielo
I La luz del sol se derramaba sobre la casa como pintura dorada sobre un jarrón artístico, y las manchas de sombra aquí y allá solo intensificaban el rigor del baño de luz. Las casas de los Butter
el pirata de la costa
I Esta historia inverosímil empieza en un mar que era como un sueño azul, de un color tan vivo como el de unas medias de seda azul, y bajo un cielo tan azul como el iris de los ojos de los niños.
financiando a finnegan
I Finnegan y yo tenemos el mismo agente literario para que venda nuestros libros, pero, aunque he estado muchas veces en el despacho del señor Cannon inmediatamente antes e inmediatamente después
la boda
I Era la acostumbrada nota poco sincera: “Quería que fueras el primero en saberlo”. Fue un doble golpe para Michael, pues anunciaba a la vez el compromiso y la boda inminente, una boda que, además
la década perdida
Personas de todo tipo entraban en la redacción del semanario y Orrison Brown mantenía toda clase de relaciones con ellas. Cuando acababa el horario de oficina era “uno de los redactores—jefe”, per
la escala de jacob
I Era un juicio por asesinato, un juicio sórdido y vil, y Jacob Booth, sentado entre el público, sufriendo en silencio, sentía que, como un niño, había devorado ávidamente algo sin tener hambre, s
la niña del hotel
I Es un lugar en el que instintivamente explicas por qué estás allí—“Ah, sí, estoy aquí porque…”— y, si no surte efecto, resultas ligeramente sospechoso, porque este rincón de Europa no atrae a na
la primera herida
I —¡Me acuerdo de cómo venías a buscarme desesperada cuando Josephine tenía unos tres años! —exclamó la señora Bray—. George estaba de mal humor porque aún no había decidido a qué dedicarse, y sol
la sombra atrapada
I Basil Duke Lee cerró la puerta de la calle a sus espaldas y encendió la luz del comedor. La voz de su madre le llegó soñolienta a través de las escaleras. —Basil, ¿eres tú? —No, mamá, es un ladr
la tarde de un escritor
I. Cuando despertó se sentía mejor de lo que se había sentido en muchas semanas: simplemente no se sentía enfermo. Se apoyó un momento en el marco de la puerta que separaba su dormitorio y el baño
la última belleza
I Después de la exquisita y teatral interpretación de los encantos del Sur que nos ofreció Atlanta, todos menospreciábamos Tarleton. Era un poco más caluroso que cualquiera de los sitios donde hab
lo más sensato
I A la hora de la comida, Hora Fundamental en Estados Unidos, el joven George O’Kelly ordenó su escritorio pausadamente y con fingido aire de interés. Nadie en la oficina debía notar que tenía pri
los nadadores
I En la Place Benoît se cocía lentamente al sol de junio la nube de gasolina de los tubos de escape. Era algo terrible, pues, a diferencia del calor puro, no prometía ninguna fuga al campo:
majestad
I Lo extraordinario no es que la gente en el transcurso de su vida empeore o mejore tal como habíamos vaticinado; así es de esperar, sobre todo en América. Lo extraordinario es que la gente se man
pongan agua a hervir, mucha, mucha
Pat Hobby estaba sentado en su despacho en el edificio de los escritores y repasaba el trabajo de la mañana, que acababa de devolverle el departamento de guiones. Se dedicaba a corregir el trabajo
primero de mayo (s.o.s.)
Había habido una guerra, librada y ganada, y arcos triunfales atravesaban la gran ciudad de los vencedores, impresionante, llena de flores blancas, rojas y rosas que arrojaba la multitud. Duranre
rags martin-jones y el príncipe de gales
I El Majestic entró suave y silenciosamente en el puerto de Nueva York una mañana de abril. Despreció a los remolcadores y a los transbordadores lentos como tortugas, hizo un guiño a una pequeña e
regreso a babilonia
-¿Y dónde está el señor Campbell? -preguntó Charlie. -Se ha ido a Suiza. El señor Campbell está bastante enfermo, señor Wales. -Lo lamento. ¿Y George Hardt? -preguntó Charlie. -Ha vuelto a Estados
seis a uno
Barnes miraba desde lo alto de las escaleras el amplio vestíbulo, el salón de la casa y aquel grupo de jóvenes. Su amigo Schofield les hacía algún comentario benévolo, y Barnes no quería interrump
sueños de invierno
I Algunos de los caddies del campo de golf eran más pobres que las ratas y vivían en casas de una sola habitación con una vaca neurasténica en el patio, pero el padre de Dexter Green era el dueño
tiernamente adorables
¡Ah, mi Chico Lindo, tan divino lector de Platón! ¡Ah, oscuro, leal, campeón de golf de los negros de Chicago! Siguiendo la vía se adentra en la noche, camarero del vagón restaurante, para, más ta
último beso
I Era una sensación agradabilísima estar en la cima. Tenía la certeza de que todo era perfecto, de que las luces brillaban sobre bellas damas y hombres valientes, de que los pianos nunca desafinab
un viaje al extranjero
I Por la tarde las langostas ennegrecieron el cielo, y algunas mujeres chillaron, arrojándose al suelo del autobús y cubriéndose el pelo con mantas de viaje. Las langostas venían del norte, y devo
uno de mis más viejos amigos
Marion se había sentido feliz toda la tarde. Vagaba de una habitación a otra del pequeño apartamento, entrando en el cuarto de los niños para ayudar a la niñera a darles de comer con cucharas chor
vida nueva
I Fue el primer día en que hizo el calor necesario para comer al aire libre en el Bois de Boulogne, mientras las flores de los castaños llovían oblicuamente sobre las mesas y caían con insolencia
¡qué hermosa pareja!
I A las cuatro de una tarde de noviembre de 1902, Teddy van Beck se apeó de un cabriolé frente a una casa de piedra caliza en Murray Hill. Era un joven alto, ancho de hombros, con una cara delicad