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Libros de fiódor dostoyevski

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fiódor dostoyevski

cocodrilo: un evento extraordinario
I Eran las doce y media del trece de enero del presente año de mil ochocientos sesenta y cinco cuando Elena Ivánovna, esposa de Iván Matvéich, erudito amigo mío, colega y algo pariente, aunque lej
el árbol de navidad y una boda
Hace un par de días asistí yo a una boda… Pero no… Antes he de contarles algo relativo a una fiesta de Navidad. Una boda es, ya de por sí, cosa linda, y aquella de marras me gustó mucho… Pero el o
el corazón débil
Bajo el mismo techo, en la misma casa, en un cuarto piso, vivían dos jóvenes funcionarios, Arcadi Ivánovich Nefédevich y Vasia Shumkov… El autor, lógicamente, se ve en la obligación de explicar al
el gran inquisidor
Han pasado ya quince siglos desde que Cristo dijo: “No tardaré en volver. El día y la hora, nadie, ni el propio Hijo, las sabe”. Tales fueron sus palabras al desparecer, y la Humanidad le espera s
el ladrón honrado
Una mañana, cuando ya me disponía a dirigirme a mis tareas, entró en mi habitación Agrafena, mi cocinera, lavandera y ama de llaves, y, para mi sorpresa, se dirigió a mí. Hasta aquel momento era u
el niño en el árbol de navidad de cristo
Yo soy novelista y, al parecer, he inventado una «historia». ¿Por qué digo «al parecer», si sé con certeza que la he inventado? Y sin embargo no dejo de imaginarme que algo así ocurrió realmente,
el pequeño héroe
Por aquel entonces no tendría yo más de once años. En julio me enviaron a pasar una temporada a un pueblo de los alrededores de Moscú, donde un pariente llamado T…ov, en cuya casa se habían reunid
el señor projarchin
En el rinconcito más oscuro y modesto del piso de Ustinia Fiódorovna se alojaba Semión Ivánovich Projarchin, un hombre ya entrado en años, formal y que no bebía. Teniendo en cuenta que el señor Pr
el sueño de un hombre ridículo
I Soy un hombre ridículo. Ahora ellos me llaman loco. Y eso podría haberme supuesto un ascenso de grado, sí no me siguieran considerando igual de ridículo que antes. Ahora no me enfado y todos me
la mujer ajena y el marido debajo de la cama
I —¡Permítame hacerle una pregunta, caballero…! El transeúnte se estremeció y ligeramente amedrentado miró al caballero del abrigo de castor que a las ocho de la noche se le acercaba en mitad de l
las noches blancas
Noche primera Hacía una noche extraordinaria, como solo puede hacer, querido lector, cuando somos jóvenes. El cielo estaba tan estrellado y claro que, mirándolo, sin querer te preguntabas: ¿acaso
novela en nueve cartas
I (De Piotr Ivánovich a Iván Petróvich) Respetabilísimo señor y querido amigo, Iván Petróvich: Llevo ya tres días detrás de usted, querido amigo, para hablarle de un asunto muy importante, y no le
polzunkov
Me quedé mirando atentamente a aquel hombre. Hasta en su aspecto externo había algo tan peculiar que, por muy distraído que estuviera uno, involuntariamente obligaba a mirarlo fijamente para estal