evelyn waugh
el hombre al que le gustaba dickensSalvo unas pocas familias de indios shiriana, nadie sabía de la existencia del señor McMaster, pese a que hacía casi sesenta años que vivía en el Amazonas. Tenía su casa en una pequeña sabana —esa
la fiesta que dio bella fleaceBallingar está a cuatro horas y media de Dublín si uno toma el primer tren desde la estación de Broadstone, y a cinco y cuarto si uno espera hasta la tarde. Es ciudad de mercado, la principal pobl
la pequeña salida del señor lovedayI —No encontrarás muy cambiado a tu padre —dijo lady Moping mientras el coche franqueaba la verja del sanatorio del condado. —¿Llevará uniforme? —preguntó Ángela. —No, querida, desde luego que no.