eudora welty
el hombre petrificadoBusque en mi bolso y deme un cigarrillo que no tenga polvos, si es tan amable, señora Fletcher, querida —dijo Leota a su dienta de lavado y peinado de las diez en punto—. No B me gustan nada los c
el lago de la lunaI Desde el principio su martirizada presencia les afectó seriamente. Acabó siendo inquietantemente familiar para ellos escuchar el soplido de desprecio con que tocaba la D trompeta. A veces apenas
el recital de junioI Loch estaba hecho una furia con su madre. Como ella se saliera con la suya, iba a tenerle todo el verano en la cama y tomando Cocoa-Quinina. Loch se puso a chillar y la tuvo allí L esperando, co
flores para marjorieEra de los modestos, los tímidos, los de cabello pajizo; uno de esos que preferían siempre esperar a un lado. Con la cabeza baja, veía la hilera de pies que descansaban junto a los suyos. Más allá
la llaveLa sala de espera de la pequeña y remota estación estaba en silencio, a no ser por el sonido nocturno de los insectos. Se podían escuchar, entre la hierba, afuera, sus movimientos que bordaban la
la lluvia de oroI Esa era la señorita Snowdie MacLain. Viene a recoger la mantequilla, nunca me ha permitido que se la lleve, aunque vive ahí enfrente. Su marido se marchó de casa un buen día y dejó el sombrero a
la novia de «innisfallen»Aquel impermeable tenía algo de pabellón, el modo en que —durante unos instantes, en medio de la multitud— flotaba, con sus rayas de color amarillo y salmón, verticales sobre el A suelo húmedo del
la red grandeI Hazel, la mujer de William Wallace Jamieson, iba a tener un bebé. Pero era octubre y, aunque todavía faltaban seis meses, se comportaba como si fuera a dar a luz al día sigguiente. Cuando él ent
lily daw y las tres damasLa señora Watts y la señora Carson estaban en la oficina de correos de Victory cuando llegó la carta del Instituto Ellisville para Débiles Mentales de Mississippi. Aimee Slocum, aún con L toda la
muerte de un viajanteJ. Bowman, que llevaba catorce años viajando para una empresa de calzado por Mississippi, conducía su Ford por un sendero polvoriento y lleno de rodadas. ¡Qué día tan largo! El tiempo parecía no s
no es lugar para ti, mi amorNo se conocían, como tampoco conocían demasiado bien el lugar; estaban sentados el uno junto al otro en aquella comida: una reunión que se volvió desenfadada cuando los amigos N de él y de ella co
no hay sitio para ti, amor míoNo se conocían, como tampoco conocían demasiado bien el lugar; estaban sentados el uno junto al otro en aquella comida: una reunión que se volvió desenfadada cuando los amigos N de él y de ella co
por qué vivo en la oficina de correosYo me llevaba de maravilla con mamá, Papá-Daddy y el tío Rondo hasta que volvió a casa mi hermana Stella-Rondo, que se había separado de su marido. ¡El señor Whitaker! Fui yo la que salió primero
primer amorLo que quiera que ocurriera sucedió en una época extraordinaria, en un tiempo de sueños, y Natchez vivía el más frío de los inviernos. Una noche de enero de 1807, el viento del norte L sopló con p
sendero trilladoEra diciembre, un día claro y helado, muy temprano. Lejos, por el campo, iba una vieja negra con un harapiento pañuelo rojo a la cabeza, por un sendero que atravesaba un pinar. Se llamaba Phoenix
todo el mundo lo sabeI Madre, me gustaría hablar contigo, dondequiera que estés. Madre dijo: «—¿Dónde has estado, hijo? »—En ningún sitio, madre. »—Me gustaría que no parecieras tan desgraciado, hijo. Podrías volver a
un recorte de prensaHabía estado fuera, bajo la lluvia. Ahora estaba dentro, en la cabaña, delante de la chimenea, las piernas muy separadas, inclinada, moviendo malhumorada la rubia cabeza mojada, como un gato que s
una cortina de follajeDurante el verano, todos los días llovía un poco en Larkin’s Hill. La lluvia era algo regular, y solía empezar hacia las dos de la tarde. Un día el sol brillaba aunque ya casi eran las cinco. Casi
¿de dónde viene la voz?Le dije a mi esposa: “Puedes estirar la mano y apagarla. No tienes que estarte ahí viéndole la cara a un negro si no quieres, o escuchando lo que no quieres oír. Este todavía es un país libre.” Qu