PAIS RELATO

Libros de ernest hemingway

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ernest hemingway

a campo traviesa en la nieve
El funicular se detuvo después de recorrer otro trecho. No podía seguir más allá, ya que la nieve estaba amontonada sólidamente entre los rieles. El vendaval barría la superficie abierta de la mon
algo que tú nunca serás
Nick Adams no había visto a nadie desde que dejó a Fornaci, aunque mientras pedaleaba a lo largo del camino, a través del país tupido de vegetación, pudo alcanzar a ver los cañones escondidos tras
allá en michigan
Jim Gilmore llegó a Hortons Bay procedente de Canadá y compró la herrería al viejo Horton. Era bajo y moreno, con grandes bigotes y manos grandes. Era bueno poniendo herraduras y no tenía mucho as
campamento indio
Habían preparado otro bote en la orilla del lago y dos indios esperaban a su lado. Nick y su padre se colocaron en la popa y los indios pusieron la embarcación en marcha. Uno de ellos remaba. Tío
carrera de persecución
William Campbell mantenía una carrera de persecución con un espectáculo de variedades desde Pittsburgh. En una carrera de persecución, en las carreras de bicicletas, los corredores salen a interva
che ti dice la patria?
El camino del paso era firme y liso, y todavía no estaba polvoriento a primeras horas de la mañana. Debajo se hallaban las colinas con sus robles y castaños, y más lejos, el mar. Al otro lado se e
cincuenta de los grandes
—¿Cómo te encuentras, Jack? —le pregunté. —¿Has visto a ese Walcott? —Sí, acabo de verlo en el gimnasio. —Bueno; voy a necesitar mucha suerte con ese muchacho. —No podrá vencerte, Jack —declaró So
colinas como elefantes blancos
Del otro lado del valle del Ebro, las colinas eran largas y blancas. De este lado no había sombra ni árboles y la estación se alzaba al rayo del sol, entre dos líneas de rieles. Junto a la pared d
después de la tormenta
Fue por una bagatela; algo acerca de la preparación del punch. Luego empezamos a luchar. Resbalé y se lanzó sobre mí poniéndome las rodillas en el pecho mientras me apretaba el cuello con las dos
diez indios
Después de un 4 de julio, Nick, que volvía a casa ya tarde en la gran carreta de Joe Garner tras haber estado en el pueblo, vio a nueve indios borrachos junto a la carretera. Se acordaba de que er
dios les conserve la alegría, caballeros
En aquellos días las distancias eran muy diferentes, el viento levantaba la tierra de las colinas que ahora son terreno llano, y Kansas City se parecía mucho a Constantinopla. Es posible que no lo
el anciano del puente
Un anciano con anteojos de armazón de acero y ropa llena de polvo estaba sentado a un lado del camino. Un puente de pontones atravesaba el río, y carros, camiones, hombres, mujeres y niños cruzaba
el fin de algo
Antes, Horton Bay era un pueblo de madereros y leñadores. Ninguno de sus habitantes estaba libre del ruido de las grandes máquinas de un aserradero que había junto al lago. Pero un año se acabaron
el gato bajo la lluvia
Solo dos norteamericanos paraban en el hotel. No conocían a ninguna de las personas que subían y bajaban por las escaleras hacia y desde sus habitaciones. La suya estaba en el segundo piso, frente
el invicto
Manuel García subió por la escalera hasta la oficina de don Miguel Retana. Dejó la maleta en el suelo y llamó a la puerta, sin que nadie respondiera. A pesar de ello se dio cuenta de que había alg
el jugador, la monja y la radio
Los trajeron alrededor de medianoche y después, durante varias horas, los que estaban en el corredor, oyeron al ruso. —¿Dónde lo hirieron? —preguntó el señor Frazer a la enfermera nocturna. —En el
el luchador
Nick se levantó sin dificultad. Dirigió la mirada a lo largo de la vía, hasta las luces del vagón del conductor del tren de carga, que se perdía de vista en la curva. Había agua a ambos lados de l
el mar cambia
-Está bien -dijo el hombre-. ¿Qué decidiste? -No -dijo la muchacha-. No puedo. -¿Querrás decir que no quieres? -No puedo. Eso es lo que quiero decir. -No quieres. -Bueno -dijo ella-. Arregla las c
el médico y su mujer
Dick Boulton llegó del campamento indio con objeto de cortar troncos para el padre de Nick. Trajo a su hijo Eddy y a otro indio llamado Billy Tabeshaw. Después de atravesar el monte, entraron por
el padre
Ahora, al mirarlo, creo que mi padre nació para ser un tipo gordo, uno de esos gordinflones corrientes que se ven por todos lados. Claro está que nunca estuvo así, excepto al final, y entonces no
el regreso de un soldado
Antes de ir a la guerra, Krebs estuvo en un colegio metodista de Kansas. En una fotografía aparece con los miembros de la fraternidad y todos tienen exactamente el mismo cuello alto característico
el revolucionario
En 1919 viajaba por los ferrocarriles de Italia. En los cuarteles generales del partido le entregaron un trozo de hule escrito con lápiz indeleble en donde se decía que se trataba de un camarada q
el río de los dos corazones
I El tren se perdió de vista tras una de las colinas. Nick se sentó en la mochila con la lona y ropa de cama que el encargado del vagón de equipajes había lanzado por la portezuela. No encontró ni
el señor y la señora elliot
El señor y la señora Elliot hicieron todo lo posible para tener un hijo. Lo intentaron tan a menudo como la señora Elliot podía soportarlo. Lo intentaron en Boston luego de casarse y lo intentaron
el vendaval de tres días
Ya no llovía cuando Nick entró en el camino que atravesaba el huerto. La fruta había sido recolectada y el viento otoñal soplaba entre los árboles desnudos. Nick se detuvo y cogió una manzana caíd
el viejo en el puente
Un viejo con gafas de montura de acero y la ropa cubierta de polvo estaba sentado a un lado de la carretera. Había un pontón que cruzaba el río, y lo atravesaban carros, camiones y hombres, mujere
el viejo y el mar
Era un viejo que pescaba solo en un bote en la corriente del Golfo y hacía ochenta y cuatro días que no cogía un pez. En los primeros cuarenta días había tenido consigo a un muchacho. Pero después
el vino de wyoming
Era una tarde calurosa en Wyoming. Las montañas estaban muy lejos y podían verse sus cumbres nevadas, pero no daban sombra. En el valle, los campos de trigo amarilleaban, el camino estaba polvorie
en el muelle de esmirna
Lo extraño era, dijo, el modo en que gritaban todas las noches a la medianoche. No sé por qué gritaban a esa hora. Estábamos en el puerto y ellos en el muelle y a la medianoche comenzaban a gritar
en otro país
En el otoño la guerra estaba siempre ahí, pero nosotros ya no íbamos. Hacía frío en el otoño en Milán y oscurecía temprano. Luego se encendían las luces y era agradable errar por las calles mirand
escribe un lector
La mujer estaba sentada a la mesa de su dormitorio con un periódico doblado delante y solo interrumpía la lectura para mirar por la ventana y ver la nieve que caía y se derretía en el tejado. Escr
fuera de temporada
Peduzzi se emborrachó con las cuatro liras que había ganado removiendo el jardín del hotel con la azada. Cuando el hombre joven atravesó el sendero, le habló en forma misteriosa. Le dijo que todav
homenaje a suiza
PRIMERA PARTE Retrato del señor Wheeler en Montreux El café de la estación era cálido y luminoso. La madera de las mesas relucía de tan restregada y había cestos de galletitas saladas en bolsas de
hoy es viernes
Tres soldados romanos se hallan en una taberna a las once de la noche. Hay toneles en torno a la pared. Tras la barra de madera hay un tabernero hebreo. Los tres soldados romanos están un poco beb
la breve vida feliz de francis macomber
Era hora de comer y estaban sentados bajo la doble lona verde de la tienda comedor, fingiendo que no había pasado nada. —¿Quieren jugo de lima o limonada? —preguntó Macomber. —Yo tomaré un gimlet
la búsqueda como felicidad
Ese año habíamos planeado pescar marlín en la costa cubana durante un mes. El mes comenzó el 10 de abril y para el 10 de mayo teníamos veinticinco marlines y el alquiler del bote se había terminad
la capital del mundo
Hay en Madrid infinidad de muchachos llamados Paco, diminutivo de Francisco. A propósito, un chiste de sabor madrileño dice que cierto padre fue a la capital y publicó el siguiente anuncio en las
la luz del mundo
Cuando nos vio franquear la puerta, el cantinero levantó la vista, tomó la tapa de cristal y cubrió con ella las dos vasijas de los aperitivos gratuitos. —Dame una cerveza —dije. El cantinero sirv
la madre de un marica
Cuando su padre murió, él no era más que un niño, y su administrador hizo enterrar el cadáver a perpetuidad. Es decir, que estaría en la tumba permanentemente. Pero, cuando falleció su madre, su a
la vida feliz de francis macomber
Era la hora del almuerzo y los tres estaban sentados, bajo el doble toldo verde, a la entrada de la tienda que usaban como comedor, intentado simular que nada había ocurrido. —¿Van a tomar jugo de
las nieves del kilimanjaro
—Lo maravilloso es que no duele —dijo—. Así se sabe cuándo empieza. —¿De veras? —Absolutamente. Aunque siento mucho lo del olor. Supongo que debe molestarte. —¡No! No digas eso, por favor. —Míralo
los asesinos
La puerta de la cafetería Henry’s se abrió y entraron dos hombres. Se sentaron a la barra. —¿Qué desean? —les preguntó George. —No lo sé —dijo uno de los hombres—. ¿Qué quieres comer, Al? —No lo s
padres e hijos
Había una señal de desvío en el centro de la calle principal del pueblo, pero los carros le habían pasado olímpicamente de largo, por lo que, creyendo que se trataba de alguna reparación ya finali
tal como nunca serás
Nick Adams no había visto a nadie desde que dejó a Fornaci, aunque mientras pedaleaba a lo largo del camino, a través del país tupido de vegetación, pudo alcanzar a ver los cañones escondidos tras
tres días de vendaval
La lluvia escampó cuando Nick dobló para enfilar el camino que atravesaba el huerto. Ya habían recogido la fruta, y el viento de otoño soplaba entre los árboles pelados. Nick se detuvo y tomó una
un cambio radical
-Está bien -dijo el hombre-. ¿Qué decidiste? -No -dijo la muchacha-. No puedo. -¿Querrás decir que no quieres? -No puedo. Eso es lo que quiero decir. -No quieres. -Bueno -dijo ella-. Arregla las c
un canario como regalo
El tren pasó rápidamente junto a una larga casa de piedra roja con jardín, y, en él, cuatro palmeras gruesas, a la sombra de cada una de las cuales había una mesa. Al otro lado estaba el mar. El t
un canario para regalar
El tren pasó rápidamente junto a una larga casa de piedra roja con jardín, y, en él, cuatro gruesas palmeras, a la sombra de cada una de las cuales había una mesa. Al otro lado estaba el mar. El t
un cuento muy corto
En las últimas horas de una tarde calurosa lo llevaron a la azotea y desde allí podía dominar toda la ciudad de Padua. Las chimeneas se perfilaban sobre el cielo. La noche tardó poco en llegar y e
un cuento trivial
De modo que comió la naranja lentamente, escupiendo las semillas. Afuera, la nieve se transformaba en lluvia. Dentro, la estufa eléctrica parecía no dar calor; levantándose de su escritorio, se se
un día de espera
Cuando entró al cuarto para cerrar las ventanas, mientras estábamos todavía en la cama, se veía enfermo. Tiritaba, tenía el rostro pálido y caminaba tenuemente, como si le doliera moverse. —¿Qué t
un idilio alpino
Incluso a primera hora te acalorabas cuando bajabas al valle. El sol derretía la nieve de los esquís que cargábamos y secaba la madera. Era primavera en el valle, pero el sol calentaba mucho. Íbam
un lugar limpio y bien iluminado
Era tarde y todos habían salido del café con excepción de un anciano que estaba sentado a la sombra que hacían las ho­jas del árbol, iluminado por la luz eléctrica. De día, la calle estaba polvori
un relato muy corto
En las últimas horas de una tarde calurosa lo llevaron a la azotea y desde allí podía dominar toda la ciudad de Padua. Las chimeneas se perfilaban sobre el cielo. La noche tardó poco en llegar y e
una historia natural de los muertos
Siempre me pareció que se ha omitido la guerra como campo de observación para el naturalista. Tenemos encantadores y exactos relatos y descripciones de la flora y fauna de la Patagonia, escritos p
una sencilla indagación
Afuera, la nieve estaba más alta que la ventana. La luz del sol se filtraba por el cristal y daba en un mapa clavado a la pared de pino de la cabaña. El sol estaba alto y la luz entraba por encima
vendo zapatos
Vendo zapatos de bebé, sin usar.