enrique anderson imbert
alasYo ejercía entonces la medicina en Humahuaca. Un tarde me trajeron un niño descalabrado; se había caído por el precipicio de un cerro. Cuando para revisarlo
aquiles y la tortugaZenón: Homero contó muy bien cómo Héctor huyó al ver que Aquiles se le acercaba: tres veces dio vuelta a las murallas de Troya, y Aquiles siempre persiguién
arte y vidaJack Turpin (Inglaterra, 1750-1785) fue el actor más afamado y difamado en el reino de Jorge III. Afamado por su elegancia de galán en las comedias de Sheri
cuerno y marfilPenélope le dice a Odiseo: -Hay dos puertas para los sueños: una, construida de cuerno; otra, de marfil. Los que vienen por la de marfil nos engañan; los qu
danza macabra iiiCuando Pablo tenía diez años bajó al sótano y vio a su padre ahorcado del techo. El choque fue espantoso: quedó melancólico, estremecido, tartamudo. Pasaron
el besoLa reina de un remoto país del norte, despechada porque Alejandro el Magno había rechazado su amor, decidió vengarse. Con uno de sus esclavos tuvo una hija
el diluvioZeus, para mejorar la raza humana, ordenó a Eolo y Posidón que anegaran la tierra. Diluvió. Mares y ríos se juntaron. Inmensas ciudades inmersas. Los hombre
el fantasmaSe dio cuenta de que acababa de morirse cuando vio que su propio cuerpo, como si no fuera el suyo sino el de un doble, se desplomaba sobre la silla y la arr
el ganadorBandidos asaltan la ciudad de Mexcatle y ya dueños del botín de guerra emprenden la retirada. El plan es refugiarse al otro lado de la frontera, pero mientr
el leve pedroDurante dos meses se asomó a la muerte. El médico refunfuñaba que la enfermedad de Pedro era nueva, que no había modo de tratarse y que él no sabía qué hace
el suicidaAl pie de la Biblia abierta -donde estaba señalado en rojo el versículo que lo explicaría todo- alineó las cartas: a su mujer, al juez, a los amigos. Despué
espiralRegresé a casa en la madrugada, cayéndome de sueño. Al entrar, todo oscuro. Para no despertar a nadie avancé de puntillas y llegué a la escalera de caracol
esquemas de lo posible v—Yo —dijo un fantasma a otro, al encontrarse en el desván de una vieja casona— soy diferente a usted: yo no me morí nunca, yo empecé fingiendo que era un fa
gesta romanorum iiiUn gran crujido y se partió la superficie de la tierra: quedó una profunda brecha, justamente en medio de Roma. Los hombres sintieron que mientras la ciudad
héroes iiAlgunos de los marineros que regresaban de sus largos viajes solían visitar a Simbad, el paralítico. Simbad cerraba los ojos y les contaba las aventuras de
intelligentsia ixCon máquinas calculadoras los técnicos montaron una Academia de Filosofía. Primero eligieron las obras más importantes en la historia del pensamiento. Despu
jasónOdiseo fue el primero en contarlo, pero la verdad es que, antes de conocer a Odiseo, ya Circe había avisado a Jasón que tuviese cuidado al pasar por la isla
la cueva de montesinosSoñó don Quijote que llegaba a un transparente alcázar y Montesinos en persona -blancas barbas, majestuoso continente- le abría las puertas. Solo que cuando
la cueva de platónEl símil de la cueva, en Platón (República, VII), podría contarse de otra manera. Esos hombres han vivido encerrados en una cueva subterránea, de espaldas a
la famaEl poeta la vio pasar, aprisa; y aprisa corrió tras ella y se quejó: -¿Y nada para mí? A tantos poetas que valen menos ya los has distinguido: ¿y a mi cuánd
la fotoJaime y Paula se casaron. Ya durante la luna de miel fue evidente que Paula se moría. Apenas unos pocos meses de vida le pronosticó el médico. Jaime, para c
la granada xviLa mañana se ensombreció, y cuando miró hacia arriba, creyendo encontrar una nube, alcanzó a ver una mano enorme que se retiraba rápidamente detrás del ciel
la granada xxivEl emperador de la China declaró públicamente que a él, y solo a él, debía culpársele por el último eclipse de sol: lo había causado, sin querer, al cometer
la montañaEl niño empezó a treparse por el corpachón de su padre, que estaba amodorrado en la butaca, en medio de la gran siesta, en medio del gran patio. Al sentirlo
la muerteLa automovilista (negro el vestido, negro el pelo, negros los ojos pero con la cara tan pálida que a pesar del mediodía parecía que en su tez se hubiese det
la otraUn hombre vacila entre dos mujeres: se casa con una. Veinte años después, desdichado, consulta a un mago: ¿cómo hubiera sido su vida, de casarse con la otra
la pierna dormidaEsa mañana, al despertarse, Félix se miró las piernas, abiertas sobre la cama, y, ya dispuesto a levantarse, se dijo: “y si dejara la izquierda aquí?” Medit
las estatuasEn el jardín de Brighton, colegio de señoritas, hay dos estatuas: la de la fundadora y la del profesor más famoso. Cierta noche -todo el colegio, dormido- u
las manosEn la sala de profesores estábamos comentando las rarezas de Céspedes, el nuevo colega, cuando alguien, desde la ventana, nos avisó que ya venía por el jard
las últimas miradasEl hombre mira a su alrededor. Entra en el baño. Se lava las manos. El jabón huele a violetas. Cuando ajusta la canilla, el agua sigue goteando. Se seca. Co
licantropíaMe trepé al tren justo cuando arrancaba. Recorrí varios coches. ¡Repletos! ¿Qué pasaba ese día? ¿A todo el mundo se le había ocurrido viajar? Por fin descub
logia de maniáticos ivMuchas veces, en las breves y forzadas paradas en los urinarios, había leído en los tabiques frases escritas por otras manos; y también se había imaginado l
mapasHabía muchos mapas colgados en la escuela. El niño Beltrán los miraba, distraído. En el libro de lectura también había mapas. Tampoco a Beltrán le interesab
noctilucasEzequiel emprendió un largo viaje para ver si así se libraba del Otro. Ya en Puerto Rico, de San Juan fue a la villa de San Germán y por la noche lo pasearo
sadismo y masoquismoEscena en el infierno. Sacher-Masoch se acerca al marqués de Sade y, masoquísticamente, le ruega: -¡Pégame, pégame! ¡Pégame fuerte, que me gusta! El marqués
sententia nominumVerano de 1116. Casa del canónigo Fulbert, en París. Pierre Abélard ve acercarse a Héloïse. Va a abrazarla pero ella lo detiene diciéndole: —No te equi
tabúEl ángel de la guarda le susurra a Fabián, por detrás del hombro: -¡Cuidado, Fabián! Está dispuesto que mueras en cuanto pronuncies la palabra zangolotino.
teologías y demonologíasSamuel Taylor Coleridge soñó que recorría el Paraíso y que un ángel le daba una flor como prueba de que había estado allí. Cuando Coleridge despertó y se en
una plaza en el cieloEtelvina y Luis van a casarse. En vísperas de la boda, Luis muere. Etelvina se resigna porque confía en que volverán a encontrarse en el Cielo. Pasan los añ
vudúCreyéndose abandonada por su hombre, Diansola mandó llamar al Brujo. Sólo ella, que con su fama tenía embrujada a toda la isla Barbuda, pudo haber conseguid