eduardo mallea
conversaciónÉl no contestó, entraron en el bar. Él pidió un whisky con agua; ella pidió un whisky con agua. Él la miró; ella tenía un gorro de terciopelo negro apretánd
esto sí que no podía esperarseI Por una coincidencia, o por un azar, Apestain se halló en posesión del dato. El dato decía poca cosa. Apenas cuatro líneas, escritas con letra grande. Su
historia de una pasión argentinaPREFACIO Después de intentar durante años paliar mi aflicción inútilmente, siento la necesidad de gritar mi angustia a causa de mi tierra, de nuestra tierra
la barca de hieloDe algunas frases y de un tono pertenecientes a un cuento suyo de hace veinticinco años, nacieron en el autor, tanto después, las partes de este libro de im
la causa de jacobo uber, perdidaI Una sola cosa salvaba a Jacobo Uber de la abominación: era esa substancia de sufrimiento con que había amasado su vida y que acabó por destruirlo. Jacobo
la noche enseña a la nocheI No necesita cruzar la bocacalle para ver, diez metros más allá, al claror del foco casi extinto, siendo las ocho de la noche, la doble puerta volante de L
las águilasI Román Ricarte bajó del coche, levantó los ojos, miró, allá arriba, la casa, la hiedra, los quince balcones cerrados al atardecer de diciembre. Nicolás, el
momentum vitaeEl último día de noviembre, mientras caminaba por la calle en medio de una incesante multitud, me encontré de pronto solo. Las terrazas de los cafés estaban
sumersiónAquella ciudad no ofrecía destinos blandos, aquella ciudad marcaba. Su gran sequedad era un aviso; su clima, su luz, su cielo azul mentían. Una riqueza fabu