edmond hamilton
el crepúsculo de los diosesGarth Abbot era absolutamente consciente del peligro que corría en ese lugar envuelto en la noche de la muerte. No necesitaba las advertencias murmuradas por su nervioso compañero acerca de las co
el monstruo-dios de mamurthSalió del desierto, en medio de las tinieblas de la noche, viniendo hacia nosotros, tambaleándose dentro del círculo alumbrado por la fogata, donde cayó exánime al instante. Mitchel y yo nos pusim
el valle de los diosesGarth Abbot era absolutamente consciente del peligro que corría en ese lugar envuelto en la noche de la muerte. No necesitaba las advertencias murmuradas por su nervioso compañero acerca de las co
exilio¡Lo que daría ahora por no haber hablado de ciencia ficción aquella noche! Si no lo hubiéramos hecho, en estos momentos no estaría obsesionado con esa extraña e imposible historia que nunca podrá
involuciónRoss tenía un temperamento muy tranquilo, pero cuatro días de viaje en canoa entre los bosques del norte de Quebec habían empezado a alterarlo. La cuarta vez que tocaron la orilla del río para hac
réquiemKellon pensaba exasperado que no estaba gobernando una astronave, sino un circo ambulante. Llevaba a bordo hombres de la radio y televisión con toneladas de equipo, espléndidos comentaristas que t
terror en la tumbaWalters yacía en el ataúd, a tres metros bajo tierra, y miraba por el cuadrado conducto de aire el trozo de cielo que se descubría. En el otro extremo del conducto apareció el rostro de Charlie Ru
tierra extraña1. Vida ralentizada El muerto estaba de pie en un pequeño claro iluminado por la luna en mitad de la jungla, donde Farris lo había encontrado. Era un hombrecillo aceitunado vestido con una tela de