earl peirce jr.
a las doce en puntoEl afanoso heredero quiso romper el convenio existente entre la familia y el viejo reloj... y pagó su delito. En el reloj del abuelo eran las doce menos cuarto. Entre la manecilla que marcaba las
la maldición de la casa duryeaArthur Duryea, un hombre joven y apuesto, se encontró con su padre por primera vez en veinte años. Mientras entraba en el vestíbulo del hotel —con largas y elásticas zancadas—, unos ojos ociosos s