PAIS RELATO

Libros de cristina peri rossi

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cristina peri rossi

de hermano a hermana
Cada vez que miro a mi hermana pienso en mamá. Y sé que hubiera preferido que mi madre fuera ella, mi hermana, y no la otra, tal vez mi madre hubiera podido ser mi hermana y yo no notaría tanto la
el club de los indecisos
Los indecisos saben que cualquier decisión es parcialmente equivocada, no por el sentido de la misma, sino por el mero hecho de elegir. Es tan impertinente, en todo caso, salir o no salir a la cal
el testigo
Me crie entre las amigas de mi madre. No sé cuántas fueron, ni siquiera puedo decir que las recuerdo a todas, pero de algunas no me he olvidado, y, aunque no las haya vuelto a ver, o solo aparezca
en la playa
El agua golpeaba contra las rocas y la espuma se levantaba en el aire, lamiendo las piedras. El paisaje era perfecto, porque la iglesia estaba iluminada y la luna llena. Habían llegado dos días an
la carrera
Ella le preguntó: —¿A qué te dedicas? Él sintió una especie de turbación. Nunca, antes, había temblado, ante una mujer ni ante nadie, al decir: —Soy ciclista. Lo dijo en voz baja, como si en lugar
la rebelión de los niños
Nos conocimos por casualidad en una exposición de arte, en la planta baja del edificio. La exposición la organizaba el Centro de Expresión Infantil y allí estaban reunidos una serie de objetos exp
punto final
Cuando nos conocimos, ella me dijo: «Te doy el punto final. Es un punto muy valioso, no lo pierdas. Consérvalo, para usarlo en el momento oportuno. Es lo mejor que puedo darte y lo hago porque me
sí, quiero
—¿Dónde está mi pene? —grité angustiadamente a las diez de la mañana de un grisáceo día primaveral. Había amanecido soleado. Eran las ocho. Después, unos nubarrones oscuros cubrieron el cielo, per
te adoro
Le dije que le enseñaría la ciudad. —¿De veras, Alex, lo harás? ¿Lo harás? —preguntó, entusiasmada y de un brinco saltó a mi lado, estampándome un sonoro beso en la frente. Era muy alta. Demasiado
una pasión prohibida
Lo mandaron a Europa porque estaba enamorado. El padre —que no entendía de amores— pensó que las ciudades, los monumentos, los museos y los puentes lo distraerían. Pero las ciudades siempre tenían