charlotte perkins gilman
cuando yo era una brujaSi hubiera entendido los términos de ese contrato unilateral con Satanás, el Tiempo de las Brujas habría durado más, puedes estar seguro de eso. Pero, ¿cómo iba a saberlo? Simplemente sucedió, y n
despedidaEn su alcoba de alfombras suaves, gruesos cortinajes y mobiliario suntuoso, Mrs. Marroner sollozaba tendida en una cama ancha y suave. Sollozaba y jadeaba con amargura, sofoco y desesperación; los
el tapiz amarilloNo es habitual que gente normal como John y yo alquile una casa para el verano. Una mansión, una heredad... Diría que una casa encantada, y llegaría a la cúspide de la felicidad romántica. ¡Pero e
sé sabia—Es un nombre raro —dijo el periodista. —No más raro que el otro —dijo la periodista—. Ya sabes que hay dos: Sésabio y Suscaminos. —Me recuerda a algo —dijo— como una cita, ¿te suena? —Creo que sí