charles dickens
canción de navidadPREFACIO Con este fantasmal librito he procurado despertar al espíritu de una idea sin que provocara en mis lectores malestar consigo mismos, con los otros,
el armario viejoEran las diez de la noche. En la hostería de los Tres Pichones, de Abbeylands, un viajero, joven aún, se había retirado a su cuarto, y de pie, cruzados los
el barón de grogzwigEl barón Von Koëldwethout, de Grogzwig, Alemania, era probablemente un joven barón como cualquiera le gustaría ver uno. No es necesario que diga que vi
el capitán asesinoSi todos nosotros conociéramos nuestras propias mentes (en un sentido más amplio que el de la acepción vulgar de esa frase), sospecho que descubriríamos que
el fantasma de marleyDigamos primero que Marley había muerto. De ello no cabía la menor duda. Firmaron la partida de su entierro el clérigo, el sacristán, el comisario de entier
el guardavías-¡Eh, oiga! ¡Ahí abajo! Cuando oyó la voz que así lo llamaba se encontraba de pie en la puerta de su caseta, empuñando una bandera, enrollada a un corto pal
el manuscrito de un loco¡Sí…! ¡Un loco! ¡Cómo sobrecogía mi corazón esa palabra hace años! ¡Cómo habría despertado el terror que solía sobrevenirme a veces, enviando la sangre silb
el presidente del juradoHan pasado ya algunos años desde que se cometió en Inglaterra un asesinato que atrajo poderosamente la atención pública. En nuestro país se oye hablar con b
el relato del niñoUna vez, hace ya muchos años, hubo un caminante que partió para un prolongado viaje. Era un viaje mágico, que parecía muy largo al comienzo y muy corto cuan
el relato del pariente pobreNo deseaba en absoluto tener la prioridad entre tantos miembros respetables de la familia, y comenzar la serie de historias, que cada uno aportaría a su tur
el retorno del presidiario–CUANDO fijé mi residencia en este pueblo —dijo el anciano—, cúmplese ahora precisamente veinte años, la persona de mayor notoriedad entre mis feligreses er
el señalero—¡Hola! ¡El de abajo! Estaba parado a la entrada de su casilla, haciendo flamear su banderita, cuando oyó la voz que lo llamaba. Cualquiera hubiera supuesto
el velo negroUna velada de invierno, quizá a fines de otoño de 1800, o tal vez uno o dos años después de aquella fecha, un joven cirujano se hallaba en su despacho, escu
fantasmas de navidadMe gusta volver a casa en Navidad. Todos lo hacemos, o deberíamos hacerlo. Deberíamos volver a casa en vacaciones, cuanto más largas mejor, desde el interna
juicio por asesinatoHe observado siempre el predominio de una falta de valor, incluso entre personas de cultura e inteligencia superiores, para hablar de las experiencias psico
la casa encantadaLa casa que es el tema de esta obra de Navidad no la conocí bajo ninguna de las circunstancias fantasmales acreditadas ni rodeada por ninguno de los entorno
la casa hechizadaLos mortales de la casa La casa que es el tema de esta obra de Navidad no la conocí bajo ninguna de las circunstancias fantasmales acreditadas ni rodeada po
la historia de nadieVivía en la orilla de un enorme río, ancho y profundo, que se deslizaba silencioso y constante hasta un vasto océano desconocido. Fluía así, desde el Génesi
la historia del tío del viajante—Mi tío, caballeros —dijo el viajante—, era uno de los tipos más alegres, agradables y listos que haya existido nunca. Me gustaría que lo hubieran conocido,
la historia del viajante de comercioUna tarde invernal, hacia las cinco, cuando empezaba a oscurecer, pudo verse a un hombre en un calesín que azuzaba a su fatigado caballo por el camino que c
la muerte del borrachoNos atrevemos a asegurar que apenas hay nadie que tenga la costumbre de pasearse por los barrios más populosos de Londres y no pueda recordar entre sus “con
la novia del ahorcadoEra una auténtica casa antigua de muy curios descripción, en la que abundaban las viejas tallas las vigas, los tablones, y que tenía una excelente antigua c
la visita del señor testadorEl señor Testator alquiló una serie de habitaciones en Lyons Inn, pero tenía un mobiliario muy es caso para su dormitorio y ninguno para su sala de estar. H
la visita del señor testatorEl señor Testator alquiló una serie de habitaciones en Lyons Inn, pero tenía un mobiliario muy escaso para su dormitorio y ninguno para su sala de estar. Ha
para leer al atardecerUno, dos, tres, cuatro, cinco. Eran cinco. Cinco correos sentados en un banco en el exterior del convento situado en la cumbre del Gran San Bernardo, en Sui
para leer cuando anochezcaUno, dos, tres, cuatro, cinco. Eran cinco. Cinco correos sentados en un banco, en el exterior del convento que se halla sobre la cima del Gran San Bernardo
para ser tomado con una pizca de salCon frecuencia he observado una notable falta de valor, incluso entre las personas de una inteligencia y cultura superiores, para explicar sus propias exper
proceso por asesinatoHe notado siempre una falta de valor muy preponderante, incluso en personas de inteligencia y cultura superiores, para comentar las experiencias psicológica
sentimentalLa señorita Crumpton, o, para citar con toda autoridad la inscripción que aparecía en la verja del jardín del “Minerva House”, en Hammersmith, “Las señorita