PAIS RELATO

Libros de carlos fuentes

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carlos fuentes

a la víbora de la mar
El suboficial vestido de blanco le tendió los brazos. Isabel enrojeció al tocar el vello del inglés joven y serio que le dio la bienvenida. La lancha de motor arrancó, ronroneando; Isabel tomó asi
aura
I Lees ese anuncio: una oferta de esa naturaleza no se hace todos los días. Lees y relees el aviso. Parece dirigido a ti, a nadie más. Distraído, dejas que la ceniza del cigarro caiga dentro de la
cambio de piel
1 Una fiesta imposible El narrador termina de narrar una noche de septiembre en La Coupole y decide emplear el apolillado recurso del epígrafe. Sentado en la mesa de al lado, Alain Jouffroy le tie
chac mool
Hace poco tiempo, Filiberto murió ahogado en Acapulco. Sucedió en Semana Santa. Aunque había sido despedido de su empleo en la Secretaría, Filiberto no pudo resistir la tentación burocrática de ir
cristobal nonato
Prólogo: YO SOY CREADO El cuerpo es la parte de nuestra representación que continuamente está naciendo. HENRI BERGSON MÉXICO ES UN PAÍS de hombres tristes y de niños alegres dijo Ángel mi padre (2
el costo de la vida
Salvador Rentería se levantó muy temprano. Cruzó corriendo la azotea. No calentó el boiler. Se quitó los calzoncillos y el chubasco frío le sentó bien. Se fregó con la toalla y regresó al cuarto.
el que inventó la pólvora
Uno de los pocos intelectuales que aún existían en los días anteriores a la catástrofe, expresó que quizá la culpa de todo la tenía Aldous Huxley. Aquel intelectual -titular de la misma cátedra de
fortuna lo ha querido
Alejandro siempre había vivido en hoteles. Desde que llegó de Coahuila a los 22 años, pensó que mantener un estudio aislado y luminoso y un cuarto de hotel modesto y en penumbra era la manera de c
gringo viejo
I Ella se sienta sola y recuerda. Vio una y otra vez los espectros de Arroyo y la mujer con cara de luna y el gringo viejo, cruzando frente a su ventana. No eran fantasmas. Sencillamente, habían m
la línea de la vida
Una noche de marzo, en 1913, el aire sabía a polvo y la luna cicatrizaba el valle, cuando Enrique Cepeda, Gobernador del Distrito Federal, llegó a la cárcel de Belén. De los automóviles bajaron tr
la marcha del caracol
Me ibas a contar algún día, Elizabeth, que el caracol avanzó por la pared y tú, desde la cama, levantaste la cabeza y primero viste la estela plateada del molusco, la seguiste con la mirada tan le
la muerte de artemio cruz
I Yo despierto… Me despierta el contacto de ese objeto frío con el miembro. No sabía que a veces se puede orinar involuntariamente. Permanezco con los ojos cerrados. Las voces más cercanas no se e
la muñeca reina
I Vine porque aquella tarjeta, tan curiosa, me hizo recordar su existencia. La encontré en un libro olvidado cuyas páginas habían reproducido un espectro de la caligrafía infantil. Estaba acomodan
la raya del olvido
Estoy sentado. Al aire libre. No puedo moverme. No puedo hablar. Pero puedo oír. Sólo que ahora no oigo nada. Será porque es de noche. El mundo está dormido. Sólo yo vigilo. Puedo ver. Veo la noch
la sierva del padre
1 Este pueblo es irrespirable. Uno diría que a la altura de más de tres mil metros el aire sería el más puro. No es así y uno lo entiende. El volcán es un sacerdote de cabeza blanca y túnica negra
la silla del águila
1 María del Rosario Galván a Nicolás Valdivia Vas a pensar mal de mí. Dirás que soy una mujer caprichosa. Y tendrás razón. Pero, ¿quién iba a imaginar que de la noche a la mañana las cosas cambiar
las buenas conciencias
Jaime Ceballos no olvidaría esa noche de junio. Recargado contra el muro azul del Callejón, veía alejarse a su amigo Juan Manuel. Con él se iban las imágenes de un hombre delatado, de una mujer so
las dos elenas
—No sé de dónde le salen esas ideas a Elena. Ella no fue educada de ese modo. Y usted tampoco, Víctor. Pero el hecho es que el matrimonio la ha cambiado. Sí, no cabe duda. Creí que le iba a dar un
letanía de la orquídea
—Mira, ve: ya empezó el invierno. De las espaldas del cielo caía sobre Panamá un torrente de filos claros que escurrían, de la tierra herida en las calles adyacentes, a la Vía España. En la fronte
los años con laura díaz
I. Detroit: 1999 Conocía la historia. Ignoraba la verdad. Mi presencia misma era, en cierto modo, una mentira. Vine a Detroit para iniciar un documental de televisión sobre los muralistas mexicano
malintzin de las maquilas
A Marina la nombraron así por las ganas de ver el mar. Cuando la bautizaron, sus padres dijeron a ver si a ésta sí le toca ver el mar. En la ranchería en el desierto del Norte, los jóvenes se junt
por boca de los dioses
(Bingbingbing goteaba la cara de la ventana llorando los remordimientos ajenos, mientras yo intentaba perseguir las manecillas que empezaban —cerca, las doce— a estrangularme. Alta la ventana, baj
un alma pura
Juan Luis, pienso en ti cuando tomo mi lugar en el autobús que me llevará de la estación al aeropuerto. Me adelanté a propósito. No quiero conocer desde antes a las personas que realmente volarán
una zona sagrada
Las sirenas no le cantaron. La nave perdida pasó en silencio frente a las islas encantadas; la tripulación sorda imaginó esa tentación. El jefe amarrado dijo haber escuchado y resistido. Mintió. C
vieja moralidad
—¡Zopilotes negros! ¡Cuervos devoradores! ¡Fuera de mi vista! ¿Quieren que las plantas se sequen? ¡Tomen el otro camino, el que da la vuelta por la casa de doña Casilda, que al fin esa vieja beata