bruno schulz
la calle de los cocodrilosMi padre conservaba en el cajón inferior de su amplio escritorio un hermoso plano antiguo de nuestra ciudad. Era en realidad todo un volumen en folio, de pergaminos que, unidos por medio de cintas
las tiendas de color canelaEn esa época del año en que los días son más cortos y somnolientos, apresados entre los ribetes abrigados del alba y del crepúsculo, cuando la ciudad se ramificaba en laberintos de noches invernal
los pájarosLlegaron los días de invierno, amarillos y sombríos. Un manto de nieve, raído, agujereado, tenue, cubría la tierra descolorida. La nieve no alcanzaba a ocultar del todo muchos tejados, y se podían
mi padre, capitán de bomberosA principios de octubre, habitualmente, volvíamos con mamá de nuestra residencia veraniega situada en un condado vecino, en el corazón del boscoso valle del Slotvinka, donde reina el murmullo de m