boris vian
drenculaNo hacía siquiera una hora que me encontraba en el castillo del conde Drencula y el aspecto siniestro del lugar ya provocaba los más sombríos presentimientos en mi corazón. La morada del conde se
el amor es ciego1 El cinco de agosto, a las ocho, la calina cubría la ciudad. Liviana, en absoluto estorbaba la respiración y se presentaba bajo apariencia singularmente opaca. Parecía, por otra parte, teñida de
el lobo-hombreEn el Bois des Fausses-Reposes, al pie de la costa de Picardía, vivía un muy agraciado lobo adulto de negro pelaje y grandes ojos rojos. Se llamaba Denis, y su distracción favorita consistía en co
el peligro de los clásicosEl reloj electrónico de pared dio dos campanadas y me sobresalté, arrancándome con esfuerzo del torbellino de imágenes que se agolpaban en mi mente. Constaté además con cierta sorpresa que el cora
las murallas del sur1 Cubierto de deudas como desde hacía muchísimos años no lo había estado, el Mayor decidió comprar un automóvil para pasar las vacaciones más agradablemente. Con la intención de asegurarse una inm
mala pata1 Clams Jorjobert contemplaba a su mujer, la bella Gaviale, dando el pecho al fruto de sus amores, un robusto bebé de tres meses y de sexo femenino, cosa que, por lo demás, carece de importancia p
martin me telefoneó1 Martin me telefoneó a las cinco. Yo estaba en la oficina escribiendo no sé qué, seguramente alguna inutilidad. No me costó demasiado trabajo comprenderle. Habla inglés con un acento mitad americ
un corazón de oro1 Aulne caminaba pegado a la pared y cada cuatro pasos miraba hacia atrás con gesto receloso. Acababa de robar el corazón de oro del padre Mimile. Por supuesto, se había visto forzado a destripar