arthur charles clarke
alba de saturnoSí, es completamente cierto. Conocí a Morris Perlman cuando yo tenía veintiocho años. Entonces yo había conocido a miles de personas, desde presidentes para abajo. Cuando volvimos de Saturno, todo
campaña de publicidadEl estampido de la última bomba atómica parecía persistir en el aire cuando se encendieron las luces. Durante un buen rato nadie se movió. Después, el productor ayudante preguntó ingenuamente: —Bu
el alimento de los diosesEs una mera cuestión de honradez, señor presidente, el advertirle que gran parte de mi testimonio va a ser sumamente desagradable; implica aspectos de la naturaleza humana que muy rara vez han sid
el centinelaLa siguiente vez que vean la luna llena brillar alta en el sur, examinen atentamente el borde derecho y dejen resbalar la mirada a lo largo de la curva del disco. Allá donde serian las dos si nues
el enemigo olvidadoEl profesor Millward se irguió bruscamente en su cama y las gruesas pieles cayeron al suelo con un ruido sordo. Esta vez, estaba seguro, no había sido un sueño; el aire helado que raspaba sus pulm
el otro tigreEs una teoría interesante —opinó Arnold—, pero no veo cómo podrás demostrarla. Habían llegado a la parte más escarpada del monte, y por un instante Webb no pudo contestar debido a la fatiga. —No p
encuentro en la auroraFue durante los últimos días del Imperio. La pequeña nave estaba lejos de su patria y a casi cien años luz del gran navío nodriza que estaba investigando entre las compactas estrellas al borde de
informe sobre el planeta tresEl siguiente documento, que la Comisión Arqueológica Interplanetaria acaba de descifrar, es uno de los más importantes descubiertos en Marte, y arroja mucha luz sobre el conocimiento científico y
la estrellaHay tres mil años luz hasta el Vaticano. En otro tiempo creía que el espacio no podía alterar la fe; y lo creía al igual que consideraba fuera de duda el que los cielos cantaran la gloria de la ob
la marca de caínTibor no lo vio. Estaba durmiendo e inmerso en su inevitable y doloroso sueño. Sólo Joey se encontraba despierto sobre cubierta, en la fresca quietud que precede a la aurora, cuando apareció el ll
la última orden-Les habla el presidente. El hecho de que estén oyendo este mensaje significa que ya he muerto y que nuestro país ha sido destruido. Pero ustedes son soldados… son los más adiestrados de toda nues
los nueve mil millones de nombres de dios-Esta es una petición un tanto desacostumbrada -dijo el doctor Wagner, con lo que esperaba podría ser un comentario plausible-. Que yo recuerde, es la primera vez que alguien ha pedido una computa
los poseídosY ahora aquel sol estaba tan cercano que el huracán de radiación obligaba al Swarm a retroceder hacia la oscura noche del espacio. Pronto no podría acercarse más; los ventarrones de luz por los qu
marque f de frankensteinA las 01.50, por el meridiano de Greenwich, del 1 de diciembre de 1975, los teléfonos de todo el mundo empezaron a sonar. Un cuarto de billón de personas cogieron sus receptores para escuchar dura
partida de rescate¿De quién era la culpa? Durante tres días, los pensamientos de Alveron habían vuelto sobre aquella cuestión y todavía no les había encontrado respuesta. Una criatura de una raza menos civilizada,
reencuentroPueblo de la Tierra, no temáis. Venimos en son de paz… ¿Y por qué no? Nosotros somos primos vuestros; hemos estado aquí antes. Nos reconoceréis cuando nos veamos dentro de unas horas. Nos estamos
si me olvido de ti, oh tierra…Cuando Marvin tenía diez años, su padre lo condujo por los largos y resonantes corredores que subían a través de Administración y Fuerza, hasta que al fin llegaron a los niveles superiores y se en
superioridadAl hacer esta declaración —y la hago por voluntad propia—, deseo en primer lugar dejar perfectamente sentado que no trato de ganarme simpatías, ni espero mitigación alguna de cualquier sentencia q
todo el tiempo del mundoCuando se oyó la llamada apagada a la puerta, Robert Ashton examinó la habitación con un movimiento rápido y automático. Su aburrida respetabilidad le resultó satisfactoria y debería tranquilizar
un paseo en la oscuridadSólo había caminado Robert Armstrong dos millas, por lo que pudo juzgar, cuando su antorcha se descompuso. Estuvo inmóvil por un instante, incapaz de creer que tal desgracia pudiera haber caído so