País Relato - Autores

antonio skármeta

a las arenas
Jugueteé con el dólar de plata presionando el pulgar en el relieve. Por un momento tuve la idea de decirle al mexicano: «Trae mala suerte. La vieja en Bilox
balada para un gordo
Cuando Juan Carlos llegó al curso todos nos alegramos porque nos hacía falta un gordo. Apareció en medio de una clase de inglés y la sonrisa corrió rápida y
basketball
El tango me venía de un tío incierto que asediaba los jueves en la casa cuando caía algún dinero y a los tallarines a la yugoslava se agregaba carne mechada
borges
Hastiado de soledad decidí viajar. Llamé a Miguel a Buenos Aires y no contestó el teléfono. Marqué entonces el número de Tomás en Argentina y me dijo que Mi
de la sangre al petróleo
Una mañana de garúa en Roma. Para el pasajero en el taxi, recuerdos de películas de hace una década. Algo de Antonioni en las carreteras. Consideradas las c
el amante de teresa clavel
Mi relación con Estévez comenzó con algo tan tenue como la letra inicial de nuestros apellidos. El mío lo omitiré pues más bien pertenece a los anales de la
el ciclista del san cristóbal
Además era el día de mi cumpleaños. Desde el balcón de la Alameda vi cruzar parsimoniosamente el cielo ese Sputnik ruso del que hablaron tanto los periódico
el joven con el cuento
—Esa es la casa —dijo Ernesto—. Un verdadero palacio. ¿Qué te parece? Acomodé la mochila en la espalda y sentí cómo caía entero en una especie de arrobamien
entre todas las cosas lo primero es el mar
—Entre todas las cosas lo primero es el mar —dijo mi primo—. Y después el sol, y después la noche. Si es eso lo que querías saber, estás despachado. Alcánza
final del tango
Infierno infierno la turbia imagen de lo que soy entre los copetines los bocadillos de langostines y el petit-bouche de queso, infierno mi inflamación entre
hombre con el clavel en la boca
La muchacha bordeó los árboles con el impulso veloz de una mujer sola en un lugar público, entre digno, cauteloso y distraído, como si la soledad fuera una
nupcias
Hacía mucho calor en el tren subterráneo, y el joven, ubicado bajo el único ventilador que funcionaba, había cruzado los brazos tras la cintura y simulaba e
pescado
Cuando la abuela tropezó en la cocina y la azucarera de loza se astilló en el piso y los pedacitos se repartieron por ahí, mi madre, que tostaba el pan del
primera preparatoria
Mi hermano toma las dos correas y las cruza en la hebilla de la maleta de cuero que compró especialmente para este viaje. La vieja me gritó desde la cocina
relaciones públicas
Me vio aquella tarde mientras calentaba las rodillas al sol a la usanza de los correntinos, y vino a mi lado balanceando el tarro parafinero. —¿Vos sos el c