antonio benítez rojo
el escudo de hojas secasA Miyares le fastidiaba que Isolina creyera tan fácilmente en cualquier cosa, que pasara por devota entre las Hijas de María y después de misa corriera a abrir la mano ante una quiromántica o a ha
el rabo de la gran mona…turkey is very very fine, ¿qué dice?, el pavo es muy bueno, ¿qué pavo?, no sé, ¿ves algún pavo?, no, ¿será que no entiendes?, es que él habla raro, pregúntale, d’you say turkey?, yes, I say turke
estatuas sepultadasAquel verano —cómo olvidarlo— después de las lecciones de don Jorge y a petición de Honorata, íbamos a cazar mariposas por los jardines de nuestra mansión, en lo alto del Vedado. Aurelio y yo la c
la tijeraEn la copia de su inscripción de nacimiento —el primer paso para solicitar pasaporte— estaba escrito bien claro: Jorge Emilio Lacoste. Pero en la oficina le decían Yoyi y eso que andaba por los cu
lafcadio hearn, mi tía gloria y lo sobrenaturalHace muchos años, cuando los veranos eran todavía largos y yo cazaba ciervos en mi traspatio con un sombrero Robin Hood, mi tía Gloria me regaló un libro titulado Cuentos de hadas japoneses. Acept
recuerdos de una pielMáximo sospecha que hay algo raro en la casa y la registra a diario, pero, como todas las noches de este invierno tan caluroso, ha puesto el aire en el ocho sin reparar en Mariana. Es curioso obse
tute de reyesBajo la mirada incongruente de mi mono Euclides, trepado a la ventana de barrotes verdes, nos íbamos a Punta Brava los sábados por la tarde a jugar al subastado en casa de Francisca. Robledo al vo