antón chéjov
agafiaDurante mi estancia en el distrito de S. tuve ocasión de visitar a menudo los huertos de Dubovo y a su cuidador, Savva Stukach, o simplemente Savka. Esos huertos eran mi lugar preferido para la ll
ana al cuello1 No hubo siquiera un refrigerio después de la ceremonia; los novios tomaron una copa cada uno y salieron para la estación. En vez de cena y alegre baile de bodas, en vez de música y danza, habría
anécdota antiguaEn tiempos de antaño, en Inglaterra, los criminales condenados a la pena de muerte gozaban del derecho a vender en vida sus cadáveres a los anatomistas y los fisiólogos. El dinero recibido de esta
aniutaPor la peor habitación del detestable Hotel Lisboa paseábase infatigablemente el estudiante de tercer año de Medicina Stepan Klochkov. Al par que paseaba, estudiaba en voz alta. Como llevaba larga
apellido de caballoAl general mayor retirado Buldéiev le dolían las muelas. Se enjuagó la boca con vodka y coñac, aplicó sobre la muela enferma ceniza de tabaco, opio, trementina, petróleo, se untó la mejilla con ti
ariadnaEn la cubierta del vapor que cubre el trayecto entre Odessa y Sebastopol, un señor bastante atractivo, con perilla, se acercó a mí para pedirme fuego y me dijo: —Fíjese en esos alemanes sentados c
buena colecciónHace días fui a visitar a mi amigo, el periodista Misha Kovrov [seudónimo utilizado por Chéjov para escribir varios artículos en la revista Зритель]. Le hallé sentado en un sofá, limpiándose las u
camino de la escuelaSalieron de la ciudad a las ocho y media. El camino estaba seco. El bello sol abrileño picaba ya; pero en las cunetas y en el bosque aún había nieve. Acababa de irse el invierno, crudo y lúgubre,
campesinosI Nikolái Chikildéyev, mozo del hotel moscovita el Bazar Eslavo, se puso enfermo. Las piernas no le respondían, andaba tan mal que en una ocasión, cuando iba por un pasillo con una bandeja donde l
carta a un reporteroEsta semana hubo seis incendios grandes y cuatro pequeños. Se suicidó un joven por el amor apasionado hacia una dama, y esa misma dama enloqueció al conocer su muerte. El portero Guskin se ahorcó
casa con mezzaninaHistoria de un artista 1 Esto ocurrió hará seis o siete años, cuando vivía en uno de los distritos de la provincia de T., en la finca del terrateniente Belokúrov, un hombre joven que se levantaba
champagneRelato de un granuja El año en que empieza mi relato yo era jefe de una pequeña estación en nuestras líneas ferroviarias del sudoeste. Si mi vida era alegre o aburrida en aquella estación podrán u
cirugíaEstamos en un hospital del Zemstvo. A falta de doctor, que se ausentó para contraer matrimonio, recibe a los enfermos el practicante Kuriatin. Es un hombre grueso que ronda los cuarenta; viste una
cosas del servicioUn inspector judicial en funciones y un médico de distrito se dirigían a la aldea Syrnia a practicar una autopsia. Por el camino los atrapó una ventisca, anduvieron largo rato perdidos y no llegar
de mal en peorEl abogado Kaliakin estaba en casa de Grádusov, maestro de capilla de la catedral, y, mientras daba vueltas en las manos a una citación del juez de paz a nombre de Grádusov, decía: —Diga lo que qu
de mal humorEl comisario de policía Semión Ilich Prachkin va de un lado a otro de su habitación, tratando de ahogar un sentimiento desagradable. La víspera había visitado al comandante militar por una cuestió
del amorA la mañana siguiente sirvieron para el desayuno pasteles muy sabrosos, cangrejos y albóndigas de cordero. Mientras comían subió el cocinero Nicanor para preguntar qué deseaban para el almuerzo lo
el álbumEl consejero administrativo Craterov, delgado y seco como la flecha del Almirantazgo, avanzó algunos pasos y, dirigiéndose a Serlavis, le dijo: -Excelencia: Constantemente alentados y conmovidos h
el besoUn 20 de mayo, a las ocho de la noche, las seis baterías que componían la brigada artillera de reserva en X*** detuviéronse, en su ruta al campamento, a pernoctar en el pueblo de Mestechki. Precis
el billete de la loteríaIván Dmítrich, un hombre de clase media que mantenía su familia con unos doscientos rublos al año, estaba muy satisfecho con su suerte. Se sentó en el sofá después de cenar y empezó a leer el peri
el camaleónEl inspector de policía Ochumélov, con su capote nuevo y un hatillo en la mano, cruza la plaza del mercado. Tras él camina un municipal pelirrojo con un cedazo lleno de grosellas decomisadas. En t
el caramilloSofocado por el intenso aroma de los frondosos abetos, cubierto de telas de araña y acículas, el administrador de la gran ja de Deméntievo, Melitón Shishkin, con el fusil al hombro, se dirigía al
el cazadorMediodía bochornoso y sofocante. En el cielo no hay ni una nube… Las hierbas, quemadas por el sol, se doblan con aire triste y desesperado: aunque lloviera, no reverdecerían… El bosque está silenc
el enemigoEs de noche, la criadita Varka, una chiquilla de trece años, mece en la cuna al niño, canturreando: Duerme, duerme, niño lindo, que viene el coco... Una lámpara verde, encendida ante el icono, alu
el estudianteEn principio, el tiempo era bueno y tranquilo. Los mirlos gorjeaban y de los pantanos vecinos llegaba el zumbido lastimoso de algo vivo, igual que si soplaran en una botella vacía. Una becada inic
el fracasoIlia Sergeich Peplov y su mujer, Cleopatra Petrovna, escuchaban junto a la puerta con gran ansiedad. Al otro lado, en la pequeña sala, se desarrollaba, al parecer, una escena de declaración amoros
el gatoVarvara Petrovna se despertó y aguzó el oído con atención. Palideció su cara; sus ojos, negros y grandes, se agrandaron más aún y relumbraron de pánico al darse cuenta de que no se trataba de un s
el gordo y el flacoEn una estación de ferrocarril de la línea Nikoláiev se encontraron dos amigos: uno, gordo; el otro, flaco. El gordo, que acababa de comer en la estación, tenía los labios untados de mantequilla y
el juez de instrucciónUn hermoso día de primavera, a mediodía, el médico del distrito y el juez de instrucción se dirigían en coche a hacer una autopsia. El juez, hombre de unos treinta y cinco años, contemplaba los ca
el malhechorAnte el juez de instrucción está de pie un muzhik pequeño, sumamente flaco, con camisa de paño basto y unos calzones remendados. Su rostro hirsuto, picado de viruelas, y sus ojos apenas visibles b
el marido de su mujerVísperas de fiesta. La cantante de opereta Natalia Andréievna Brónina, Nikítkina por su marido, está tendida en su dormitorio y entregada al reposo. Dormita dulcemente y piensa en su hijita pequeñ
el misterioLa noche del primer día de Pascua, el consejero de Estado Navaguin, después de haber hecho sus visitas, tornó a su casa y tomó en la antesala el pliego de papel en donde los visitantes de aquel dí
el monje negroI Andréi Vasílich Kovrin, licenciado en filosofía, estaba agotado y tenía los nervios destrozados. No seguía ningún tratamiento, pero un día, ante una botella de vino, habló del tema con un amigo
el obispoI En el monasterio de Staro-Petrovski se celebraba la víspera del Domingo de Ramos. Cuando se empezó a repartir las palmas eran ya casi las diez; los cirios, llenos de pábilos, apenas ardían, y to
el oradorEn una hermosa mañana se celebraba el entierro del asesor colegiado Kirill Ivanovich Vavilonov, muerto de dos enfermedades sumamente frecuentes en nuestra patria: una esposa maligna y el vicio del
el sanguíneoTodas las impresiones repercuten en él de modo ligero. En la juventud es un bebé y un bribón. Les dice groserías a los maestros, no se corta el cabello, no se afeita, usa lentes y mancha las pared
el suboficial prishibéiev—¡Suboficial Prishibéiev! Se le acusa de haber ofendido el tres de septiembre del año en curso, de palabra y obra, al cabo Yuguin, al sargento Aliapov y al alguacil Efímov, de la policía rural, as
el talentoEl pintor Yegor Savich, que se hospeda en la casa de campo de la viuda de un oficial, está sentado en la cama, sumido en una dulce melancolía matutina. Es ya otoño. Grandes nubes informes y espesa
el teléfono“Operadora. ¿Puedo ayudarlo?”, dice una voz de mujer. “Comuníqueme con el Hotel Slavyansky Bazaar”. “Conectando”. Después de tres minutos escucho un repique… Pego el auricular a mi oreja y oigo un
el trágicoSe celebraba el beneficio del trágico Fenoguenov. La función era un éxito. El trágico hacía milagros: gritaba, aullaba como una fiera, daba patadas en el suelo, se golpeaba el pecho con los puños
el vengadorInmediatamente después de haber sorprendido a su mujer en el lugar de su delito, se encontraba Fiódor Fiódorovich Sígaiev en el almacén de armas de Schmuks y Compañía eligiendo el revólver que mej
el violín de rothschildLa ciudad era insignificante, peor que una aldea, y estaba habitada únicamente por viejos que morían de forma tan infrecuente que resultaba descorazonador. En el hospital y en la prisión también e
el zapatero y el diabloEra la víspera de Navidad. María llevaba ya un buen rato roncando sobre la estufa y en la lamparilla había ardido ya todo el petróleo, pero Fiódor Nílov seguía trabajando. Lo habría dejado hacía t
en casa—Han venido de parte de los Grigoriev por no sé qué libro y les he dicho que no estaba usted en casa. El cartero ha traído unos periódicos y un par de cartas. A propósito, Evgueni Petrovich, quisi
en deportaciónEl viejo Semión, apodado el Juicioso, y un joven tártaro, cuyo nombre nadie conocía, estaban sentados en la orilla, cerca de la hoguera; los tres barqueros restantes estaban en la isba. Simeón, an
en el campoI A tres kilómetros de la aldea de Obruchanovo se construía un puente sobre el río. Desde la aldea, situada en lo más eminente de la ribera alta, divisábanse las obras. En los días de invierno, el
en el landóLas hijas del consejero civil activo Brindin, Kitty y Zina, paseaban por la Nievskii en un landó. Con ellas paseaba su prima Marfusha, una pequeña provinciana-hacendada de dieciséis años, que habí
en el paseo de sokólnikiEl día 1 de mayo se inclinaba al anochecer. El susurro de los pinos de Sokólniki y el canto de los pájaros son ahogados por el ruido de los carruajes, el vocerío y la música. El paseo está en plen
en fiestasI —¿Qué hay que escribir? —preguntó Yegor, mojando la pluma en la tinta. Hacía ya cuatro años que Vasilisa no había visto a su hija Efimia. Esta, después de la boda, se había marchado con su marid
en la administración de correosLa joven esposa del viejo administrador de Correos Hattopiertzof acababa de ser inhumada. Después del entierro fuimos, según la antigua costumbre, a celebrar el banquete funerario. Al servirse los
en la barberíaEs por la mañana. Aún no son las siete, pero la barbería de Makar Kuzmich Blestkin ya está abierta. El dueño, un joven de unos veintitrés años, sucio, vestido con ropas mugrientas que pretenden pa
en la oscuridadUna mosca de mediano tamaño se metió en la nariz del consejero suplente Gaguin. Aunque se hubiera metido allí por curiosidad, por atolondramiento o a causa de la oscuridad, lo cierto es que la nar
en los baños públicosI -¡Oye, tú…, quien seas! -gritó un señor gordo, de blancas carnes, al divisar entre la bruma a un hombre alto y escuálido, con una barbita delgada y una cruz de cobre sobre el pecho-. ¡Dame más v
enemigosPoco después de las nueve de una oscura noche de septiembre, el único hijo del médico rural Kirilov, Andréi, de seis años de edad, moría de difteria. Justo cuando la esposa del médico acababa de d
entre chiquillosPapá, mamá y la tía Nadia no están en casa. Están convidados a un bautizo en casa de aquél oficial anciano que tiene una burrita gris. Esperándolos, Gricha, Ania, Aliocha, Sonia y el hijo de la co
exageró la notaLa finca a la cual se dirigía para efectuar el deslinde distaba unos treinta o cuarenta kilómetros, que el agrimensor Gleb Smirnov Gravrilovich tenía que recorrer a caballo. Se había apeado en la
flores tardíasI La escena tuvo lugar una oscura tarde otoñal, justo después de la comida, en casa de los príncipes Priklonski. La anciana princesa y su hija Marusia estaban en la habitación del joven príncipe,
fracasoIliá Serguéich Péplov y su mujer Kleopatra Petrovna, de pie junto a la puerta, escuchaban ávidamente. Por lo visto, al otro lado, en la pequeña sala, tenía lugar una declaración de amor. A su hija
gente difícilShiriáyev, Yevgraf Ivánovich, pequeño terrateniente e hijo de un pope (su difunto progenitor, el padre Ioann, había recibido como donación de la generala Kuvshínnikova ciento dos hectáreas de tier
gúsievI Han caído ya las primeras sombras, la noche está al llegar. Gúsiev, un soldado raso al que han enviado de vuelta a casa, se incorpora en su catre y dice con voz queda: —¿Me oyes, Pável Ivánich?
historia de un contrabajoProcedente de la ciudad, el músico Smichkov se dirigía a la casa de campo del príncipe Bibulov, en la que, con motivo de una petición de mano, había de tener lugar una fiesta con música y baile. S
historia de una anguilaEs una mañana de verano; reina en la Naturaleza una tranquilidad absoluta; óyese solamente, de vez en cuando, las estridencias de los grillos. Junto a la caseta de baños en construcción, bajo las
incidente ocurrido a un médicoEl profesor recibió un telegrama de la fábrica de los Liálikov, solicitándole que se desplazara hasta allí lo antes posible. La hija de la llamada señora Liálikov, obviamente la dueña de la fábric
iónichI Cuando los recién llegados a la ciudad de provincias S. se quejaban de lo aburrida y monótona que era la vida en ella, los habitantes de esa ciudad, como justificándose, decían que, al contrario
iván matveichSon las cinco. Un renombrado sabio ruso (le diremos sencillamente sabio) está frente a su escritorio y se muerde las uñas. -¡Esto es indignante! -dice a cada momento, consultando su reloj-. ¡Es un
kashtankaI MALA CONDUCTA Una perrita rojiza, entre zarcera y podenca, de hocico muy semejante al de la zorra, corría de un lado a otro por la acera, mirando inquieta a su alrededor. De cuando en cuando, se
la apuestaI Una noche sombría de otoño. El viejo banquero recorría su despacho de un extremo al otro, recordando una velada que había dado quince años antes, también en otoño. Habían acudido a ella muchos h
la boticariaLa pequeña ciudad de B***, compuesta de dos o tres calles torcidas, duerme con sueño profundo. El aire, quieto, está lleno de silencio. Solo a lo lejos, en algún lugar seguramente fuera de la ciud
la brujaCaía la noche. El sacristán Saveli Guikin estaba en su casa, tumbado en una cama inmensa, pero no dormía, aunque tenía la costumbre de quedarse dormido al mismo tiempo que los gallos. Sus cabellos
la cerilla suecaI En la mañana del 6 de octubre de 1885, un joven correctamente vestido se presentó en la oficina del comisario de policía del segundo sector del distrito de S. y declaró que su señor, el corneta
la cigarraI A la boda de Olga Ivánovna acudieron todos sus amigos y buenos conocidos. —Mírenle: ¿no es cierto que tiene algo? —decía ella a sus amigos, señalando a su marido con un movimiento de cabeza, com
la colecciónHace días pasé a ver a mi amigo, el periodista Misha Kovrov [seudónimo con que Chejov firma sus artículos en El espectador, a principios de 1883]. Estaba sentado en su diván, se limpiaba las uñas
la coristaEn cierta ocasión, cuando era más joven y hermosa y tenía mejor voz, se encontraba en la planta baja de su casa de campo con Nikolai Petróvich Kolpakov, su amante. Hacía un calor insufrible, no se
la cronología vivienteEl salón del consejero áulico Charamúkin se halla envuelto en discreta penumbra. El gran quinqué de bronce con su pantalla verde imprime un tono simpático al mobiliario, a las paredes; y en la chi
la dama del perritoCorrió la voz de que por el malecón se había visto pasear a un nuevo personaje: La dama del perrito. Dmitrii Dmitrich Gurov, residente en Yalta hacía dos semanas y habituado ya a aquella vida, emp
la heladaEl día de Reyes se había organizado en N, capital de provincia, una fiesta «popular» con fines benéficos. Se había elegido la parte ancha del río, entre el mercado y la sede episcopal, se había ce
la hija de albiónUna magnífica calesa con llantas de caucho, asiento de terciopelo y un grueso cochero en el pescante se detuvo ante la casa del hacendado Griabov. Fiódor Otsov, mariscal de la nobleza del distrito
la máscaraEn el club social de la ciudad de X se celebraba, con fines benéficos, un baile de máscaras o, como le llamaban las señoritas de la localidad, “un baile de parejas”. Era ya medianoche. Unos cuanto
la muerte de un funcionario públicoEl gallardo alguacil Iván Dmitrievitch Tcherviakof se hallaba en la segunda fila de butacas y veía a través de los gemelos Las Campanas de Corneville. Miraba y se sentía del todo feliz…, cuando, d
la mujer del boticarioLa pequeña ciudad de B***, compuesta de dos o tres calles torcidas, duerme con sueño profundo. El aire, quieto, está lleno de silencio. Solo a lo lejos, en algún lugar seguramente fuera de la ciud
la noche de pascuaMe encontraba en la ribera del Goltva y esperaba la llegada del transbordador. Por lo común el Goltva es un rió sin pretensiones, silencioso y soñador, que brilla timorato entre espesos juncos, pe
la obra de arteSacha Smirnov, hijo único, entró con mustio semblante en la consulta del doctor Kochelkov. Debajo del brazo llevaba un paquete envuelto en el número 223 de Las noticias de la Bolsa. -¡Hola, jovenc
la penaEl tornero Gregorio Petrov, desde hace tiempo conocido como un excelente artesano y al mismo tiempo como el mujik más desordenado del distrito de Galchinsk, conduce a su vieja, enferma, al hospita
la princesaPor la gran puerta cochera llamada Portalón Rojo del monasterio de monjes de N entró un carruaje tirado por cuatro bonitos y bien cebados caballos. Monjes y novicios, agrupados en aquella parte de
la sala número seisI En el patio del hospital hay un pequeño pabellón circundado de un auténtico bosque de bardana, ortigas y cáñamo silvestre. Tiene el tejado herrumbroso, la chimenea semiderruida y los peldaños de
la señora del perritoUNO Un nuevo personaje había aparecido en la localidad: una señora con un perrito. Dmitri Dmitrich Gurov, que por entonces pasaba una temporada en Yalta, empezó a tomar algún interés en los aconte
la tristezaLa capital está envuelta en las penumbras vespertinas. La nieve cae lentamente en gruesos copos, gira alrededor de los faroles encendidos, extiende su capa fina y blanda sobre los tejados, sobre l
la víspera de la cuaresma-¡Pawel Vasilevitch! -grita Pelagia Ivanova, despertando a su marido-. Pawel Vasilevitch, ayuda un poco a Stiopa, que está preparando sus lecciones y llora. Pawel Vasilevitch, bostezando y haciend
la víspera del juicioMemorias de un reo -Disgusto tendremos, señorito -me dijo el cochero indicándome con su fusta una liebre que atravesaba la carretera delante de nosotros. Aun sin liebre, mi situación era desespera
las bellasI Recuerdo cómo, siendo colegial del quinto o sexto año, viajaba yo desde el pueblo de Bolshoi Krepkoi, de la región del Don, a Kostov, acompañando a mi abuelo. Era un día de agosto, caluroso y pe
las grosellasDesde la mañana temprano todo el cielo estaba cubierto de nubes de lluvia. No hacía viento ni calor, y se sentía el tedio, como sucede en los días grises, cuando sobre el campo se ciernen desde ha
las islas voladorasI La Conferencia —¡He terminado, caballeros! —dijo Mr. John Lund, joven miembro de la Real Sociedad Geográfica, mientras se desplomaba exhausto sobre un sillón. La sala de asambleas resonó con gra
las sensaciones fuertesLo que voy a relatar ocurrió hace poco en el Tribunal de Moscú. Los miembros del Jurado, obligados a pasar la noche en el Tribunal, entablaron, antes de acostarse, una conversación acerca de las s
lo timóEn tiempos de antaño, en Inglaterra, los delincuentes condenados a la pena de muerte gozaban del derecho a vender en vida sus cadáveres a los anatomistas y los fisiólogos. El dinero obtenido de es
los campesinos– I – El camarero del Hotel Eslavo Nicolás Chikildieyev había enfermado. Un día, perdido casi por completo el vigor de las piernas, se había caído de bruces en mitad del pasillo llevando en la man
los extraviadosEs un lugar de veraneo. La oscuridad, completa; el campanario de la iglesia marca la una de la noche. Cosiaokin y Lapkin, ambos algo titubeantes, pero de muy buen humor, salen del bosque y se diri
los hombres que están de másSon las siete de la noche. Un día caluroso del mes de junio. Del apeadero de Hilkobo, una multitud de personas que ha llegado en el tren se encamina a la estación veraniega. Casi todos los viajero
los mártiresLisa Kudrinsky, una señora joven y muy cortejada, se ha puesto de pronto tan enferma, que su marido se ha quedado en casa en vez de irse a la oficina, y le ha telegrafiado a su madre. He aquí cómo
los muchachos-¡Volodia ha llegado! -gritó alguien en el patio. -¡El niño Volodia ha llegado! -repitió la criada Natalia irrumpiendo ruidosamente en el comedor-. ¡Ya está ahí! Toda la familia de Korolev, que es
los nerviosEl arquitecto Dmitri Osipovich Vaksin volvía a su casa de campo bajo la impresión reciente de una sesión de espiritismo en la que acababa de participar en la ciudad. Mientras se desvestía y se tum
los niñosNi papá, ni mamá, ni tía Nadia están en casa. Se fueron al bautizo que se celebra en la del viejo militar que solía montar la jaca gris. Grisha, Апіа, Aliosha, Sonia y Andr
los simuladoresMarfa Petrovna, la viuda del general Pechonkin, ejerce, unos diez años ha, la medicina homeopática; recibe los martes por la mañana a los aldeanos enfermos que acuden a consultarla. Es una hermosa
los veraneantesEn el andén del apeadero de un lugar veraniego paséase una parejita de recién casados. Él la estrecha amoroso el talle y ella se inclina ligeramente hacia él; los dos se sienten felices. La Luna l
lucesFuera se oyó el inquieto ladrido de un perro. El ingeniero Anániev, su ayudante, el estudiante Von Stenberg, y yo salimos del barracón para ver a quién le ladraba. Dada mi condición de invitado, p
mala suerteIlia Sergeich Peplov y su mujer, Cleopatra Petrovna, escuchaban junto a la puerta con gran ansiedad. Al otro lado, en la pequeña sala, se desarrollaba, al parecer, una escena de declaración amoros
medidas preventivasTrátase de una pequeña capital de distrito, que, según la expresión del celador de la cárcel, no se encuentra ni con telescopio en los mapas. Todo está silencioso y tranquilo bajo el sol ardiente
memorias de un hombre coléricoSoy un hombre serio, cuyo cerebro tiene marcada inclinación por la filosofía. Financiero de profesión, estudio derecho fiscal, y en la actualidad estoy escribiendo una monografía, que titularé: Pa
mercancía vivaI Grojolski abrazó a Liza, le besuqueó todos los dedos, que tenían las uñas rosadas y mordisqueadas, y la sentó en un sofá tapizado con terciopelo barato. Liza cruzó las piernas, se colocó las man
olenkaOlenka, la hija del asesor de colegio retirado Plemiánnikov, estaba sentada, pensativa, en un peldaño del pórtico, en el patio de su casa. Hacía calor, las moscas insistían en molestar y resultaba
ostrasNo necesito forzar demasiado mi memoria para recordar con todo detalle aquella noche lluviosa de otoño en la que me encontré en compañía de mi padre en una de las calles más concurridas de Moscú,
pesadillaAl regresar de San Petersburgo a su hacienda de Borísovo, Kunin, joven de unos treinta años, miembro permanente de la comisión de asuntos rurales, tomó como primera providencia enviar un jinete pa
polinkaLas dos de la tarde. Por la gran mercería «Novedades de París», situada en una de las galerías, bulle una muchedumbre de compradores y se escucha el runruneo de las voces de los dependientes, seme
poquita cosaHace unos días invité a Yulia Vasilievna, la institutriz de mis hijos, a que pasara a mi despacho. Teníamos que ajustar cuentas. -Siéntese, Yulia Vasilievna -le dije-. Arreglemos nuestras cuentas.
por casualidadUna soleada jornada de agosto, al mediodía, llegué en compañía de un príncipe ruso arruinado al inmenso bosque llamado de Shabelski, donde nos proponíamos cazar ortegas. En virtud del papel que de
relato de la señorita n. n.Hace ya unos nueve años, poco antes del atardecer, en la época de la siega, me dirigía a caballo a la estación para recoger el correo; me acompañaba Piotr Sergueich, que ejercía las funciones de j
relato de un desconocidoI Por motivos cuyos pormenores no hacen al caso, tuve que entrar de criado en casa de un funcionario de San Petersburgo apellidado Orlov. Frisaba en los treinta y cinco años, y su nombre y patroní
réquiemEn la iglesia de la Virgen de Odigitrievskaia, situada en el pueblo de Verknie-Saprudi, acaba de terminar la misa. La gente se pone en movimiento y sale de la iglesia. El único que no se mueve es
se fueComieron. El estómago sentía un pequeño bienestar, las bocas bostezaban, los ojos se cerraban por una dulce somnolencia. El marido se puso a fumar un puro, se desperezó y se tumbó en el sofá. La e
terror – relato de un amigoDmitri Petróvich Silin había terminado los estudios universitarios y había ingresado en la administración de San Petersburgo, pero a los treinta años renunció a su puesto y se dedicó a la agricult
tifusEl joven teniente Klimov viajaba en el compartimento de fumadores del expreso que cubría la ruta San Petersburgo-Moscú. Frente a él estaba sentado un hombre maduro, con rostro afeitado de capitán
tristezaCrepúsculo vespertino. Gruesos y húmedos copos giran perezosos alrededor de los faroles recién encendidos, cubriendo de una delgada y blanda capa los tejados, los lomos de los caballos, los hombro
un ángelOlenka, la hija del asesor de colegio retirado Plemiánnikov, estaba sentada, pensativa, en un peldaño del pórtico, en el patio de su casa. Hacía calor, las moscas insistían en molestar y resultaba
un asesinatoEs de noche. La criadita Varka, una muchacha de trece años, mece en la cuna al nene y le canturrea: -Duerme, niño bonito, que viene el coco… Una lamparilla verde encendida ante el icono alumbra co
un drama-Una señora pregunta por usted, Pavel Vasilich! -dijo el criado-. Hace una hora que espera. Pavel Vasilich acababa de almorzar. Hizo una mueca de desagrado, y contestó: -¡Al diablo! ¡Dile a esa se
un enigmaEn la tarde del primer día de Pascua, el consejero civil Navagin, de regreso de las tradicionales visitas, cogió la lista depositada en la antesala, en que los visitantes estampaban su firma, y co
un escándaloMacha Pavletskaya, una muchachita que acababa de terminar sus estudios en el Instituto y ejercía el cargo de institutriz en casa del señor Kuchkin, se dijo, al volver del paseo con los niños: «¿Qu
un hombre conocidoLa encantadora Vanda (o según según su pasaporte, la honorable ciudadana Nastasia Kanavkina) al salir del hospital se encontró en una situación como jamás se había encontrado antes. Sin casa y sin
un hombre en un estucheA las afueras del poblado de Mironósitski, en el granero del alcalde pedáneo Prokofi, se disponían a pasar la noche unos cazadores que se habían retrasado. Sólo eran dos: el veterinario Iván Iváni
un hombre enfundado– I – En un extremo de la aldea Mironositsky, en la porchada del alcalde Prokofy, se habían instalado para pasar la noche dos cazadores llegados al pueblo mucho después de anochecer: el veterinari
un hombre irascibleYo soy un hombre formal y mi cerebro tiene inclinación a la filosofía. Mi profesión es la de financiero. Estoy estudiando la ciencia económica, y escribo una disertación bajo el título de El pasad
un huésped inquietanteEn la isba, pequeña y baja de techo, del guardabosque Artiom, y bajo una imagen grande y oscura, estaban sentados dos hombres, uno de ellos el propio Artiom, escuálido muzhik de corta estatura y r
un niño malignoIván Ivanich Liapkin, joven de exterior agradable, y Anna Semionovna Samblitzkaia, muchacha de nariz respingada, bajaron por la pendiente orilla y se sentaron en un banquito. El banquito se encont
un padre de familiaLo que voy a referir sucede generalmente después de una pérdida al juego o una borrachera o un ataque de catarro estomacal. Stefan Stefanovitch Gilin se despierta de muy mal humor. Refunfuña, frun
un pechenegoZhmujin, Iván Abrámich, oficial de cosacos retirado, que en tiempos sirvió en el Cáucaso y ahora arrastraba sus días en una finca de su propiedad, y que había sido joven, lozano y fuerte, pero se
un portero inteligenteDe pie, en el centro de la cocina, el portero moralizaba. Sus oyentes eran los lacayos, el cochero, dos doncellas, el cocinero, la cocinera y dos pinches, sus hijos. Todas las mañanas moralizaba s
un trotamundosVolvía del servicio de vísperas. En el reloj del campanario de Sviatogorsk sonó, a modo de preludio, un tintineo suave y melodioso, y a continuación dieron las doce. El gran patio del monasterio,
un viaje de noviosSale el tren de la estación de Balagore, del ferrocarril Nicolás. En un vagón de segunda clase, de los destinados a fumadores, dormitan cinco pasajeros. Habían comido en la fonda de la estación, y
una apuestaI Era una oscura noche de otoño. El viejo banquero caminaba en su despacho, de un rincón a otro, recordando una recepción que había dado quince años antes, en otoño. Asistieron a esta velada mucha
una bromitaUn claro mediodía de invierno… El frío es intenso, el hielo cruje, y a Nádeñka, que me tiene agarrado del brazo, la plateada escarcha le cubre los bucles en las sienes y el vello encima del labio
una condecoraciónLeo Pustiakov, profesor en el Colegio Militar, cuyo domicilio estaba próximo al de su amigo el teniente Ledentzov, dirigiose a casa de este una mañana de Año Nuevo. —Verás de lo que se trata, Gris
una desgraciaSofia Petrovna, esposa del notario Lubiántsev, una mujer joven y hermosa, de unos veinticinco años, paseaba lentamente por el cortafuego del bosque con el abogado Ilín, vecino suyo de veraneo. Era
una mujer sin prejuiciosMaxim Kuzmich Salutov es alto, fornido, corpulento. Sin temor a exagerar, puede decirse que es de complexión atlética. Posee una fuerza descomunal: dobla con los dedos una moneda de veinte kopecs,
una noche de espantoPalideciendo, Iván Ivanovitch Panihidin empezó la historia con emoción: -Densa niebla cubría el pueblo, cuando, en la Noche Vieja de 1883, regresaba a casa. Pasando la velada con un amigo, nos ent
una noche terriblePalideciendo, Iván Ivanovitch Panihidin empezó la historia con emoción: -Densa niebla cubría el pueblo, cuando, en la Noche Vieja de 1883 regresaba a casa. Pasando la velada con un amigo, nos entr
una pequeñezNicolás Ilich Beliayev, rico propietario de Petersburgo, aficionado a las carreras de caballos, joven aún -treinta y dos años-, grueso, de mejillas sonrosadas, contento de sí mismo, se encaminó, y
una perra caraEl maduro oficial de infantería Dubov y el voluntario Knaps, sentados uno junto a otro, bebían unas copas. -¡Magnífico perro!… -decía Dubov mostrando a Knaps a su perro Milka-. ¡Un perro extraordi
una sesión de hipnotismoLa enorme sala rutilaba con sus luces y hormigueaba de gente. Era el reino del hipnotizador. A pesar de su aspecto endeble y poco atractivo, el hipnotizador brillaba, lucía, deslumbraba. Le sonreí
una visita médicaEl profesor recibió un telegrama de la fábrica de los Lialikov en el que le rogaban que acudiera cuanto antes. La hija de una tal señora Lialikova, al parecer la dueña de la fábrica, estaba enferm
vankaVanka Chukov, un muchacho de nueve años, a quien habían colocado hacía tres meses en casa del zapatero Alojin para que aprendiese el oficio, no se acostó la noche de Navidad. Cuando los amos y los
vecinosPiotr Mijáilich Ivashin estaba de muy mal humor: su hermana, una muchacha soltera, se había fugado con Vlásich, que era un hombre casado. Tratando de ahuyentar la profunda depresión que se había a
vérochkaIván Alekséich Ognev recuerda cómo en aquella noche de agosto abrió, haciéndola sonar, la puerta de vidrio y salió a la terraza. Llevaba puestos entonces una liviana capa con esclavina y un sombre
volodiaUn domingo de verano, a eso de las cinco de la tarde, Volodia, un joven de diecisiete años, poco agraciado, enfermizo y tímido, estaba sentado en un cenador de la dacha de los Shumijin, atenazado
zínochkaEl grupo de cazadores pasaba la noche sobre unas brazadas de fresco heno en la isla de un simple mujik. La luna se asomaba por la ventana, en la calle se oían los tristes acordes de un acordeón, e
¡chist!Iván Krasnukin, periodista de no mucha importancia, vuelve muy tarde a su hogar, con talante desapacible, desaliñado y totalmente absorto. Tiene el aspecto de alguien a quien se espera para hacer
¡qué público!-¡Basta! ¡Ya no vuelvo a beber!… Por nada del mundo. Tiempo es de ponerme al trabajo… ¿Te gusta recibir tu sueldo? Pues trabaja honradamente, con celo, sin tregua ni reposo. Acaba de una vez con l