andrés rivera
bailéSalí de Bialé después que paró de llover. Tomé la ruta sin mayor apuro: soplaba el pampero y el cielo iba limpiándose de nubes. Era una de esas tardes frías de fines de diciembre; sobre los picos
el correctorElla y yo trabajábamos en una editorial de capitales europeos, y que se preciaba de haber publicado la primera Biblia que usaron los jesuitas en tierras de México. A la hora del almuerzo, ella y y
en la mecedoraEl neurólogo dice esto: dos años atrás, me leyó las conclusiones del informe añadido a una polisomnografía nocturna a la que, le consta, me sometí desdeñoso y resignado. El neurólogo que se parece
lentoEsperó ese nombramiento, meses y años. Movió recomendaciones, memorizó las palabras necesarias, vadeó puertas con paciencia y discreción. Por meses y años. También tuvo náuseas. Dio clases particu
tres tazas de téMi abuelo alquilaba un pequeño departamento de dos piezas en la calle Parral, cuando Parral era ancha y de tierra. En una de las piezas dormían mis tíos Físhale y Meier; en la otra, el abuelo. Yo,
un asesino de cristoCrecí entre rápidas mudanzas de un inquilinato a otro, y repentinas apariciones de un médico alto, probablemente encorvado, y de anteojos, que me palpaba el pecho con unos dedos largos y fríos, y