anaïs nin
el aventurero húngaroHubo una vez un aventurero húngaro de sorprendente apostura, infalible encanto y gracia, dotes de consumado actor, culto, conocedor de muchos idiomas y aristocrático de aspecto. En
la majaEl pintor Novalis acababa de casarse con María, una española de la que se enamoró porque le recordaba su cuadro favorito, la Maja desnuda de Goya. Fueron a vivir a Roma. María hizo palmas con infa
la mujer de las dunasLouis no podía dormir. Se revolvió en la cama, se puso bocabajo, y, escondiendo la cara en la almohada, se restregó contra las sábanas calientes como si estuviera sobre una mujer. Pero cuando la f
la mujer del veloCierta vez, George fue a un bar sueco que le agradaba, y se sentó en una mesa, dispuesto a pasar una velada de ocio. En la mesa inmediata descubrió una pareja muy elegante y distinguida, el hombre
linaLina es una mentirosa incapaz de soportar su verdadera cara en el espejo. Tiene una cara que pregona su sensualidad: los ojos brillantes, la boca ávida, la mirada provocativa. Pero en lugar de ren
mallorcaVeraneaba yo en Mallorca, en Deyá, cerca de la cartuja donde se hospedaron George Sand y Chopin. A primera hora de la mañana, a lomo de asno, recorríamos el duro y difícil camino hasta el mar, mon
mathildeMathilde era sombrerera en París, y contaba apenas veinte años cuando la sedujo el Barón. Aunque la aventura no había durado más que dos semanas, en ese breve espacio de tiempo quedó imb
pájarosManuel y su esposa eran pobres, y la primera vez que buscaron piso en París solo encontraron dos habitaciones oscuras, por debajo del nivel de la calzada, que daban a un patiecillo sofocante. Manu