País Relato - Autores

alphonse daudet

acta notarial: prólogo a “cartas de mi molino”
«Compareció ante mí, Honorato Grapazi, notario residente en Pamperigouste: »El señor Gaspar Mitifio, esposo de Vivette Cornille, avecindado y residente en e
arthur
Hace unos años, viví en un pequeño edificio en los Campos Elíseos, en el pasaje de las Doce Casas. Imagínense un rincón de arrabal perdido, escondido en med
el abanderado
I El regimiento estaba en batalla sobre un repecho de la vía férrea, sirviendo de blanco a todo el ejército prusiano amontonado en frente, bajo el bosque. S
el buen dios de chemillé, que no está a favor ni en contra
El párroco de Chemillé iba a llevar al Buen Dios a un enfermo. Realmente, daba pena pensar que alguien pudiera morirse en un día tan hermoso de verano, en p
el concierto de la octava
Todos los batallones del barrio del Marais y del arrabal Saint-Antoine acampaban aquella noche en el campamento de barracones de la avenida Daumesnil. Desde
el elixir del padre gaucher
Beba usted esto, beba usted ésto, mi querido vecino; verá usted lo que es bueno. Y, gota a gota, con la minuciosidad de un lapidario que contase perlas, el
el espejo
Al Norte, a orillas del Nieman, ha llegado una pequeña criolla de quince años, blanca y rosa como una flor de almendro. Viene del país de los colibríes, la
el faro de las sanguinarias
Aquella noche no pude dormir. El mistral estaba iracundo, y el estrépito de sus grandes silbidos me tuvieron despierto hasta el amanecer. El molino entero c
el higo y el perezoso
En la indolente y voluptuosa ciudad de Blidah, unos años antes de la invasión de los franceses, vivía un buen moro llamado Sidi Lakdar al que las gentes de
el hombre de la sesera de oro
Al leer su carta, señora, me ha asaltado algo así como un remordimiento. Me he recriminado el color pesimista de mis cuentos y me he comprometido a enviarle
el hombre del cerebro de oro
Había un hombre que tenia el cerebro de oro. Al nacer, los médicos creyeron que moriría, pues su cabeza pesaba demasiado y su cráneo era desmesurado. Vivió,
el mal zuavo
El viejo herrero de Sainte-Marie-des-Mines no se encontraba aquella tarde de buen humor. Normalmente, cuando apagaba su fragua y el sol se ponía, él se sent
el niño espía
Se llamaba Stenne, el pequeño Stenne. Era un niño de París, débil, paliducho, que lo mismo podía tener diez años como quince. Con estos chiquillos, no se pu
el nuevo maestro
Nuestra pequeña escuela ha cambiado mucho desde la marcha del señor Hamel. Cuando él estaba aquí teníamos unos minutos de margen por la mañana, cuando llegá
el poeta mistral
Cuando el domingo último me levanté, de la cama, creí despertarme en la calle, del Faubourg-Montinartre. Llovía, el cielo estaba gris, el molino triste. Me
el prusiano de belisario
Voy a contarles una historia que oí narrar hace unos días en un cabaret de Montmartre. Para que el relato conservara todo su valor necesitaría poseer el voc
el secreto de maese cornille
Francet Mamau, viejo tocador de pífano, que viene de cuando en cuando a pasar la velada conmigo bebiendo vino cocido, me contó la otra tarde un pequeño dram
el señor achille
Las campanas de las fábricas dan las doce; los grandes patios silenciosos se inundan de ruido y movimiento. La señora Achille deja su labor, se separa de la
el sitio de berlín
Recorríamos la avenida de los Campos Elíseos con el doctor V…, preguntando a los muros acribillados por los obuses y a las aceras destruidas por la metralla
el subprefecto en el campo
El señor subprefecto ha salido de expedición. Con el cochero delante y el lacayo detrás, el coche de la subprefectura le conduce majestuosamente a la Exposi
el último libro
«¡Ha muerto!» me dijo alguien en la escalera. Desde hacía ya unos días esperaba la lúgubre noticia. Sabía que, de un momento a otro, me la iba a encontrar e
instalación
¡Valiente susto les he dado a los conejos! Acostumbrados a ver durante tanto tiempo cerrada la puerta del molino, las paredes y la plataforma invadidas por
la agonía del «semillante»
Puesto que el mistral de la otra noche nos lanzó contra la costa corsa, dejad que os cuente una terrible historia de mar de la cual los pescadores de allá a
la arlesiana
Para ir al pueblo, bajando desde mi molino, se pasa por delante de una hacienda construida cerca de la carretera, al fondo de un gran patio plantado de alme
la cabra del señor seguin
—¡Siempre serás el mismo, mi pobre Gringoire! ¡Cómo! Te ofrecen un puesto de cronista en un buen diario de París y tienes el aplomo de rehusar… Pero mírate,
la diligencia de beaucaire
En el mismo día de mi llegada aquí, había tomado la diligencia de Beaucaire, una gran carraca vieja y destartalada que no necesita recorrer mucho camino par
la langosta
Consignaré otro recuerdo de Argelia, y regresaré en seguida al molino… La noche de mi llegada a aquella granja del Sahel, me era imposible dormir. La noveda
la muerte del delfín
El pequeño Delfín está enfermo, el pequeño Delfín se muere… En todas las iglesias del reino, el Santísimo Sacramento permanece expuesto día y noche y grande
la mula del papa
Entre los innumerables dichos graciosos, proverbios o adagios con que adornan sus discursos nuestros campesinos de Provenza, no conozco ninguno más pintores
la partida de billar
Como combaten desde hace dos días y han pasado la noche con el petate al hombro bajo una lluvia torrencial, los soldados están extenuados. Sin embargo, hace
la sopa de queso
Es una pequeña habitación en la quinta planta, una de esas buhardillas en las que la lluvia cae directa sobre los cristales de la ventana y que, cuando lleg
la última clase
Aquella mañana me había retrasado más de la cuenta en ir a la escuela, y me temía una buena reprimenda, porque, además, el señor Hamel nos había anunciado q
las hadas de francia
-¡Levántese la acusada! -dijo el presidente. Algo se movió en el horrible banquillo de las petroleras, y una cosa informe, titubeante, se acercó y se apoyó
las naranjas
Las naranjas tienen en París el triste aspecto de frutas caídas, que se toman junto a los árboles. Cuando llegan, en pleno invierno lluvioso y frío, su bril
las tres misas
I -¿Dos pavos trufados, Garrigú? -Sí, mi reverendo, dos magníficos pavos rellenos de trufas, y puedo decirlo porque yo mismo ayudé a rellenarlos. Parecía qu
los aduaneros
Una vieja embarcación de la Aduana, semicubierta, era la Emilia, de Porto-Vecchio, a bordo de la cual hice aquel viaje lúgubre a las islas Lavezzi. Para res
los viejos
—¿Una carta, tío Azam? —Sí, señor… ésta viene de París. ¡Y poco orgulloso estaba el buen tío Azam de que ésta viniese de París! Yo no. Algo me decía que aqu
mi quepis
Lo he encontrado esta mañana, olvidado en el fondo de un armario, deteriorado por el polvo, desflecado en los bordes, oxidado en las cifras, descolorido y c
nostalgia del cuartel
Esta madrugada, cuando empezaba a alborear, me despierta con sobresalto un tremendo redoble de tambor… ¡Rataplán, rataplán!… ¿Qué es esto? ¡Un tambor en mis
salvette y bernadou
I Es víspera de Navidad en una gran ciudad de Baviera. Por las calles blanqueadas por la nieve, en la confusión de la niebla, el ruido de los coches y de la
un tenedor de libros
—¡Brr… qué niebla!… —dice el buen hombre al poner el pie en la calle. Rápidamente, se levanta el cuello, ciñe la bufanda sobre la boca, y con la cabeza baja
una viudez de tórtola
Todo París recuerda aún el dolor que experimentó Mme de Sora cuando perdió a su marido. Detrás de aquella puerta tapizada de negro, de aquel luto parisino m
wood'stown
El emplazamiento era soberbio para construir una ciudad. Bastaba nivelar la ribera del río, cortando una parte del bosque, del inmenso bosque virgen enraiza