alice munro
amistad de juventudSoñaba a menudo con mi madre y, aunque los detalles del sueño variaban, la sorpresa era siempre la misma. El sueño se detenía, supongo que porque era demasiado transparente en su esperanza, demasi
ataquesLas dos personas que murieron tenían poco más de sesenta años. Los dos eran altos y robustos, con unos cuantos kilos de más. Él tenía el pelo gris y la cara cuadrada. La nariz ancha le restaba dig
cena del día del trabajoJusto antes de las seis de la tarde, George y Roberta, Angela y Eva salían de la camioneta de George (cambió su coche por una camioneta cuando se trasladó al campo) y cruzaron el patio delantero d
cisnes silvestresFlo le advirtió que tuviera cuidado con la “trata de blancas”. Así era como operaban esos rufianes, dijo: una mujer mayor, la típica madre o abuela, se sentaba a tu lado en el autobús o en el tren
dimensionesDoree tenía que coger tres autobuses, uno hasta Kincardine, donde esperaba el de London, donde volvía a esperar el autobús urbano que la llevaba a las instalaciones. Empezaba la excursión el domin
escapadaCarla oyó el coche antes de que coronara la ligera pendiente que en estos alrededores llaman colina. Es ella, pensó. Mrs. Jamieson —Sylvia— volvía de sus vacaciones en Grecia. Desde la puerta del
la isla de cortésLa pequeña novia. Yo tenía veinte años, media metro setenta y pesaba algo más de sesenta kilos, pero algunas personas —la esposa del jefe de Chess, la secretaria de mayor edad de su oficina y la s
la mendigaPatrick Blatchford estaba enamorado de Rose. Esa se había convertido para él en una idea fija, incluso febril. Para ella era una sorpresa continua. Patrick quería que se casaran. La esperaba despu
la suerte de simonRose se siente sola cuando llega a un sitio nuevo; echa de menos las invitaciones. Sale y recorre las calles mirando por las ventanas iluminadas las fiestas que hay en todas partes el sábado por l
la temporada del pavoCuando tenía catorce años conseguí un trabajo en el Corral del Pavo durante la temporada de Navidad. Era demasiado joven para conseguir trabajo en una tienda, o como camarera a tiempo parcial; tam
los muebles de la familiaAlfrida. Mi padre la llamaba Freddie. Eran primos hermanos y habían vivido en granjas vecinas y luego vivieron un tiempo en la misma casa. Un día estaban en un campo de rastrojo jugando con Mack,
meneseteungI Vamos atolondradamente recogiendo aguileña, sanguinaria y hierbabuena silvestre a manos llenas. Ofrendas se llama el libro. Letras de oro sobre una cubierta de un azul deslustrado. El nombre com
miles city, montanaMi padre cruzó el prado con el cuerpo del chico que se había ahogado. Volvían varios hombres juntos, que habían participado en la búsqueda, pero era él quien llevaba el cuerpo. Los hombres estaban
odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonioHace años, antes de que dejaran de pasar trenes por tantos ramales, una mujer de alta frente pecosa y flequillo rubicundo entró en la estación de ferrocarril a averiguar qué había que hacer para d
palizas soberanasUna soberana paliza. Esa era la promesa de Flo. “Vas a llevarte una soberana paliza.” La palabra “soberana” se arrellanaba en su lengua, revestida de boato. Rose tenía la necesidad de hacerse una
radicales libresAl principio la gente llamaba por teléfono para cerciorarse de que Nita no estaba demasiado deprimida, ni demasiado sola, ni comía demasiado poco ni bebía demasiado. (Había sido una bebedora de vi
salvo el segadorEl juego era prácticamente el mismo al que había jugado Eve con Sophie en largos y aburridos viajes en coche cuando Sophie era una niña pequeña. Entonces se trataba de espías; ahora eran alienígen
ver las orejas al loboFiona vivía con sus padres en la ciudad en donde ella y Grant iban a la universidad. A Grant la enorme casa con miradores, con sus alfombras llenas de arrugas y sus marcas de taza en el barniz de
¿quién te crees que eres?Había algunas cosas de las que Rose y su hermano Brian podían hablar con tranquilidad, sin encallarse en cuestiones de principios o defender posturas, y una de ellas era Milton Homer. Ambos se aco