algernon blackwood
antiguas brujeríasAl parecer, hay ciertas personas totalmente vulgares, sin ninguna característica que los induzca a la aventura, quienes, sin embargo, sufren una o dos veces en sus vidas apacibles una experiencia
complicidad previa al hechoAl llegar a aquella encrucijada del páramo Martin se detuvo, y permaneció un rato observando perplejo los cuatro letreros del poste indicador. Aquellos no eran los nombres que esperaba encontrar y
culto secretoHarris, un comerciante en sedas cruzaba el sur de Alemania de regreso a su país tras un viaje de negocios, cuando, de repente, se le ocurrió la idea de tomar en Estrasburgo el tren de las montañas
el bosque de los muertosUn verano, en mis andanzas como mochilero, estaba almorzando en la habitación de una posada en el país occidental, cuando se abrió la puerta y entró un viejo rústico, que cruzó cerca de mi mesa y
el hombre que se enteró1 El profesor Mark Ebor, el científico, llevaba una doble vida, y las únicas personas que lo sabían eran su asistente, el doctor Laidlaw, y sus editores. Pero una doble vida no siempre tiene que s
el ocupante de la habitaciónLlegó en la diligence amarilla bien entrada la noche, entumecido y lleno de calambres tras tres horas de fatigoso e interminable ascenso. El pueblo, una masa compacta de sombras, dormía ya. Tan só
el oyente4 de septiembre. He rastreado por todo Londres un alojamiento acorde a mis ingresos (120 libras al año) y, por fin, lo he encontrado. Dos habitaciones, sin comodidades modernas, es cierto, y en un
el sacrificioLimasson era hombre religioso, aunque no se sabía cuán, ya que ningún trance de rigor le había puesto a prueba. No era seguidor de ningún credo, sin embargo, tenía sus dioses; y su autodisciplina
el wendigoI Aquel año se organizaron numerosas partidas de caza, pero apenas si se llegó a descubrir rastro alguno; los alces parecían excepcionalmente tímidos aquella temporada y los chasqueados Nemrods re
la bolsa de viajeCuando las palabras «no culpable» resonaron en la abarrotada sala del tribunal aquella oscura tarde de diciembre, Arthur Wilbraham, el gran penalista y Consejero del Rey al frente de la defensa tr
la bolsa maletínCuando la palabra “inocente” resonó a lo largo de la concurrida sala de justicia aquella oscura tarde decembrina, Arthur Wilbraham, el notable abogado criminalista y líder de los defensores jurídi
la casa del pasadoUna noche una Visión vino a mí, trayendo con ella una antigua y herrumbrosa llave. Me llevó a través de campos y senderos de dulce aroma, donde los setos ya susurraban en la oscuridad primaveral,
la casa vacíaCIERTAS casas, al igual que ciertas personas, se las arreglan para revelar en seguida su carácter maligno. En el caso de las segundas, no hace falta que las delate ningún rasgo especial: pueden mo
la llamadaEl incidente —quizás nunca fue una historia— comenzó dócilmente, casi modestamente; terminó con una nota de asombro extraño, sobrenatural, que lo ha perseguido desde entonces. En la memoria de Hea
la muñecaAlgunas noches son simplemente oscuras, otras son oscuras de una manera sugerente, como si algo siniestro, misterioso, fuera a suceder. En ciertos suburbios remotos esto parece cierto, donde grand
la regeneración de lord ernieI John Hendricks era tutor por aquel entonces. Él había estudiado originalmente para el sacerdocio, pero había abandonado la Iglesia más adelante por razones privadas conectadas con su fe, y había
la sendaEl joven Norman viajaba a gran velocidad en uno de los más modernos y aerodinámicos expresos, en dirección norte. Se recostó en su asiento de primera clase, en el vagón de fumadores, y encendió un
la transferenciaEl niño empezó a llorar a primera hora de la tarde, a eso de las tres, para ser exacto. Recuerdo la hora porque había estado escuchando con secreto alivio el ruido de la partida del carruaje. Aque
los viajerosPerdí el tren en Évian y, luego de infinitas molestias, encontré un coche que me llevaría, con piqueta y todo, a Ginebra. Si me apuraba, la conexión sería justo posible. Telegrafié a Haddon para e
luces antiguasDesde Southwater, donde se apeó del tren, el camino iba derecho hacia poniente. Eso lo sabía; por lo demás, confiaba en la suerte, ya que era uno de esos andariegos impenitentes a los que no les g
manteniendo una promesaEran las once en punto de la noche y el joven Marriot estaba encerrado en su cuarto, estudiando tan duramente como podía. Era un hombre de cuarto año en la Universidad de Edimburgo y se había prep
puedes telefonear desde aquíA las diez y media mandó a la criada a la cama, y permaneció levantada ella sola en el piso. «Abriré yo a mi prima —se dijo—; puede que venga tarde.» Leyó, hizo punto, empezó una carta, atizó el f
transiciónJohn Mudbury regresaba de sus compras con los brazos llenos de regalos navideños. Eran las siete pasadas y las calles estaban atestadas de gente. Era un hombre corriente, vivía en un piso corrient
un caso de oídasJim Shorthouse era el tipo de persona que siempre complicaba las cosas. Todo con lo que sus manos o su mente entraban en contacto salía de tal contacto en un estado de desorden absoluto e irremedi