abelardo castillo
carpe diem—A ella le gustaba el mar, andar descalza por la calle, tener hijos, hablaba con los gatos atorrantes, quería conocer el nombre de las constelaciones; pero
conejoNo va a venir. Son mentiras lo de la enfermedad y que va a tardar unos meses; eso me lo dijo tía, pero yo sé que no va a venir. A vos te lo puedo decir porq
corazónVino del campo. Caminaba con las piernas abiertas, pisando con todo el pie a la vez, como si todavía sintiera bajo el zapato la tierra removida de los surco
el decuriónLa vida es doble. O por lo menos doble. Mi amigo Moraes lo descubrió alrededor de los cuarenta años, en una exposición de acuarelas naïve, aunque, según me
el hacha pequeña de los indiosDespués, ella hizo un alocado paso de baile y una reverencia y agregó que por eso ésta era una noche especial, mientras él, incrédulo, la miraba con los ojo
el hermano mayor—Lo malo es que a la larga ya no se siente nada —dijo el más corpulento, el de más edad—. Peor que eso. Estás esperando que termine de una vez. —Suspiró ent
el maricaEscúchame, César, yo no sé por dónde andarás ahora, pero cómo me gustaría que leyeras esto, porque hay cosas, palabras, que uno lleva mordidas adentro y las
el tiempo y el ríoEstas cosas ya no pasan, señor, ni acá abajo en Las Canaletas ni en ninguna otra parte. Yo le juro que hasta el río cambió de color, como si lo hubiera ido
fermínFermín no era mejor que nadie, al contrario, tal vez fuera peor que muchos. No necesitaba estar muy borracho para romperle las costillas a su mujer, y prefe
hernánMe atrevo a contarlo ahora porque ha pasado el tiempo y porque Hernán, lo sé, aunque haya hecho muchas cosas repulsivas en su vida, nunca podrá olvidarse de
la casa del largo pasilloQuién sabe, acaso fue porque hacía tantos años que Timoteo era ascensorista de la Torre y a fuerza de vivir subiendo y bajando acabó por no concebir más que
la cuestión de la dama en el max langeEl hombre que está subiendo por la escalera en la oscuridad no es corpulento, no tiene ojos fríos ni grises, no lleva ningún arma en el bolsillo del piloto,
la fornicación es un pájaro lúgubre—Cómo que no importa —se encontró diciéndole Bender a la chica, mientras, con gesto ausente, metía en el bolsillo del piloto el diario que acababa de compra
la madre de ernestoSi Ernesto se enteró de que ella había vuelto (cómo había vuelto), nunca lo supe, pero el caso es que poco después se fue a vivir a El Tala, y, en todo aque
la mujer de otroSupongo que siempre lo supe; un día yo iba a terminar llamando a esa puerta. Ese día fue esta noche. La casa es más o menos como la imaginaba, una casa de b
las panteras y el temploY sin embargo sé que algún día tendré un descuido, tropezaré con un mueble o simplemente me temblará la mano y ella abrirá los ojos mirándome aterrada (crey
muchacha de otra parteCuando me contestó que no era de acá, yo pensé, sin demasiada imaginación, que estaba hablando de Buenos Aires. Es el destino, le dije, yo tampoco soy de ac
patrónI La vieja Tomasina, la partera se lo dijo, tas preñada, le dijo, y ella sintió un miedo oscuro y pegajoso: llevar una criatura adentro como un bicho enroll
por los servicios prestadosEl apodo se lo debía a su incapacidad para distinguir el pie derecho del pie izquierdo y al incierto humor del capitán Losa, jefe del segundo escuadrón, con
tharThar significa venganza. La literatura, hace unos años, quiso que yo recordara haber leído esa palabra en un libro de Washington Irving; la vida, hace menos